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El Parnaso

Faustino Lobato: La humana luz del verso siempre vence

El título ‘Donde el alma ignora’, autoría de Faustino Lobato Delgado, cuenta con ilustraciones de Juan Manuel González, está prologada por Fernando Jaén, Luis Oroz y Sandra Martínz y editada por el sello valenciano OléLibros

Faustino Lobato
La humana luz del verso siempre vence

Faustino Lobato La humana luz del verso siempre vence

José Antonio Santano

José Antonio Santano

Escribe Gonzalo Rojas en su libro antológico ‘Todavía’: «A los poetas que me oigan les digo: escriban en el viento, no transen. No sean míseros escribas al servicio de la publicidad vergonzosa, libretistas de show, mercaderes de la estulticia mañana, tarde y noche. Dejen eso a la fanfarria. Apuesten el seso a las estrellas, aunque no los oiga nadie. ¿Quién oyó en su día a Hölderlin, a Baudelaire, a Vallejo? ¿A Celan quién lo oyó? Sólo la marginalidad nos hace libres.

Lo demás es estruendo, disipación y estruendo. Premiors, becas, renombre aquí o allá: polvo efímero. Da risa tanto divo en el corral». Y es que, ciertamente, no se equivoca el poeta chileno y Premio Cervantes con su comentario, porque a día de hoy siguen existiendo poetas de renombre cuya mediocridad creadora es tan patente como su fama, por mucha que sea su cercanía a ciertas camarillas o cenáculos que detentan el poder literario. Afortunadamente, son muchos más los poetas que, desde la periferia o marginalidad, nos asombran con su buen hacer, claramente manifiesto en obras que relucen por su profundidad y estilo, concediéndonos así la posibilidad de adentrarnos en el verdadero ser del hecho poético. Una de estas sólidas propuestas poéticas nos llega desde Extremadura, tierra de excelsos vates, bajo el título ‘Donde el alma ignora’, autoría de Faustino Lobato Delgado, con ilustraciones de Juan Manuel González, prologada por Fernando Jaén, Luis Oroz y Sandra Martínz y editada por el sello valenciano OléLibros.

El poeta de Almendralejo (Badajoz) posee ya una obra muy consolidada, con libros como ‘El nombre secreto del agua’, ‘Las siete vidas del Gato’, ‘La sorpresa de lo humano’, ‘Notas para no esconder la luz’, ‘Sin razón previa’, ‘En el ángulo incierto del espacio’, o ‘En el alfabeto del tiempo’, entre otras. Así mismo, aparece en numerosas antologías y funda en Badajoz, junto a otros escritores, la tertulia literaria Página 72.

En la poesía de Lobato Delgado hallamos siempre la huella luminosa de lo cotidiano, de lo que nos es vital como la respiración, el espacio, la luz o el alma humana, elementos aglutinadores de una extensa percepción del mundo: «Aquí no hay derrota, / solo silencio. / Intuyes que la humanidad / siempre vence». ‘Donde el alma ignora’ nos presenta un viaje vivencial difícil y sombrío dentro de su propia luminosidad interior, el verdadero tránsito hacia otro espacio y otra luz distinta y desconocida, nos abre las puertas de otra dimensión en la que el poeta se aferra como se aferra a la vida: «Cada vez más frágil, / sin palabras, / ante el misterio / que me circunda». Vivir con el dolor, la enfermedad en una habitación de hospital permite al poeta ahondar y abismarse en la umbría de un tiempo con espinas y a la vez sentir el latido del mundo; abrir el corazón de los sentidos y comprobar que el silencio es cómplice de su propio tránsito: «Cuando el dolor atraviesa el alma / y la fragilidad de la carne lo rechaza, / el cuerpo tiembla / y el temor de no saber / atenaza». ¿Es el tiempo o el miedo el enemigo a vencer? Y el poeta responde, se agita y se desnuda. Necesita entender y entenderse en su propia oscuridad, en su acendrado silencio para ser también más humano: «Esta pesadilla es una sombra / que recorta sus grises extremos / en la frontera de la sangre / y alimenta / los monstruos del miedo». Nada es lo que parece. La estancia es la nada y el vacío, la muerte reflejada en las paredes, una hebra de tiempo, la débil figura de la espera, quizá la noche disfrazada de sueños, una partícula en el aire, un nuevo tránsito hacia la luz: «Nunca entenderé / cómo surge lo desconocido / ni cómo lo extraño / se vuelve próximo. // Por qué permanecer / en la superficie de lo aparente. / Importa salir de la caverna / y dejar que la verdad / te deslumbre». ¿Habitar el abismo de lo desconocido o regresar al entorno cotidiano? La respuesta estaría vinculada con dos espacios principales en el desarrollo de la obra: el hospital, en su correspondencia con el tránsito, y, la casa, como regreso al hogar, refugio de lo vivido y por vivir, pleno de sonidos y colores: «Volver a casa, a los paisajes de costumbre, a las voces diarias me devuelve a la confianza. Volver al ritual del habitáculo común donde todo tiene la marca de saberme. Exhalar el pulso de lo cotidiano que emociona. Atravesar a frontera de la rutina, impedir el desastre de olvidar lo mínimo, lo pequeño, y abrazar lo humano». Tras de la incertidumbre y el vacío Lobato necesita regresar para reencontrarse consigo mismo, hasta muy poco un ser desconocido, aunque habitara en su cuerpo, y redescubrir así los múltiples sonidos dentro y fuera de la casa: «Me abandono al ruido de la calle, / a la extrañeza de la costumbre, / a la turbación del desconcierto. / Mi cuerpo, la gravedad de los sonidos, / una estrofa por terminar. // La casa». El hombre y el poeta se rebela entonces ante todo y siente que no es él si no habita en el otro, que no es nada sin su luz y temblor, sin su presencia: en el temblor de los otros, tiemblo: «Hay mañanas que el otro es / esa parte de ti / que refleja / lo que no quieres, / la naturaleza al revés, / la protesta / que no deseas expresar…Hay mañanas / que regalan un encuentro / con los otros y sus historias, / con el transeúnte que te cruzas por la calle; / con el vecino que cierra el portal sin saludarte»; así «el temblor que sorprende: «Me sorprende este milagro / de vivir y saborear el instante; / de ignorar lo que guarda el mañana / y no tener miedo; / de mantener el dolor en este viaje / de inviernos; / de sentir a los otros y temblar / como quien pisa un terreno sagrado».

Evidencia la poesía de Faustino Lobato la pura emoción de vivir, que lo es todo, y en ese itinerario su palabra alumbra y reconforta, abre el corazón al mundo, hasta escucharse «el silencio de las horas… El silencio, / este oasis / que escapa de la calle / y del ruido, / pero no de la luz». Con estos versos concluye ‘Donde el alma ignora’, una obra difícil de olvidar, que profundiza en la condición humana y nos brinda la oportunidad de conocer al gran poeta que es Faustino Lobato Delgado.

Donde el alma ignora

Autor: Faustino Lobato Delgado

Editorial: Olé Libros

Páginas: 202 páginas

Precio: 16,35 €

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