Anagrama
Julian Barnes se despide
Con ‘Despedidas’, que acaba de publicarse en España, Julian Barnes , una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirma que este será el último libro de su exitosa carrera. En el reflexiona con prosa brillante y elegante sobre el amor, la muerte y la memoria

Julian Barnes en 2019 / WanderingTrad (Wikipedia)
Con ‘Despedidas’ que acaba de publicarse en España, Julian Barnes , una de las figuras centrales de la literatura contemporánea en lengua inglesa, confirmó que este será el último libro de su exitosa carrera. El título está especialmente escogido. Es la última entrega de una carrera literaria de 45 años, que abarca novelas y relatos, memorias y ensayos, biografías, relatos de viajes, traducciones e incluso algo de novela policíaca bajo seudónimo. Lo escribe en las primeras páginas de ‘Despedidas’ y lo reitera ya casi al final: «Este será mi último libro, mi despedida oficial, mi postrera conversación contigo».
¿Por qué deja la pluma ahora? A sus ochenta años recién cumplidos y con un cáncer en la sangre «incurable pero controlable», no ve que su vida corra peligro inminente; pero entiende que ya ha dicho todo lo que quería decir. Hay aquí una especie de rien ne va plus, de cierre y culminación de mas de cuarenta años de talento literario que, a decir de Barnes, ya cumplió por demás.
Con todo, ‘Despedidas’ sigue ese tono de experimentación de diversas maneras y formas narrativas, mezclando ensayo, ficción y meditaciones, todo ello con esa prosa discreta y elegante que es marca de la casa, componiendo con ello una meditación reveladora sobre el amor, la muerte y la memoria.
El primer capítulo, ‘El gran I AM’, es un ensayo sobre la memoria y la identidad, inspirado en el informe médico de un paciente que, tras un ictus cerebral padecía IAM (memoria autobiográfica involuntaria): cada vez que comía un pastel, recordaba todos los demás que había comido. Barnes se sirve de este insólito caso para filosofar sobre cómo la memoria es identidad de manera que todos los recuerdos almacenados en nosotros conformarían lo que somos y hemos sido. Fantasea sobre si se pudiese hacer un orificio preciso en el cráneo para provocar la liberación de nuestros recuerdos. Y ello le lleva a preguntarse ¿tu querrías saberlo todo de ti? Barnes recurre inevitablemente a Proust y a la escena de la magdalena mágica de para hacernos ver que frente a esa memoria involuntaria y autobiográfica, existe esa otra de la que habló Proust, la memoria voluntaria que es la memoria de la inteligencia, la que permite recordar cosas olvidadas y felicidades olvidadas, comenta con cierto sarcasmo.
Luego, en ‘El principio de la historia’, Barnes sigue entrelazando sus memorias para contarnos la historia de su participación en la relación de otra pareja, una de sus triangulaciones favoritas. A mediados de la década de 1960, cuando estudiaba en Oxford, presentó a otros dos estudiantes Stephen y Jean -a quienes conoció por separado- en un café. Se enamoraron, pero al acercarse el final de la vida universitaria, cada uno le dijo que necesitaba casarse o separarse. Se separaron, y Barnes perdió el contacto con ambos durante los siguientes cuarenta años.
Cuarenta años después, Barnes recibe una carta de Stephen titulada ‘Una voz del pasado’. Quedan para tomar algo y Stephen, divorciado, le pide a Barnes que le ayude a reencontrarse con Jean, quien nunca se casó. Barnes, consigue volver a reunirlos en el mismo café del mercado de Oxford, y su romance se reaviva.
El escritor se había comprometido consigo mismo a no escribir nunca sobre esta pareja y sus vicisitudes. Él fue su padrino de bodas. Pero, aunque el sexo es estupendo, «fantástico», que dijo ella, la pareja nuevamente fracasó y el matrimonio, como ocurre en muchas ocasiones similares, se rompió llevando a Barnes a romper su juramento, aunque solo lo hizo después que ambos hubiesen fallecido. La reflexión versa sobre el amor y sus constantes peligros para fraguar y del papel que él jugó en esa historia. «Había tratado a Jean y Stephen como si fueran personajes de una de mis novelas», dice con culpa.
‘Despedidas’ termina de forma hermosa y esperanzadora, con Barnes imaginando la imagen de un escritor (él) y un lector sentados en la terraza de un café de una ciudad indefinida y un plan indefinido, con una bebida fría ante ellos contemplando las numerosas y diversas expresiones de vida que desfilan delante. Espera que el lector haya disfrutado de la relación durante años. «Tu presencia ha sido un placer; de hecho, no sería nada sin ti. Así que voy a descansar un momento a mano en tu antebrazo -no, no dejes de mirar- y después me esfumaré».
Lo esperanzador es que poco antes revela también que ha llevado un diario durante más de 50 años, lo que alberga la ilusión de que pronto podremos ver convertido en libro ese diario.
‘Despedidas’ no puede considerarse su mejor libro. Tuvo más profundidad en sus reflexiones sobre la memoria o el olvido en libros como ‘Nada que temer’ o ‘El sentido de un final’; pero ‘Despedidas’ es un libro muy suyo, muy cercano a todo lo que ha venido escribiendo sobre el amor, la muerte y la memoria. Una mezcla de ensayo, memorias y relato -no llega a ser una novela-, reflexiona sobre los misterios del amor y el sexo entre eruditas referencias a la cultura francesa tan del gusto del escritor.
Aborda de forma aleccionadora esos temas que se aparecen cuando va llegando el final de una vida Barnes tiene siempre una mirada particularmente interesante y personal sobre los temas que analiza y una inteligencia brillante para exponerlos de manera que resulten atractivos de leer y sobre todo provechosos. Con eso nos quedamos y en espera de sus diarios.

Despedidas
- Julian Barnes
- Editorial: Anagrama
- Traducción: Jaime Zulaika
- Precio: 18,90 €
- 216 páginas
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