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Novela

Saunders y los nuevos escarabajos cibernéticos

Seix Barral publica su propia antología de relatos del extraordinario ganador del premio Booker, acaso el autor, con todas sus distopías y parodias de la sociedad de consumo, que mejor describa la esquizofrenia ambiental de Occidente en esta época

George Saunders.

George Saunders. / L. O.

Lucas Martín

Lucas Martín

Las etiquetas apestan. Y de todas las etiquetas que apestan las que más lo hacen son aquellas que con incomprensible celo taxonómico tratan de ponerle cerco a lo que tenemos enfrente. Y, además, de manera catedralicia y, con permiso del pleonasmo, furibundamente exclusiva. Así, llegamos al siglo XXI con una resaca secular de clasificaciones, que son cosas como todo el mundo sabe que se utilizan con coartada pseudocientífica cuando se habla de letras y la definición que te sale es torpe. Es decir, como no sé cómo describir con precisión lo que veo le doy una vuelta al asunto y lo describo comparándolo con lo que me han dicho que he visto antes. Esto, que puede parecer un atajo marrullero a nivel perceptivo, se vuelve todavía más inútil cuando lo que se mira es el conjunto y se intenta enarbolar una teoría ad hoc que lo contenga y enmarque, ya sea de corte aproximativo, disparatado o sociológico. Por ejemplo, la realidad. Y todavía más: la realidad reflejada en la literatura. O dicho por otra vía: lo que más o menos viene conociéndose en la crítica como realismo literario.

Después de los presocráticos, del irracionalismo alemán, de Kant y de Comte, si hay algo que nos ha quedado claro acerca de lo real es que se trata de un asunto intelectualmente controvertido. Y que, acaso, con las prisas y la necesidad de entendernos, lo más fácil sería apostarlo todo a la carta más sensata, que suele ser la más simplona, y que indica que la realidad no es en el fondo más que una convención que ha tenido la fortuna de salir en la tele. Al fin y al cabo, habíamos quedado hace tiempo que el arte no es lo único que imita a la naturaleza y que las cosas a veces se empeñan en parecerse a lo que dicen que se parecen. Aunque, eso sí, con algunas líneas rojas. Si omitimos que literariamente venimos de la Biblia y del Quijote, podríamos concluir que si uno vive en el Madrid de 1895 y ve tullidos en las escalinatas de una iglesia y luego abre un libro de un tal Galdós y aparecen esos mismos tullidos en las escalinatas de una iglesia el tal Galdós está escribiendo literatura realista. Y que, de la misma forma, si a uno le da por meter a un hipopótamo con una Game Boy en el entierro de Iván Ilich estaría haciendo de todo -incluido el ridículo- menos realismo. Hasta que, claro, llega el tercer milenio y las postrimerías del posmodernismo y aparece George Saunders con sus tías solteronas que vuelven de la tumba, sus reprogramaciones cerebrales y sus campos de internamiento publicitario. ¿Es eso fantasía grotesca? ¿Parodia del consumismo? ¿Desplazamiento metafórico? Díganmelo, y sean sinceros, mientras leen este artículo haciendo alguna otra cosa en sus pantallas. Quizá, en estos tiempos, duchos en representación, trufados de mensajes y experiencias virtuales, todo eso sea más realismo sucio que un paseo por los bajos fondos y una novela sobre hipotecas. Más aún, si tiene en cuenta que esto, junto a lo anterior, también forma parte de la narrativa de Saunders.

Algún día, cuando nos sacudan la muerte o las bombas, deberíamos hacer reflexión y averiguar qué diablos hemos hecho con nuestras décadas para que el universo de Kafka nos parezca contemporáneo. Una metáfora ya asimilada, que necesita renovarse para caber en el otrora amplio estanque de la exageración y que en estos días obliga a tensar las cuerdas más que nunca en su camino contrario. Apresar la realidad actualmente requiere paradójicamente un ejercicio de imaginación ciclópeo, que es el que ha convertido a Saunders (Amarillo, Texas, 1958) en el mejor cuentista de su generación y en el cronista más elaborado. Con unas tramas que es difícil no ponderar como asombrosas o suntuosamente originales y que suponen tanto un aparente distanciamiento como una inmersión tragicómica en esta época deformada. El mundo es fascinante y a la vez feo y todo eso tiene su retrato en los ‘Cuentos escogidos’ del autor que acaba de publicar Seix Barral en traducción de Ben Clark y Javier Calvo. Un libro que vuelve a acrecentar el prestigio de la serie en pasta dura de autores norteamericanos (recuerdo el maravilloso volumen dedicado a Wiliam Goyen, por ejemplo) y en el que Saunders, a menudo y por razones obvias comparado con Vonnegut, De Lillo, Gaddis o Foster Wallace, demuestra por qué se ha convertido en un galgo solitario y acaso en el espigado mascarón de la ficción de su tiempo. Hasta el punto de que, al igual que ocurrió con Joseph K. y la alienación administrativa, puede que llegue el día en que sus historias se conviertan en una de las imágenes más definitorias de la trastienda de estos años. Con toda su galería de personajes al borde del desequilibrio, sus soledades entre multitudes, sus excesos de exploración de la realidad virtual, su espiritualidad difusa o sus sórdidos parques temáticos de la cultura del espectáculo y del entretenimiento – los inventos de Guerracivilandia, con sus espíritus y su dilema sobre la violencia, o los pobres infelices que se ganan la vida representando a cavernícolas en un centro comercial son sencillamente maravillosos-. Sobre la antología de Seix Barral, exclusiva para el lector en castellano, se puede matizar que quizá no están todos los mejores relatos de Saunders, pero no rebatir que los seleccionados sean extraordinarios y representativos del autor, con lo que eso significa en términos de placer. Contar con un buen manojo de relatos de Saunders en un único y manejable volumen acaso no de para compensar las humillaciones del arrecife de la historia que nos contiene y tal vez nada pueda hacerlo. Pero nos hace disfrutar, pensar y reír a propósito de este siglo en Occidente. Menos, muchísimo menos, daba la vida siendo esclavo entre los bereberes.

Cuentos escogidos

Autor: George Saunders

Editorial: Seix Barral

Traductores: Javier Calvo Perales y Ben Clark

Páginas: 632

Precio: 26,00 €

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