Novela
A.S. Byatt o el éxito del capital literario
Anagrama recupera ‘Posesión’ el gran thriller de la metaliteratura inglesa de los noventa; una novela, ganadora del Premio Booker y adaptada al cine, que, a golpe de talento y erudición, consiguió sacar a su autora de los camarines minoritarios para convertirla en un fenómeno de ventas

A. S. Byatt / L. O.
Ahora que proliferan los gurús y las ideas destartaladas quizá sea un momento más o menos idóneo para animar la cosa pública con dos o tres obviedades heterodoxas sobre el capitalismo; la primera, más allá del hecho comprobado de que su sueño engendra monstruos -algunos de ellos de color naranja- es que sus aportaciones en materia de prosperidad a menudo se basan en las correcciones que sus detractores, a sangre y martillo, le han ido endilgando a lo largo de la historia. Y, la segunda, no menos revanchista, que sus fórmulas de éxito y demás presunciones a veces no sirven para nada. Decía Milton Friedman que la última boya del ser humano frente al vendaval de la locura está en la economía, puesto que nadie, ni siquiera totalmente fuera de sus cabales, despilfarra su dinero -ya quisiéramos creer, ya- en bienes carentes de valor objetivo. Dejando de lado la cuestión de comprar, el asunto está en vender. En qué, cómo y a quién se vende. Algo que, en manos de los autoproclamados reyes del mambo de la publicidad, se ha traducido en muchas ocasiones en abundantes ingresos, pero también en no pocas tragedias literarias; libros maravillosos que no llegan a la imprenta porque no se ajustan a la convención de lo que algunos piensan que la gente quiere leer, montañas de gazmoñadas, omisiones e inclusiones incomprensibles. Y, lo que es peor y para colmo de males, al mismo tiempo deficitarias.
El mundo de la literatura, y más en sus inevitables interacciones con el mercado, suele ser complejo, pero también extrañamente reconfortante. Mientras que expertos en mercadotecnia con más pinta de vendedores de seguros que de lectores se rebanan el cerebro y la tabla de Excel mezclando vampiros con desatascadores vaginales y asesinatos sin resolver, de vez en cuando, reaparecen recetas originales que, sin necesidad de recurrir a la caña de azúcar, afirman su superioridad. Entre ellas, una que siempre funciona: la de escribir bien y escribir buenos libros, con independencia del tema y la corriente a la que se adscriba su autor. Y si no que se lo pregunten a los editores de A.S. Byatt y de su novela ‘Posesión’, que a principios de los noventa reventó las listas de ventas con una propuesta de metaficción histórica basada en las ambiciones de la filología y la vida de poetas victorianos. Justo lo que, ja, paradojas, seguramente consideran en las academias de marketing que podrían interesar entre cerveza y cerveza a los aficionados al béisbol y a la Premier League.
Ganadora del Booker y adaptada a la gran pantalla, con, nada menos, que Gwyneth Paltrow en el cotarro, ‘Posesión’, que ahora recupera Anagrama en la versión de Ana María Balseiro (la misma que le valió en su día el Premio Nacional de Traducción) se convirtió en tiempo récord en un fenómeno cuya magnitud sorprendería hasta a la propia escritora. Sobre todo, porque A.S. Byatt -que, al igual que Sara Montiel ocultaba bajo su nombre artístico a toda una Antonia de cuna y censo- era conocida como autora minoritaria y de culto, además de excelente crítica literaria e investigadora, tarea que desempeñaba en la Universidad de Londres y que tan doctamente le inspiró la escritura de este libro.
Novela, de sutilísima factura interna, que entrevera estilos e incluye largos poemas. Y que, vista treinta años después, y con permiso de otros experimentos en la misma línea -también, cómo no, en español, con Borges y Bolaño a la cabeza- sigue siendo un prodigio técnico. Especialmente, a la hora de componer las voces de dos poetas inventados del XIX, Randolph Henry Ash y Christabel LaMotte -a quienes muchos presuponen un trasunto de ficción de Tennyson y Rossetti- e insertarlas en una trama que imbrica el tiempo de los autores con el de los investigadores universitarios que casi un siglo después tratan de seguirles el rastro documental. O, mejor dicho, de poseerlos, en el sentido caleidoscópico y múltiple que otorga la autora a la posesión; la desprendida y al mismo tiempo de enorme narcisismo subsidiario de los estudiosos; la de estos entre sí; la de los muertos con los vivos; la del lector y el escritor. Unos ingredientes que convierten al libro en un auténtico thriller académico, una aventura en busca de la verdad, que es lo que en el fondo persigue todo misterio, ya sea erudito o no, con peripecias tan atractivas como en ocasiones casi entresacadas de lo mejor de la retranca y la ironía inglesa. Entre ellas, la parodia a la filología moderna y sus alambicadas corrientes; incluido el feminismo posestructuralista y las charlotadas de Freud y Lacan. ‘Posesión’ es, junto a ‘El nombre de la rosa’, que le sirvió de ejemplo, una de las mayores demostraciones finiseculares de que para vender más que Madonna no hace falta descifrar El Código Da Vinci ni intimar con un señor con grilletes en los pies. Y más si se cuenta con recursos como los que pone sobre el tapete A.S. Byatt; la capacidad, compartida, dicho sea de paso, con referencias como Cervantes, de sustentar en estructuras narrativas cultísimas y felizmente invisibles episodios que surgen y atrapan a toda velocidad. Lo único que se le puede reprochar a ‘Posesión’ es que es una novela perfecta. Quizá incluso demasiado perfecta. Toda una bendición.

Posesión
Autora: A. S. Byatt
Editorial: Anagrama
Traducción: María Luisa Balseiro
Páginas: 616
Precio: 21,90 €
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