H&O Editorial
Jonathan Swift: El germen inesperado de Gulliver
La editorial H&O arranca colección con una joya poco conocida de Jonathan Swift,‘La batalla entre los libros antiguos y modernos’, sátira fabulosa donde pone a pelear aDescartes contra Platón en una biblioteca londinense, bajo lo que subyace la voracidad de la Ilustración sobre su tiempo

Jonathan Swift / L.O
Algún día algún ensayista debería incidir en la extraordinaria fecundidad que ofrecieron los periodos de cambio históricos. Miguel de Cervantes, Mary Shelley o Valle Inclán son solo tres ejemplos que se unen al paradigmático caso de Jonathan Swift (1667-1745), el creador no tan solo de Los viajes de Gulliver como deberíamos saber. El irlandés navegó entre tiempos tan violentados por su desaparición como el mundo del clasicismo y el triturador de la Ilustración, donde se quiso reconstruir el mundo sin mirar atrás.
Este es el caso que nos trae la editorial H&O para que veamos en ‘La batalla entre los libros antiguos y modernos’ que siempre hubo talentos que supieron canalizar desde la imaginación y la creatividad los conflictos entre vanguardia y tradición. Los dilemas más o menos azorados de tiempos pasados o nuevos tiempos, una quimera eterna.
Se puede vislumbrar en este casi opúsculo que el creador también de ‘Historia de un tonel’ tenía una incontenida creatividad para zafarse de un debate que nunca ha tenido fácil solución, pero que le tocó en lo personal. Y que aquí, pese a que al autor que nos convoca era más chapado a la antigua, se pone de lado igualmente para dejar testimonio de la cruel batalla de las ideas que se fraguó en un periodo donde Diderot va a comenzar a ordenar para siempre el saber y a poner las viejas bibliotecas a temblar.
Los hechos por los que el clérigo Swift se dispone a crear esta fábula con intenciones de crítica son unas disputas reales sucedidas en 1697 cuando el hombre al que le debía demasiado, el político sir William Temple, que actuó en su vida como promotor y protector del mismo fue injuriado por otros contemporáneos a raíz de una defensa de las Epístolas de Falaris, que resultaron falsas. De fondo estaba el ataque a la casta intelectual que simbolizaba Temple y el College de Cambridge.
Pero la gracia del asunto es que Swift, que ya comienza a descollar y a apuntar que está por encima de dimes y diretes, sale al paso con una figurada defensa de los antiguos como Platón, Homero, Esopo y compañía contra los más recientes Tasso, Milton y Descartes. Solo figurada. La guerra sin cuartel en la que va a librarse la contienda entre el saber antiguo y moderno se va a llevar a cabo con total alboroto en la biblioteca de San James, en Londres, la cual albergaba los libros de la monarquía, como lugar central del poder cultural.
El autor dublinés sabía que tampoco la encrucijada era de tan fácil solución, ni en tono de fábula satírica, pues aunque en los saberes antiguos reposaba la esencia de todo, en los nuevos estaba en juego la idea de progreso, justicia o bienestar que luchaban de fondo por la hegemonía política que se resistía a perder el Antiguo Régimen.
Así tal cual defiende en el prólogo Nadal Suau, Swift aprovechó para dar su peculiar visión del asunto, según la cual los clásicos son voces vivas, vigentes, no materia de escrutinio, sino de algún modo contemporáneos lo que produce una salida airosa del asunto, que no debió de entusiasmar a su amigo Temple. Pues, perdón por el espoiler, la pelea termina en suspenso.
También es destacable como se vislumbra ya un germen inesperado de Los viajes de Gulliver al usar la sátira transfigurada en cuento narrativo, con mucho de fantástico, de otras disputas de su tiempo, como la del catolicismo y el protestantismo, la crítica al racionalismo extremo cuando la ciencia no está produciendo grandes beneficios sociales, etcétera. Es decir están desnudando el alma atormentada de un autor muy rompedor, con hábito de sacerdote, entre dos épocas como también lo estuvo Miguel de Cervantes cuando regresó de su cautiverio en Argel y se caía a pedazos el imperio por el que él luchó en Lepanto.
Así si en Cervantes El coloquio de los perros o el Licenciado Vidriera conservan ese punto de paso al vacío en la creación de personajes no reales, surrealistas si cabe, que tienen más libertad para señalar los grandes pecados de la corrupción o la vanidad, el poder o la honra en Swif ya tenemos a libros que luchan por sus ideales lo cual, cien años después del complutense, es recoger el mismo guante para hacer de la nostalgia por el tiempo perdido un paño de lágrimas en unas formas literarias rompedoras.
El libro se lee de una sentada y es algo que en nuestros días se agradece y bendice pues como en los tiempos en los que se debatió acaloradamente el dilema mencionado ahora la capacidad de síntesis que tuvo Swift es una imposición externa, derivada de la inmediatez de las redes sociales, y con un formato de bolsillo que nos ayuda entre scroll y scroll a no perder de vista que se libran las mismas batallas todos los días, en papel o en el ciberespacio. Y en ese tiempo de ruptura entre lo analógico y lo digital a todos nos lleva a pensar que la batalla del saber antiguo y moderno sigue más vigente que nunca.
La batalla entre los libros antiguos y modernos
Autora: Jonathan Swift
Editorial: H&O
Traducción: Nadal Suau
Páginas: 96
Precio: 10,00 €
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