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Relatos

Joy Williams: la vida en píldoras

La novela apareció publicada el 11 de julio de 1960, desde entonces su historia se convirtió en un mito, traducida prácticamente a todos los idiomas, ha vendido más de 40 millones de ejemplares en el mundo

Joy Williams

Joy Williams / L. O.

Es cierto que Joy Williams no goza en España del reconocimiento y la popularidad de una escritora de su valía. Resulta difícil de entender y de explicar. Ella es una de las voces literarias mas veteranas de las letras de EEUU, sin duda una de las mas brillantes y excitantes, con mas de cincuenta años de ejercicio narrativo desde que en 1973 se diera a conocer con ‘Estado de gracia’. Hay un misterio en esa brutal sencillez con la que ella escribe sobre los asuntos mas mundanos, pero dejando siempre al lector la necesidad de un segundo de reflexión para descubrir que se esconde tras esos pliegues de su mente.

Su estilo, a caballo entre lo surrealista, lo irónico y lo divino, se aviene con singular destreza al relato corto, minúsculo, casi fugaz, que solo los mas ingeniosos y lúcidos son capaces de describir. Por eso esta colección que nos trae Seix Barral bajo el título de ‘Noventa y nueve cuentos divinos’ es ideal, no solo para desterrar ese desconocimiento de Joy Williams sino para adentrarnos en uno de los ejemplos mas singulares de su escritura: talentosa, divertida, reflexiva y, como alude el propio título, divina.

‘Noventa y nueve cuentos divinos’ contiene un número similar de pequeñas historias, con una gran diversidad de temas y ocurrencias y también de personajes, figurando un elenco de personalidades literarias, filosóficas y de otras disciplinas. Williams se deleita en la creación de relatos que incluyen a Kafka, Karl Jung, Simone Weil, Philip K. Dick, a Tolstoi, Camus o a Jean Paul Sartre.

¿Los temas? Las relaciones problemáticas entre padres e hijos, la violencia ciega, la guerra, la crueldad de las enfermedades mentales, el daño a los animales, la religiosidad, la estupidez de los hombres, todos ellos presididos por la presencia aurea de un Dios incomprendido y que no comprende bien la necedad de los humanos.

La mayoría de los relatos no superan las dos páginas, algunos son de un solo párrafo, los hay incluso de una sola frase, o dos unas; todo sencillo, escueto, pero con peso y hondura profundas, incluso crudas, pero con carga. En el relato 61 titulado ‘Museo’, leemos: «No nos interesó como habíamos pensado que nos interesaría».

Hay una magistral elaboración de estas piezas minuciosamente concisas, trabajadas a conciencia en su cortedad, donde todo, salvo lo esencial, está recortado o desaparecido. Y aun así, su densidad s y complejidad las torna casi en novelas tal cual.

Podemos apreciar también como, siguiendo la teoría del iceberg de Hemingway, estos relatos mantienen la mayor parte de su contenido bajo el agua, dejándonos con tantas preguntas como respuestas.

Lean, como ejemplo el relato 58, con el significativo título: ‘Sartre a Camus’ que dice: «Tendría que haber cambiado usted si pretendía seguir siendo el mismo, pero le daba miedo cambiar».

Cada relato termina, en lugar de empezar, con un título, que a menudo sirve como comentario irónico o resumen de la historia. Algunos funcionan solo como títulos, otros como remates; algunos son irónicos, y otros, con bastante seriedad, redirigen nuestra atención a algo de la historia que podríamos haber pasado por alto. Finalmente, hay muchas ocasiones en las que los títulos finales nos desconciertan, incitándonos a cuestionar nuestra comprensión de la pieza y a volver a leerla.

Como decíamos mas arriba, el Señor mismo es una presencia habitual, como cabría esperar tratándose de unos relatos «divinos». Suele aparecer en las situaciones más inocuas: esperando en la fila de una farmacia para su vacuna contra el herpes zóster, soñando con participar en un derbi de demolición, revelándose a un místico alemán, viviendo con una colonia de murciélagos en una cueva o en una guarida con una manada de lobos . Es igualmente un Dios curioso y confundido y que parece tener poco control sobre el destino de sus protegidos.

Hay en cambio otros relatos en los que Dios aparece como un juez crítico e irónico frente al disparate made in yanki. ‘Negligencia’ es uno de ellos y reza así: «Le preguntaron al Señor si creía en la reencarnación. Así es, dijo. Explica muchas cosas. ¿Qué es lo que explica, Señor?, preguntó alguien. En vuestra ultima festividad del Cuatro de Julio, me invitaron a observar un concurso anual para ver quien comía mas perritos calientes, dijo el Señor, y fue la cosa más estúpida que haya visto en mi vida».

Por su concisión, su mordacidad y su inteligencia, hay, cómo no, en estos relatos, cierta similitud que remite a los pequeños cuentos de Lydia Davis. En todo caso hay una singularidad, una autonomía muy propia de Jay Williams en esa brevedad estilística que la hace una escritora diferente y excepcional en su estilo.

En este verano estos breves relatos de Joy Williams son un modo refrescante y especial de reencontrarnos con esta notable escritora.

Noventa y nueve cuentos divinos

Autora: Joy Williams

Editorial: Seix Barral

Traducción: Albert Fuentes

Páginas: 160

Precio: 18,50 €

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