Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Borges

Cuarenta años después Borges sigue ahí

Este 2026 se cumplen cuatro décadas del fallecimiento del autor, del que Alfaguara publicará sus obras completas en varios volúmenes

Cuarenta años después Borges sigue ahí

Cuarenta años después Borges sigue ahí / L.O

Santiago Ortiz Lerín

Santiago Ortiz Lerín

Este 2026 se cumplen cuatro décadas del fallecimiento de uno de los grandes tótems de la literatura en español. Alfaguara publicará este año sus obras completas en varios volúmenes. Empieza publicando en tres volúmenes sus cuentos, una oda a la imaginación, además de su poesía completa y nueve de sus ensayos

«Ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres (...)», así lo escribió en un prólogo quien desde el año 1986 ocupa la tumba 735 del Sector G del Cimetière des Rois en Ginebra. Es el mismo que en una quinta de Ramos Mejía, en Buenos Aires, descubrió junto a su amigo Bioy la existencia de un volumen apócrifo en The Anglo-American Cyclopaedia donde se hace referencia a un lugar fantástico llamado Uqbar. Su espíritu es hoy para la literatura como el de A Bao A Qu en la Torre de la Victoria en Chitor -la India-, un espíritu dormido a los pies de una escalera que sube a lo alto de la torre, cuando un visitante con un espíritu puro asciende hasta el último piso, entonces, el A Bao A Qu se hace visible irradiando una «viva luz azul». Es la primera de las criaturas que describe en ‘El libro de los seres imaginarios’, uno de sus libros más singulares. En la lápida de la tumba 735 hay grabados en piedra siete guerreros durante un asalto vikingo en la alta edad media. A diferencia de la tumba del soldado desconocido, sabemos quién es el de la 735, que en 1979 recibió el Premio Cervantes. Y también que en las reuniones de la intelectual argentina Victoria Ocampo conoció a Bioy Casares. Su primera publicación fue el libro de poemas ‘Fervor de Buenos Aires’. Junto a Bioy y su esposa Silvina Ocampo -hermana de Victoria Ocampo-, publicó la formidable ‘Antología de la literatura fantástica’, pero donde destacó especialmente fue en narrativa breve, su primer libro de cuentos fue ‘Historia universal de la infamia’, aunque otros fueron más celebrados, como ‘Ficciones’ y ‘El Aleph’.

Dicen que fue María Kodama quien encargó la talla de la lápida con esos misteriosos vikingos en un cementerio suizo. El de la 735 nació en Buenos Aires en 1899 y murió en Suiza el 14 de junio de 1986, por eso Alfaguara publica ahora la obra de Borges en varios volúmenes, un homenaje a una de las cimas de la literatura en español. Borges recordaba en una entrevista cuando Cervantes cuenta la muerte de Don Quijote, dice que dio su espíritu, es decir, que murió. Una forma poética de describir la muerte que emocionó a Borges, cuyo espíritu literario continúa vivo en la literatura universal.

Uno de los países literarios en el imaginario de Borges y de Bioy es el que tiene nombre de uno de los grandes ríos del Cono Sur, la República Oriental del Uruguay, donde Borges ubica cuentos como ‘Funes el memorioso’ o ‘El muerto’, y Bioy la fuga del protagonista de ‘La trama celeste’. La simbiosis entre Borges y Bioy llega al punto que los protagonistas de ‘Funes el memorioso’ y ‘La trama celeste’ se llaman Irineo, pero sobre todo en el Buenos Aires figurado de Borges en su cuento ‘El libro de arena’ y de nuevo en ‘La trama celeste’ de Bioy. La vinculación de Borges con Uruguay es a través de su familia materna. Leonor Acevedo Suárez, su madre, una mujer culta y traductora de la literatura de Mansfield y Balzac, fue un pilar esencial para Borges. Hay un paralelismo potente con Julio Cortázar, cuya madre también fue traductora. La vinculación entre Borges y Cortázar, a pesar de los quince años de diferencia de edad, y de que el primero fuese un antecedente del Boom latinoamericano, y el segundo un pilar fundamental de este evento cultural a la altura del Siglo de Oro o los rusos del XIX, pero fue Borges quien publicó por primera vez en una revista literaria el cuento ‘Casa tomada’ de Julio Cortázar, los dos escritores de cuento más significativos de la literatura en español.

En la tumba 737 se encuentran los restos de Griséldis Réal, en cuyo epitafio dice: escritora, pintora, y prostituta. Un contraste que humaniza ese entierro literario de uno de los grandes escritores del siglo XX, donde la muerte iguala a todo el mundo. Una década después de la muerte de Borges, Antonio Tabucchi jugó con la idea de que el mismo Borges nunca había existido, que fue un invento de intelectuales argentinos y quien lo representaba era un actor, digamos, algo parecido a la película ‘El hombre que mató a Don Quijote’ de Terry Gilliam, en la que un actor acaba creyendo que es el mismo Don Quijote. Una historia que bien podría haber salido de la misma imaginación de Borges, de hecho, él mismo aparece como personaje en algunos de sus cuentos. La técnica del narrador amanuense es una de las características de Borges, su estrategia narrativa es que él conoce una historia y se la cuenta al lector. Borges es, posiblemente, el escritor más personaje de todos los que hubo en el mejor sentido, no tenía que disfrazarse ni hacer un papel en eventos literarios, él está en sus cuentos, es el narrador amanuense, es el creador de un universo. Su voz narrativa es la del lenguaje de la conversación, decía, repudia el lenguaje barroco, propio de escritores vanidosos o que aún no han pulido su técnica, sabe manejar lo erudito y un sentido cosmopolita de la literatura, lo intertextual, es decir, textos que aluden a otros textos, aunque sean apócrifos.

Harold Bloom, estudioso del canon del cuento, señala que la fama de Borges se basa en sus ficciones, pero que también fue un poeta notable, influido, entre otros, por Edgar Allan Poe o Walt Whitman. En esta edición conmemorativa de Alfaguara se recoge en su volumen más extenso ‘Poesía completa’ de Borges, en cuyo prólogo dice «yo creí alguna vez que el verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé que es más arduo y que requiere la íntima convicción de ciertas páginas de Carl Sandburg o de su padre, Whitman».

El volumen de ensayos recoge nueve libros desde ’Inquisiciones’ hasta ‘Historia de la eternidad’, pero en el imaginario de Borges destaca Evaristo Carriego, por su conexión con el arrabal, con el suburbio de Buenos Aires elevado a la literatura, una influencia fundamental en el imaginario de Borges. En estos ensayos se reflejan sus preocupaciones, el tiempo, el infinito, la identidad, y la literatura. Esta antología sobre la obra de Borges, sin embargo, no incluye sus obras en colaboración con otros escritores, como la narrativa con Adolfo Bioy Casares, «Alias. Obra completa en colaboración» que Penguin Random House publicó en 2022 con su sello Lumen, o las mencionadas antes, ‘Antología de la literatura fantástica’ en colaboración con Bioy y Silvina Ocampo, y ‘El libro de los seres imaginarios’ con Margarita Guerrero. También cabe destacar el libro inédito de Borges que Lumen publicó en 2016, treinta años después de su fallecimiento, ‘El Tango’, que no es un libro escrito por él mismo, sino la transcripción de conferencias que fueron grabadas con un magnetófono y que impartió, entonces, sobre este género musical del folklore rioplatense, una excusa para contar oralmente la historia del tango, donde Borges relata anécdotas que parecen cuentos, y con un lenguaje oral superior al de muchos cuando escriben. Es su reivindicado lenguaje de la conversación, una brújula literaria frente al lenguaje lírico o barroco en la narrativa.

Uno de los cuentos de Borges conecta con la historia medieval de España, ‘La busca de Averroes’: «Abajo estaban los jardines, la huerta; el atareado Guadalquivir y después la querida ciudad de Córdoba, no menos clara que Bagdad o el Cairo, como un complejo y delicado instrumento, y alrededor (esto Averroes lo sentía también) se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno». Un cuento donde Averroes se propone interpretar los libros de Aristóteles, y donde consulta copias de calígrafos persas. En el cuento ‘El libro de arena’ Borges juega con la metáfora «prisionero del libro», que un vendedor de Biblias vende al protagonista, un libro que compró en la India, y del que el protagonista del cuento quiere deshacerse abandonándolo en los estantes de una biblioteca porque es un libro sin principio ni fin que le atormenta. Ese juego metaliterario y psicológico da profundidad a la narrativa borgiana, pero sobre todo en ‘El Aleph’, donde se produce ese juego fantástico en el decimonoveno escalón, en el sótano de una casa en la calle Garay de Buenos Aires, donde se halla una esfera fulgurante en la que confluyen todos los lugares del mundo y el tiempo, o el anticuario de Esmirna con un español de Salónica y portugués de Macao en ‘El inmortal’. Es la magia de su imaginación, la construcción de fantasías y juegos mentales.

Esos vikingos de la lápida del Cimetière des Rois en Ginebra recuerdan a una obra anónima del siglo XIII en la literatura nórdica, la ‘Saga de Egil Skallagrimsson’ prologada por Borges en su famoso libro de prólogos -’Biblioteca personal’, Alianza Editorial-, donde dice: «Egil Skallagrimsson fue un guerrero, un poeta, un conspirador, un caudillo, un pirata, y un hechicero», y que de algún modo lo sea también en la literatura quien descansa en esa tumba, el mismo que decía: «El mundo desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges».

Tracking Pixel Contents