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Editorial Nota al margen

La gran fascinación irlandesa del nobel Heinrich Böll

La editorial Nota al margen recupera uno de sus textos más emblemáticos, ‘Diario irlandés’, donde el premio Nobel, símbolo del intelectual comprometido con los derechos humanos, describe la fascinación que sintió con la fatalista dignidad de la gestes de esta isla

Heinrich Böll

Heinrich Böll / L.O.

El prestigio mundial y el reconocimiento público de Heinrich Böll se basa tanto en su literatura, con la que consiguió el Premio Nobel en 1972, como en sus actos: desertó del ejercito alemán y del nazismo para erigirse después de la guerra en una autoridad pública, la conciencia moral de Alemania, que desde su firme compromiso intelectual con los valores humanistas criticó con dureza las normas inhumanas del poder y defendió un orden social de justicia y libertad. Hay en él una extraordinaria combinación de participación política, creatividad artística e integridad moral que sigue siendo un ejemplo.

El compromiso literario de Böll, sus novelas y ensayos, impregnados de conciencia social, combativos y polémicos, han quedado relegados. Un mundo que ve con buenos ojos que un matón presidencial se pase el derecho internacional por la entrepierna para adueñarse por la bravas de un país, no puede ser receptivo a la literatura humanista y honesta de Böll que siempre defendió que «la literatura no debe ser nunca imparcial».

Por ello hay que saludar con fuerza inusitada que cumplidos los cuarenta años de la muerte del escritor en 1985, la editorial Nota al margen haya vuelto a publicar una de sus obras más queridas por él y más emblemáticas en el conjunto de sus trabajos.

Hablamos de ‘Diario irlandés’ que recoge en dieciocho textos la fascinación que Böll sintió por Irlanda desde su primer viaje en 1954 . El escritor se sintió seducido y admirado de los irlandeses, por la sencilla naturalidad de sus costumbres y de la dignidad para convivir con unas condiciones de vida rallanas en la pobreza.

En septiembre de 1954 Heinrich Böll emprendió el primero de sus tres viajes a Irlanda, que le sirvió para escribir ‘Impresiones de Irlanda’ que más tarde, tras sus otras estancias en la isla, se convertiría en ‘Diario irlandés’.

En la introducción a la presente edición, el escritor irlandés Hugo Hamilton nos describe el lugar al que llegó Böll en 1954, «un país que estaba todavía dormido; un lugar alejado ‘del centro’ donde la pobreza y la riqueza siguen estando en manos de Dios, donde la gente aún no ha despertado del profundo hechizo de la fe religiosa» y donde la emigración era la única salida para huir de la miseria.

Ahora la Irlanda de Böll quizá aún exista en zonas remotas; pero en realidad, ha desaparecido, desplazada por una sociedad completamente diferente: una sociedad cosmopolita, liberal y ya no tan devotamente religiosa como en la década de 1950, donde la gente ya no tiene que emigrar debido a la pobreza extrema, donde las tasas de natalidad han disminuido como en otros países europeos y donde los ingresos de la población son relativamente altos.

Heinrich Böll

Heinrich Böll / L.O.

Por ello, que ‘Diario irlandés’ siga encontrando lectores hoy en día se debe principalmente a la maestría lingüística de Böll. Ha podido conocer el país y sus habitantes con ojos y oídos agudamente observadores, se cautiva por la gente y el impresionante paisaje irlandés, y transforma lo que aprende en experiencias de lectura cautivadoras a través de su lengua. Los lectores perciben su amor por Irlanda, sus alegrías y sus tristezas, en muchas frases. Todo el diario es esencialmente una carta de amor a la isla, al clima lluvioso y riguroso del Mar del Norte, y al pueblo irlandés, que afronta la dureza de sus vidas a su manera, soportando el dolor pero también logrando pequeñas victorias.

Böll traduce magistralmente sus impresiones en relatos. No las presenta como una narración continua. Son más bien impresiones, anécdotas, observaciones y descripciones precisas, y representaciones narrativas repetidas y elaboradas.

En dieciocho capítulos breves y «deliberados», cada impresión, cada observación, se presenta y se realza hasta alcanzar su tipicidad: por ejemplo, la asistencia a la iglesia en Dublín, la vida en un pub de pueblo, la despedida de emigrantes, una visita al cine, un pueblo en ruinas. El texto no describe la continuidad temporal del viaje; simplemente lo deja fluir lentamente. Los capítulos, o mejor dicho, las imágenes, se inclinan unos contra otros para crear un efecto de contraste; su edición tiene una calidad casi cinematográfica; se complementan y se potencian mutuamente para él y su familia. Describe los paisajes, da vida a las personas y relata pequeñas historias conmovedoras, a veces dramáticas, que convierten la lectura en una auténtica aventura.

Así, relata que en Irlanda el tiempo parece tener un significado diferente al del continente. Las proyecciones de películas no empiezan a tiempo, sino solo cuando todos los sacerdotes se han reunido, lo que a menudo provoca retrasos considerables. Esta actitud relajada hacia la puntualidad queda perfectamente reflejada en el dicho: «Cuando Dios creó el tiempo, lo creó en abundancia».

Y en una de las escenas más conmovedoras, Böll describe los pies de Mary McNamara, una mujer que da a luz en la soledad de la costa. Estos pies, que trepan por las rocas, vadean ciénagas y se apoyan en los postes de la cama, son elogiados como «los pies más hermosos del mundo», símbolo de la adversidad, la ternura y la fortaleza de la vida irlandesa, arraigada en la fe.

Observa cómo los irlandeses han aprendido a vivir con la lluvia. Los autobuses funcionan incluso bajo una lluvia torrencial, y un extraño empapado que confunde una casa con un hotel es naturalmente bienvenido y tratado con hospitalidad. La lluvia es una presencia constante que moldea a las personas y fortalece su carácter.

Trece años después, Böll observa que Irlanda ha cambiado. En el texto ‘Los perros de Dukinella’ narra como esos perros, que antes ladraban y perseguían a todos los coches, se han acostumbrado a la modernidad y ya no corren tras ellos. Esta pequeña observación simboliza la transformación del país, que se está deshaciendo de sus viejos mitos y creando nuevas realidades.

Diario irlandés

  • Heinrich Böll
  • Editorial: Nota al margen
  • Traducción: Carlos Fortea
  • Precio: 18,90 €
  • 176 páginas
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