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Ensayo

El ‘Otro Buñuel’ mexicano

Athenaica publica un estudio pormenorizado de la obra del realizador aragonés por el crítico Miguel Marías, que defiende la brillantez de su etapa azteca

Luis Buñuel

Luis Buñuel / L. O.

Francis Mármol

Francis Mármol

A menudo chapoteamos en la superficie del cine de Luis Buñuel. Siendo para muchos entendidos el mejor realizador español aquí no recibió la atención merecida y no vivió jamás un gran éxito taquillero. Sus premios internacionales, por contra, le avalan y eso no evita que las reducciones y tópicos sigan adornando su trabajo. Y es que aquel tipo con cara de boxeador, que creció en la ‘progresía’ bien de la Residencia de Estudiantes, que cuenta con películas tan manoseadas por todos como Viridiana o Un perro andaluz todavía es un gran desconocido para incluso algunos cinéfilos, que a día de hoy encontrarán incomprensiblemente graves problemas para acceder a sus películas más rebuscadas del periodo mexicano, por ejemplo.

Precisamente para ese buceo más profundo y pormenorizado, ‘Otro’ de Miguel Marías (Ediciones Athenaica) es un pequeño ensayo preñado de buenas referencias, reflexiones técnicas y argumentos de peso sobre el extraordinario valor de un creador muy original, que por encima de todo, supo adaptarse a diferentes industrias cinematográficas sin perder su sello personal. Este gran conocedor de su obra, a la postre director de la Filmoteca española y el ICAA además de colaborador habitual de ¡Qué grande es el cine! de RTVE, repasa especialmente su época en México donde rodó algunas de sus obras maestras aunque luego Francia se llevara las mieles por sus repetidos reconocimientos en Cannes, entre otros. Y lo rebautizara graciosamente como Bunuel.

Según Marías, el de Calanda tiene el prurito de haber rodado en todas las condiciones, más boyantes y sobre todo menos, incluso de haberse formado en Estados Unidos en la prehistoria de Hollywood y de haber mantenido el pulso después de veinte años de inactividad, como quien dice. Marías sentencia en este libro que su mejor etapa es, sin duda, la que va desde El gran calavera a El ángel exterminador, que cataloga como su cumbre. Y con lo que es difícil no estar de acuerdo.

En ‘Otro Luis Buñuel’ entendemos que hasta ahora esta etapa, no tan conocida, ha gozado de poco prestigio y atención cuando el idioma también le favorece en expresar ese especial mundo psicológico que estaba a la par en su tiempo de los Bergman, Fellini, Hitchcock o Godard.

A pesar de ello, Marías también argumenta que su cine es ambiguo y complejo y que te puede gustar mucho en un momento determinado y que en ocasiones puede ocurrir que revisitar una película puede resultar algo decepcionante. Sucede y me ha pasado por ejemplo con La Vía Lactea y otros productos finales de su carrera. Con esto por delante, sienta las bases de su creación con La edad de oro y Las hurdes, muy pronto y luego en México se destapa como un gran transformador de películas aparentemente pensadas para ser comerciales y que luego toman giros de guión muy muy interesantes bajo su prisma. Así lo detalla el autor de este trabajo.

En las claves de este misterio de su forma de rodar, o de plantear las ideas centrales de sus películas, donde cabe el descuido técnico, Marías observa que marca una suspensión voluntaria de la incredulidad (…) Genera una sensación de inseguridad que no siempre es cómoda y que puede distanciar al espectador de su descarnada objetividad si no hay complicidad con sus postulados. «Buñuel no es redentor, ni hace trampas. No hay condenas ni disculpas». También supo muy pronto que las buenas acciones individuales no servían para resolver problemas colectivos, como presentó en muchos casos en sus películas.

En el país azteca, el aragonés, como incide Marías, no quiere convertirse en una mero fabricante de películas baratas pero tampoco puede dejar su medio de vida. Así que consuma su estilo contracorriente con unos personajes que discrepan entre lo que dicen y lo que hacen e inventando muchas maneras de sabotear el sentido expreso de la película, en algunas de las cuales tuvo que tragar con personajes que le llegaban ya muy perfilados y que le resultaban repulsivos.

Entre otros aciertos, además de las mencionados cintas de El ángel exterminador y El gran calavera, Marías salva también entre lo mejor de este tiempo a Ensayo de un crimen, Él o Los olvidados, película esta última en la que ve posibles influencias sobre el cine de Hitchcock en Vértigo. Sobre Los olvidados que fue su primer gran éxito cinéfilo en Francia, este crítico entiende que se debió en gran parte a la moda del neorrealismo italiano ya que la misma refleja el mundo marginal de los niños de la calle en las grandes urbes mexicanas.

Sobre su considerada como película más totémica; Viridiana, Marías no le reduce importancia pero trata de desmontar las lecturas más superficiales de la misma, como el ataque blasfemo a la iglesia, o se empeña en derribar ese mito acrecentado por esta cinta de que a Buñuel le gusta hacer sufrir a sus personajes honestos. Aboga más bien porque Buñuel se siente cerca de sus personajes variados. Los mira con curiosidad, con una objetividad implacable, y los ve con una «proximidad socarrona y aprobatoria tipo a Valle Inclán o Pío Baroja», «con una ironía distanciadora», sostiene. Y lo que no niega por la insistencia en sus tipos es una preferencia por los seres obstinados, que pueden llegar a rozar la demencia (Nazarín o Simón el estilita). Y no da de lado a los que están lejanos a su manera de pensar, como no se suele tener en cuenta.

Otro Luis Buñuel

Autor: Miguel Marías

Editorial: Athenaica

Páginas: 208

Precio: 18,00 €

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