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Editorial Periférica

Benjamin Constant, un contemporáneo del XVIII

En un volumen y bajo el tÍtulo de ‘Los amores inconstantes’ reúne la editorial Periférica cuatro obras de Benjamin Constant, escritor del Siglo de las Luces que, sin embargo, resulta contemporáneo en su descripción del mundo

Retrato de Benjamin Constant (1767-1830)

Retrato de Benjamin Constant (1767-1830) / Wikipedia

Juan Gaitán

Juan Gaitán

Una de las muchas maravillas de la Literatura, una de las que la hace ser, probablemente (quizás solo comparable con la música), la que mayor altura alcanza, es que permite una comunicación capaz de atravesar los tiempos. A casi tres mil años de distancia podemos seguir oyendo la voz del viejo Homero relatando, como lo hizo el primer día, aquella guerra de Ilión.

En estos días he pasado muy buenos ratos «oyendo» a Benjamin Constant contarme su vida. Recién publicado por la editorial Periférica, ‘Los amores inconstantes’ (ya desde el título juega el autor a referenciarse), volumen que recoge cuatro obras de este escritor suizo nacido en Lausana en 1767.

Qué divertido, qué ameno, qué agradable lectura la de estas cuatro obras que, entre todas, vienen a conformar una autobiografía muy entretenida, la historia de un hombre contada por sí mismo sin muchos tapujos. Lo curioso es que Constant escribió la mayor parte de estos textos autobiográficos antes de que se acuñara el término, que apareció en Europa en la primera mitad del XIX. No obstante, lo hizo en un momento en que el género empezaba a estar muy de moda, aunque este tipo de obras ya eran muy habituales desde mucho tiempo atrás. William C. Spengemann, en su libro ‘The forms of autobiography’ establece una cronología del género marcando cuatro periodos en su desarrollo, de los cuales nos interesan aquí los dos últimos, el llamado «auto-expresión poética», que correspondería al periodo del Romanticismo y en el que la autobiografía no es sólo un relato histórico o un reflejo destilado del pensamiento de su autor, sino que adquiere una dimensión mucho más subjetiva, individual, personal, donde caben los detalles más íntimos y escabrosos del autobiografiado, y el correspondiente a la «auto-invención poética», en el que se produce una exacerbación o exageración del anterior dando lugar a la autobiografía que se llena de ficción acercándose al género novelístico. Sin embargo, poco hay de invención en el fondo de estas obras, y lo novelístico tiene más que ver con la estructura literaria de los relatos que con lo puramente ficcional. Una de las mayores cualidades de Constant es, precisamente, su sinceridad. El propio autor, sin embargo, consideraba que estas eran sus «obras menores», a las que dedicó muchísimo menos tiempo y esfuerzo que a sus trabajos «serios», esos ensayos sobre política y religión en los que perseveró durante toda su vida pero que, sin embargo, no le dieron la fama que sí le ofrecieron estas obritas en las que contaba su vida.

Especialmente interesante es ‘El cuaderno rojo’, texto que abarca los primeros veinte años de la vida de Constant, aunque más de la mitad del texto se refiere exclusivamente al año 1787. Pero, como dice el traductor y autor de los posfacios, Manuel Arranz, «por lo que sabemos de su vida, tanto a través de los relatos de sus contemporáneos como de su copiosa correspondencia y de ‘Diario íntimo’, el Bejamin Constant maduro no fue muy diferente del joven que aparece retratado aquí. Impulsivo, ingenuo, caprichoso, tímido, temerario, voluble, apasionado, indeciso, decidido, intrigante; en fin, una lista interminable de atributos contradictorios que hicieron de él un personaje singular, adorable para algunos, generalmente algunas, y aborrecible para otros, como suele ser casi siempre el caso de los temperamentos que mezclan la vehemencia con la indolencia en dosis similares».

Los otros tres libros que componen el volumen son, por orden de la edición, ‘Adolphe’, ‘Cécile’ y ‘Amélie y Germain’. En sus textos, además de ese hombre «Impulsivo, ingenuo, caprichoso, tímido…», encontramos también a un hombre que ha aprendido de la vida, que conoce bien al ser humano, un hombre con una alta capacidad de reflexión, como podemos comprobar en este párrafo que encontramos en la página 76, correspondiente a ‘Adolphe’: «¡Somos tan justos cuando no nos mueve ningún interés! Quienquiera que seáis, no deleguéis jamás en otro los intereses de vuestro corazón; sólo el corazón puede defender su causa: sólo él conoce sus heridas y cualquier intermediario se convierte en un juez. El corazón analiza, transige, concibe la indiferencia y la admite como posible, la reconoce como inevitable; por eso mismo la excusa y la indiferencia se encuentran, para su sorpresa, legitimadas a sus propios ojos».

Volviendo al comienzo de esta reseña, qué interesante resulta «escuchar» a un hombre de otro tiempo, a un hombre que vivió en aquella maravillosa y convulsa Europa de las Luces, y qué impactante descubrir, con tristeza, que Constant es muy contemporáneo: «Los jefes de la Francia republicana, hombres violentos y groseros, no podían creer que se pudieran adoptar sus principios si no se adoptaban sus odios con idéntica ferocidad. De carácter receloso, y desconfiados por su situación, sólo consideraban aliados a quienes se convertían en sus cómplices». Cambien «jefes de la Francia republicana» por «dirigentes de cualquier partido político» y verán que nada hemos cambiado.

Los amores inconstantes

  • Benjamin Constant
  • Editorial: Periférica
  • Traducción: Manuel Arranz
  • Precio: 21,90 €
  • 328 páginas
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