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Editorial Renacimiento

Max Aub: radiografía del regreso nunca resuelto

El escritor Max Aub

El escritor Max Aub / L.O

Francis Mármol

Francis Mármol

Definitivamente Max Aub es otro de esos sinsombrero que les quedan mal acomodados a nuestras letras en el siglo pasado. Un autor que puede codearse, continentalmente hablando, por el trazo incisivo y indeleble de su humano verbo, con los grandes nombres de la creación internacional de la pasada centuria y que en la praxis anda colándose por entre los nombres canóninos de la llamada Generación de Plata de las letras españolas como un injusto polizonte.

La obra de Aub como su propio autor reivindicó «fue escrita para quedarse», para dejar testimonio de un tiempo colmado de ignominias como la Segunda Guerra Mundial, La Shoá, la Guerra Civil Española, los campos de concentración y el exilio. Por todos esos caminos transitó su literatura y su vida, y por todos ellos los ha vigilado, auscultado y radiografiado José-Carlos Mainer, uno de lo mejores críticos literarios españoles, que se propone con el ensayo ‘Max Aub. La vida en juego’ rescatar su enorme contribución al pensamiento de España desde la diáspora, como novelista y pensador de otro país posible, que como contrapartida nunca terminó de abrirle los brazos. Al menos como él esperaba.

El capítulo inicial titulado ‘Max Aub de regreso’ se encabeza con una cita célebre de La gallina ciega, obra de 1971 del mismo autor: «Regresé y me voy. En ningún momento tuve la sensación de formar parte de ese nuevo país que ha usurpado su lugar al que estuvo aquí antes; no que le haya heredado. Hablo de hurto, no de robo. Estos españoles se quedaron con lo que aquí había, pero son otros. Entiéndase: claro que son otros, por el tiempo, pero no sólo por él: es eso y algo más». Pocas veces habló tan claro.

Este fragmento que evidentemente tiene mucho de sentir autobiográfico marca bastante bien las coordenadas del ensayo de Mainer que no reduce la investigación a la recopilación de una vida en la que se ha cruzado demasiadas veces con este autor judío, de origen alemán, nacido ya en la diáspora francesa y que acabó viviendo en España, en Valencia su juventud, sus mejores años sentimentales y profesionales con la República, abortados para siempre por el Golpe de Estado de 1936 que le hacen huir a Francia, acabar encarcelado en Argelia y en camino del exilio a México vía Marruecos. Toda una odisea vital.

Para comenzar, podríamos decir que desde una vida novelesca, lejos de ser un narrador nato su obra transita por los centros del ensayo, la historia e incluso el informe sin poder dejar de decir que ha sido uno de los autores que mejor ha contado nuestra guerra incivil. Ahí está su hexalogía de El laberinto mágico. Una vida paralela a la suya y de igual trascendencia puede ser la de Andre Malraux, con el que acabó trabajando en el filme ‘Sierra de Teruel’, en plena contienda española. Son dos de los primeros novelistas políticos de este siglo. Y el crítico resalta esto desde el principio para dimensionar su trascendencia.

La poliédrica mirada de Mainer no tiene solo para sus colegas de trinchera también para su temática alrededor de lo heroico más que de lo existencialista. Y por ello gusta más que lo comparen con los Hemingway, Ehrenburg, Koestler, Brecht, Faulkner y O’Neill. Más en el testimonio que en la bajada de brazos de los Sartre o Camus. Y en reflejar la función del arte en su tiempo como bien se encarga de trazar en otra de sus grandes obras, ‘Jusep Torres Campalans’. Donde se empareja más a Picasso y se separa de lo frívolo burgués de la segunda etapa de las vanguardias. Aub siempre quiso ir a lo mollar, al tuétano.

La antiespaña con la que se le emparentó imprecisamente, sus cosmopolitas orígenes o su difícil adscripción a una corriente clara dentro de la izquierda ideológica o política española también forman parte de esta variada recopilación de artículos en los que se examinan a fondo sus dilemas internos y sus fieles devociones. Mainer nos apunta también a que sus parientes más cercanos en nuestras letras son los Quevedo o Valle, «porque el escritor sabía que el destino de España era vivir al borde de los riesgos e intuía que la respuesta era asumir esa danza de la muerte».

Para reflejar su tiempo, el que va del desastre de Wall Street a Hiroshima construye muertos inmortales de nuestra Guerra, héroes que no lo saben que lo son y eso lo tiene que mezclar con los vaivenes que le da la vida, con su exilio, el conocimiento desde la distancia del holocausto, la sangría universal de la segunda guerra y una posterior Guerra Fría en la que no sabrá muy bien si es socialista convencido o descreído ocasional del comunismo que ya enseña la patita.

Se tiene que mover escribiendo sin impostura ni grandilocuencia para los pocos que le leen (se editó más de una vez) creyendo en dos conceptos que se pudren hoy; la libertad y la igualdad, compatibles con la escritura de novelas que den fe de lo sucedido. Sin moralizar al lector.

Además tiene el eco de haber vivido un paraíso perdido en algún momento y sentir después una etapa de cobardía moral. Sin tapujos se lamenta en una carta a Vicente Aleixandre: «Acabo de leer las cartas de Machado a Don Miguel (de Unamuno). ¡Qué sólo nos dejaron! ¿Quién les llega hoy a los calcañares? Pobre España». Cuando vuelva a España de su exilio en 1969 dirá: «¿Es cualquier novelista de ahora superior a Baroja o Galdós? ¿O cualquier poeta a Federico o Juan Ramón Jiménez?». Ninguno de ahora ha estado en el trance de la cárcel o de muerte, sostendrá. Y no le faltará verdad.

Max Aub: la vida en juego

  • José Carlos Mainer
  • Editorial: Renacimiento
  • Precio: 18,91 €
  • 223 páginas
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