Josep Pla: aquel viaje a un Israel incipiente
Destino recupera ‘Israel en 1957’ las crónicas escritas por Pla tras su viaje al nuevo estado donde traza un retrato completo del país en 1957 y nos ayuda a comprender la situación y el contexto actual

En la imagen Josep Pla se dispone a subir al barco que le llevó a Israel en 1957. / L. O.
Mucho antes de que Israel se convirtiera en un estado bélico y armado militarmente por EEUU; mucho antes de que, con la excusa de defenderse de la amenaza de los países árabes que le circundan, convirtiera la zona en un infierno y emprendiera el exterminio de miles de palestinos, tal como los nazis hicieron con ellos durante la Segunda Guerra Mundial, el incipiente estado de Israel, creado en 1947, contaba con la simpatía de buena parte del mundo que observaba con admiración como los miles de judios, que llegaban a Israel por oleadas, levantaban casi de la nada un país donde hasta entonces había desierto y arenales.
Fue ese el Israel que Josep Pla conoció en 1957 en un viaje que luego trasladó a una serie de crónicas que fueron apareciendo en la revista Destino. Ahora, siete décadas después la editorial Destino ha recopilado todas esas crónicas y publicado bajo el título ‘Israel en 1957’. Un reportaje que, pese al tiempo transcurrido, no ha desteñido la sutileza, la rica perspicacia y la profunda mirada observadora de Pla sobre todo lo vio entonces. Traza un retrato completo y vigente del país y su escenario en 1957 y nos ayuda a comprender la situación y el contexto actual. Con clarividencia e ingenio, el mejor Pla nos ofrece, en 1957, las claves para entender el Israel de nuestros días, su terrible transformación. Por supuesto el Israel que Pla conoció ya no existe. Todo el esfuerzo y el afán constructivo de sus primeros moradores ha sido reconducido para hacer de Israel una maquina de guerra.
En 1957 la naviera israelí ZIM inauguró la línea marítima Marsella-Haifa y para promocionar esta línea mediterránea invitó a un grupo de periodistas a uno de sus primeros viajes en el barco Teodoro Herzl, el fundador del sionismo, para que se hicieran eco del evento. Entre ellos estaba Josep Pla que ya conocía a los judíos tras haber tenido durante su etapa de corresponsal en Berlín una amante judía: Aly Herzkowitz. Pla quedó maravillado del afán de los judíos por reconstruir el estado de Israel .En el barco viajaban unos seiscientos pasajeros, casi todos judíos de veinticinco nacionalidades diferentes, la más densa concentración de cosmopolitismo que Pla había visto nunca, según cuenta en el primero de los relatos.
Pla da cuenta el fervor nacionalista de los judíos del barco. Alentados por el sionismo que ha hecho crecer en todos ellos el orgullo de contar con una nación el judaísmo nacional camina a velas desplegadas hacia su porvenir. La corriente migratoria que los lleva a Israel es una marea creciente. ¿Cómo es posible, se pregunta, que puedan vivir ya dos millones de personas en un espacio de tierra que durante dos mil años fue un desierto?
Llegan a Haifa, una ciudad muy bella asentada a los pies del Monte Carmelo. El viajero queda deslumbrado por la ciudad que de ser un pequeño poblacho en los años veinte se ha convertido en una ciudad cosmopolita donde viven cristianos, árabes y judíos en buena consonancia.
En Tel Aviv (colina en primavera) aunque es una ciudad plana, carente de colina aguna. Una ciudad levantada sobre un arenal junto a la ciudad de Jaffa que de tener apenas 3.000 habitantes en 1920, en menos de cuarenta años paso a tener 400.000. En cierta manera Tel aviv es la imagen del crecimiento de Israel en los últimos decenios «y de su fantástico desarrollo actual». Es una ciudad sin leyenda, sin historia ni pasado, siendo demás la única ciudad del mundo totalmente judía. Aquí solo hay sinagogas, la estrella de seis puntas y el León de Judá. Tel Aviv crece a un ritmo más rápido que el lápiz de los arquitectos y las ideas de los concejales. Es un país que devora todos los planes, que los envejece a gran velocidad. El esfuerzo sobrehumano, larguísimo realizado por el pueblo judío para mantenerse en la diáspora, lo están aplicando ahora al retorno y a la integración en la patria. Pero es una ciudad sin alma, que muchos la denigran como muy americana, una copia barata de Brooklyn, lo único que la salva es el mar «ello hace que sus puestas de sol sean un espectáculo incomparable».
Más allá de los aspectos concretos sobre los que se detiene Pla, ‘Israel, 1957’ no es solo un recuento histórico, sino una profunda reflexión sobre el sacrificio, el ímpetu y la tenacidade los primeros judíos llegados a Israel. Al entrelazar observaciones personales con el contexto político y social, Pla nos ofrece una obra que es tanto un documento social como una exploración de la identidad y la perseverancia humanas.

Israel en 1957. Un reportaje
Autor: Josep Pla
Editorial: Destino
Páginas: 270 páginas
Precio: 18,90 €
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