Editorial Debate
Fernando Fernán-Gómez se confiesa libre
Debate recupera ‘El tiempo amarillo’, las extensas y notables memorias que el actor, director y escritor entregó en tres tandas -1987, 1990 y 1998-, y que sirven de ventana privilegiada a la España convulsa en la que vivió

Fernando Fernán-Gómez / L.O.
«Me reprocho no haber llevado un diario, haberlo empezado tantas veces sin llegar nunca a una semana», reconocía Fernando Fernán-Gómez (Lima, 1921-Madrid, 2007) en un artículo de 1986, justo cuando estaba terminando de dar forma a la primera versión de ‘El tiempo amarillo’ (Debate, 2025), unas memorias que dio por completas en 1990, que ampliaría en 1998, y que ahora vuelven a las librerías en una edición con prólogo de David Trueba. Tirando de sus muchos recuerdos, él que se decía desmemoriado, y sin la ayuda de diarios cómplices, Fernán-Gómez superó las 600 páginas, quizá las mejores de las muchas que escribió a lo largo de una vida dedicada a la escritura, tarea que le fascinó en extremo y le ocupó casi tanto como la actuación -un hombre que no dudaba en recalcar que de tener dinero no volvería a trabajar nunca, pero que casi seguro seguiría escribiendo-.
Lo que Debate recupera ahora pasa por ser una de las mejores memorias publicadas en nuestro país por un actor, mérito compartido con las también muy notables de Adolfo Marsillach, ‘Tan lejos, tan cerca’. Pero mientras las de Marsillach sí están centradas en su vida en platós y escenarios, estas memorias de Fernán-Gómez no sólo son las de uno de los grandes hombres de nuestro teatro y nuestro cine, son mucho más. Fernando Fernán-Gómez supo contar de forma personal y cercana la historia del tiempo que vivió, que muchas veces parece interesarle más que sus propias anécdotas. ‘El tiempo amarillo’ sirve de retrato de un país a través de las peripecias de un observador nato, libre y curioso, un hombre que quiso absorber todo y que exprimió la vida tanto como pudo, y que relata aquello de lo que se acuerda sin pudor pero con elegancia.
El valor testimonial de ‘El tiempo amarillo’ es sobresaliente en la primera parte, en su día recogida en un tomo independiente, que abarca desde el nacimiento del actor en 1921 hasta 1943. Aquí están la infancia y la juventud; la vida familiar marcada de manera especial y clara por su bisabuela, su abuela y su madre; el Madrid que le moldeó; la terrible Guerra Civil y la primera y cruel posguerra. Nunca ha escrito mejor Fernando Fernán-Gómez. Por lo tanto, no puede sorprender que José Sacristán haya elegido este material para adaptarlo al teatro en ‘El hijo de la cómica’, obra que justo ahora tiene de gira por los escenarios españoles. Jamás fue tan personal Fernán-Gómez, ni tan siquiera en el resto de estas memorias, que en ocasiones parece terminar solo porque así lo habría acordado con sus editores -pero que nadie se salte ni una sola página, porque la cantidad de curiosidades aumenta cuanto menos quiere decir de sí mismo, y sí que da buena cuenta de su relación con actores, directores, escritores y siempre con cariño, en ocasiones hasta ternura-.
Sigamos el propio consejo de Fernán-Gómez, «es mucho mejor no fiarse de las memorias», y tomemos este libro sólo como una larga charla en la mejor de las tertulias posibles, esas que tan cruciales y gozosas fueron para él. El tono es amable y confesional, nada retórico, sencillo y casi coloquial -sus mejores frases las dijo y no las escribió, y por eso aquí brilla más que nunca antes o después-. Aclaremos que Fernando Fernán-Gómez siempre escribió bien, sirva de prueba su debut literario con la novela ‘El vendedor de naranjas’ (1961), lo que sucede es que la década de 1980 le sentó de maravilla a su escritura, mucho más madura y reflexiva pero aún con chispa y empuje: en 1984 estrenó ‘Las bicicletas son para el verano’; en 1985 publicó la muy notable ‘El viaje a ninguna parte’, novela que él mismo convirtió en un fabuloso guión cinematográfico; en 1987 entregó la mejor parte de sus memorias y en estos mismos años escribía artículos divertidos y brillantes cada semana para ‘El País’, muchos de ellos reunidos en libros como ‘Impresiones y depresiones’ (1987). Nunca más dejó de escribir y publicar, pero nunca volvió a estar tan atinado.
Que Fernán-Gómez eligiera unos versos de Miguel Hernández para intitular su mejor obra, «... un día / se pondrá el tiempo amarillo / sobre mi fotografía», sirve para situar el valor moral e íntimo de esta mirada a su propia vida, a la que el actor busca darle un sentido de desesperada búsqueda de libertad, aunque reconozca sin pesar que muchas veces ese camino casi siempre le llevara a la barra de un bar -quizá su escenario favorito, donde tropezar a gusto con almas perdidas y mujeres encontradas-. Este hombre, que llegó a ser considerado huraño y cascarrabias, era un animal social que se alimentaba de la conversación, y si además esta era calentada con un café y un whisky pues mejor le sentaba. Así, ‘El tiempo amarillo’ no se lee, se escucha. Estas páginas son la mejor conversación que nos queda con una de las figuras más fascinantes y atrayentes surgidas en España en el último siglo, una conversación en la que sólo habla él pero que ningún lector razonable querría interrumpir, salvo quizá para asentir o insistir en que continuara ante el temor de que se cansara de reflexionar sobre la vida. Así de bueno es este libro.

El tiempo amarillo
- Fernando Fernán-Gómez
- Prólogo: David Trueba
- Editorial: Debate
- Precio: 24,60 €
- 648 páginas
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