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Debut

Florence Knapp: cómo la elección de un nombre puede cambiarnos la vida

La británica Florence Knapp debuta con ‘Los nombres’, una obra impecable y perfecta, con un lenguaje potente y directo, donde se pregunta hasta qué punto la elección de un nombre u otro puede condicionar el curso de una vida

Florence Knapp.

Florence Knapp. / l.o.

Nunca he sido dado a enjuiciar el primer libro de un novelista debutante. Prefiero la cautela de esperar a ver futuros trabajos que corroboren o desmientan ese juicio inicial y me lleven a una valoración más certera, alimentada por ese recorrido mas amplio que permite evaluar con más seguridad sobre los méritos literarios del escritor.

La excepción, que siempre se suma a toda regla para desafiarla, está aquí en esta reseña a una primera novela de la escritora británica Florence Knapp y su libro ‘Los Nombres’. Me ha impresionado de inmediato el estilo narrativo, potente, directo y conciso de esta autora y su gran capacidad para transmitir con las mejores y mas sencillas palabras la historia de las pequeñas tragedias cotidianas que aquejan a sus personajes. Knapp plasma esta realidad con pinceladas demoledoras, grandes y pequeñas.

Leyéndola resulta difícil creer que ‘Los nombres’ sea la novela primeriza de esta autora toda vez que la sensación que transmiten sus páginas es la de estar leyendo una obra, no diré maestra, pero sí realmente impecable y perfecta.

Cora Atkin , la joven madre protagonista de esta historia, se pregunta hasta qué punto un nombre puede condicionar el curso de una vida; en realidad cree que el nombre que se le ponga a una persona puede influir en la vida de esta y que la repercusión de ese nombres lo acompañará durante toda su vida y tendrá un gran impacto en la vida de quienes los amen.

Estamos en octubre de 1987 y Cora se dispone a registrar el nombre de su hijo recién nacido. Tiene un marido controlador, abusivo y violento que no admite para su hijo otro nombre que el de Gordon, para continuar la larga tradición familiar de nombrar a los niños con ese nombre.

De camino al registro Cora fantasea con llamar a su hijo Julian, que significa ‘padre del cielo’. Lleva de la mano a su hija Maia, de nueve años que, al preguntarle su madre, responde que le gustaría llamarlo Bear (Oso) porque suena suave, tierno y amable, pero también valiente y fuerte.

Duda, pues conoce a su marido, un médico de cabecera muy respetado y querido por sus pacientes, pero violento e irascible en casa. Ella está acostumbrada a sufrir sus estallidos de furia cuando se deja una luz encendida o ha estado demasiado amable con un dependiente. Vive amparada en la sumisión e intentando no despertar la ira de Gordon, pero esta estalla cada vez que se tuercen sus órdenes y entonces la violencia explota y prende teniendo a Cora como víctima..

A partir de este inicio narrativo: el nacimiento de Bear/Julian/Gordon, la historia se divide en tres partes y seguimos el camino de cada uno desde su niñez hasta llegar a adulto. De niño a hombre. Se desarrollan tres narrativas alternativas con las que la autora trata de demostrar cómo la elección de un nombre influye en la vida de una persona, desarrollando tres vidas muy distintas para ella, para Maia y para el hijo, según el nombre elegido. Paralelamente hay una exploración muy profunda de las relaciones controladoras -las del médico sobre Nora- y cómo afectan a una familia.

A lo largo de estas tres historias temporales, las diferencias se vuelven más interesantes a medida que se reducen. Bear, la versión más libre, se convierte en una especie de excéntrico de la escuela de arte; seguro de sí mismo, querido, a veces insufrible. Julian, en cambio, es cauteloso y se aferra a su hermana en busca de calor. Gordon, por su parte, es el hijo obediente, paralizado por la obediencia ciega que impone el padre. Cada niño refleja no solo un nombre diferente, sino una reacción distinta al miedo. Y cuanto más profundiza la historia, con más elocuencia se ve cómo el nombre conlleva designios distintos para sus portadores. Bear se cree especial. Gordon se cree inadecuado, y así lo asume. Los personajes de Bear, Julian y el joven Gordon son completamente diferentes, igualmente cautivadores y creíbles, y sin embargo, son la misma persona. Cada uno tiene comportamientos distintos y se ven afectados de manera distinta tanto por los abusos de un padre violento y abusivo, como por los sucesos que les acontecen.

Ninguno de los caminos es demasiado fácil o perfecto, pero cada uno ofrece variadas satisfacciones y desafíos en forma de justicia, tragedia, autorrealización, satisfacción, confianza y esperanza.

En buena parte es así pues la Cora que decide, por el bien de su hijo, enfrentarse a su brutal marido, no puede garantizar su propia seguridad y felicidad futuras, ni la de sus hijos, como tampoco la Cora que busca protegerlos apaciguándolo. Un niño que crece sin conocer a su padre lleva una carga diferente a la de un hijo cuya familia está destrozada por la violencia, y una carga aún diferente a la del niño que sufre acoso implacable en casa; pero los tres están profundamente moldeados por su experiencia. Los tres, al enfrentarse a las posibilidades del futuro, deben afrontar su pasado emocional.

‘Los nombres’ tiene una lectura a la vez devastadora y profundamente humana. De nuevo tenemos que subrayar que se trata de un debut potente y original; un libro que plantea al menos tantas preguntas como respuestas.

Los nombres

Autora: Florence Knapp

Tradución: Aurora Echevarría Pérez

Páginas: 352

Precio: 20,90 €

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