Vida cotidiana en mitad del miedo

Olga Medvedkova / L. O.
En 1980 la URSS estaba a once años de su fin, a muy poco más de una década de aquel 8 de diciembre de 1991 en que se firmaría su disolución. En ese momento probablemente sus ciudadanos no lo sabían, pero seguramente intuían que estaban viviendo el desmoronamiento del régimen comunista que regía el destino del país.
En el verano de ese año, 1980, una adolescente, Liza, y su madre, se trasladan desde Moscú a un pueblo innombrado. Mientras la ciudad se prepara para celebrar los Juegos Olímpicos, que fueron boicoteados por un alto número de países por la invasión de Afganistán (en total, 65 países se abstuvieron de participar, liderados por los Estados Unidos) muchos moscovitas abandonaron la ciudad. En Moscú solo se permitía vivir a ciudadanos ejemplares, pero mucha de esa ejemplaridad era, sencillamente, miedo. Como en todos los regímenes dictatoriales, la gente teme más de lo que apoya.
La escritora rusa Olga Medvedkova, nacida en Moscú en 1963, tenía la edad aproximada de su protagonista, Liza. Sin duda, su novela ‘La educación soviética’ contiene una buena parte de reflejos autobiográficos.
Liza (una niña con grandes dotes para las matemáticas sobre quien la madre ejerce una férrea protección y una exigente educación), viajará a ese pueblo cuyo nombre no nos será revelado, pero que la madre lleva en el apellido. De origen aristocrático, la familia materna fue la dueña absoluta del pueblo, hoy prácticamente abandonado. La adolescente Liza se habrá de enfrentar a un pasado que desconoce y tendrá que ir descubriendo una historia familiar que le ha sido ocultada. En esa Rusia en la que es imprescindible parecer, la muchacha se enfrenta al dilema de que su apellido paterno, Klein, no suena lo bastante ruso (es alemán de origen judío), lo que le impedirá poder matricularse en la universidad que desea. Por eso valora la posibilidad de adoptar el apellido materno, hasta que descubre su aristocrático y, por tanto, también peligroso apellido.
Liza conocerá gran parte de su historia familiar de la mano de un antiguo amigo de su madre, David, al que la propia madre acusa de ladrón porque comercia con objetos que va tomando de la antigua mansión familiar.
La novela nos ayuda a conocer y comprender unos años muy complejos de la historia reciente de Rusia durante los cuales muchos intelectuales mantuvieron lo que hoy llamaríamos «un perfil bajo» a fin de no significarse. Era una pura cuestión de supervivencia: «No es cuestión de fuerza o de debilidad. Hay algo en esta vida que no les gusta, no de forma ocasional, sino en lo más hondo. Está insatisfecho, está en desacuerdo. Este mundo en el que ha aterrizado no es para él. Supongo que por eso bebe: en su forma de rebelarse. Así es como protesta» (página 138).
Y serán unos intelectuales (un cineasta, un joven actor, un poeta…) quienes acabarán coincidiendo en el pueblo, casi abandonado, en la ruina (metáfora clara del país). Gente que había nacido y vivido bajo el yugo más férreo del régimen comunista, lastrados por un pasado sin cicatrizar, cargados de miedos, de heridas, de dolor, de desesperación, que les empuja a la bebida o la apatía, y que les impedirá, en todo caso, transmitir «la educación soviética» a las nuevas generaciones. Liza encarna a esa generación, la de los hijos de los rusos de la élite, incapaces de diseñar con claridad su futuro.
Destacan sobre todo en la obra la calidad de unos diálogos en los que la elisión dejará más información que lo dicho. El realismo de esos silencios nos mostrará cómo vivían esas personas, siempre mintiendo, fingiendo, callando, temiendo: «El país entero no hace más que mentir, es lo único que saben hacer los rusos, mentir y mentirse a sí mismos… y dejar las cosas en estado de abandono» (página 75).
Las relaciones que Liza entablará con los otros personajes, todos mayores que ella, y sobre todo el descubrimiento de los secretos de su familia, tendrán el rango de rito de paso, de transformación, metáfora también de la que vivirá el país en poco tiempo.

La educación soviética
Autora: Olga Medvedkova
Editorial: Acantilado
Traducción: Mª Teresa Gallego Urrutia /Amaya García Gallego
Páginas: 216
Precio: 16,00 €
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