Periodismo
El buen periodismo
En ‘Los suicidas del fin del mundo’, que ahora reedita Anagrama, Leila Guerriero empezó a demostrar por qué es probablemente la mejor periodista literaria en lengua española, transformando el reportaje en una gran pieza literaria

Leila Guerriero.

De entre todos los géneros periodísticos, el reportaje es el más maleable, el que permite mayores licencias estilísticas y el que, pese a estar basado en la actualidad, tiene más posibilidades de supervivencia. Aunque el término reportaje tiene antecedentes muy claros (aparece entre 1900 y 1920 como una mezcla de noticias y literatura donde la descripción era clave para el proceso de narración), se ha tratado de definir en muchas ocasiones, desde la lacónica entrada del DRAE de 1970, primera vez que el diccionario acoge esa voz, que lo señalará como «trabajo periodístico de carácter informativo, referente a un personaje, suceso o cualquier otro tema», a la muy brillante, y a mi juicio definitiva, de Begoña Echevarría Llombart: «reportaje es el texto periodístico fruto de una investigación profunda mediante el cual el periodista describe, explica, informa, relata, analiza, compara e interpreta (…) Antecedentes, contextualización, análisis, reacciones e interpretaciones son esenciales en este género. La consulta y contraste de múltiples fuentes, el empleo de diversas estructuras textuales, así como una amplia libertad de recursos expresivos, lingüísticos y formales, convierten a este género en un texto de autor». Vayamos ahora al párrafo cuarto de la página 109 de ‘Los suicidas del fin del mundo’, en la reciente reedición que Anagrama ha hecho de esa obra de Leila Guerriero, donde, ante el paisaje desolador que la rodea, afirma: «Afuera los árboles grises parecían hechos de plumas, de alas muertas, arañados por una fuerza con malas intenciones». Pues sí, así, exactamente así.
Los suicidas del fin del mundo
Otra de las características de un buen reportaje es resistir el paso del tiempo. Una clara prueba de ello es este libro de Guerriero. Escrito en 2005, sigue siendo válido, vigente, sigue estando vivo. Guerriero viaja a Las Heras, en la Patagonia Argentina, donde se han producido una docena de suicidios de jóvenes en el espacio de año y medio. Las Heras es una pequeña ciudad surgida de la explotación petrolera y que agoniza tras la pérdida de la prosperidad. Un lugar de no retorno, un fin de todo: «Acá, si no sos muy fuerte, si no tenés mucho empuje, se te van apagando las ilusiones. A veces, no te creas… yo creo que esa idea de quitarse la vida la ha tenido todo el mundo. Es que te cansa, Esto te cansa» (página 115).
El concepto clave del filósofo Michel Foucault es el de la «heterotopía», un concepto que describe espacios reales pero «otros», lugares que existen dentro de la sociedad pero que funcionan de manera diferente a los convencionales, creando rupturas, espejos o contrarios a las normas, tales como un cementerio, un hospital o una cárcel, que albergan lógicas y significados dispares y a menudo contradictorios a los del entorno común. Son contraespacios que desafían la utopía y el espacio ordinario, revelando otras formas de organización y poder, y permitiendo experimentar la realidad de manera intensificada o ilusoria. Esa ciudad, Las Heras, responde punto por punto a la descripción de Foucault. Las Heras es un «no lugar» donde se opera bajo una lógica distinta porque presenta fisuras, contradicciones y posibilidades de entender el espacio y la sociedad de maneras alternativas.
Y en medio de ese lugar, Guerriero trata de encontrar respuestas. Busca la razón de los suicidios y lo que acaba retratando es el pueblo, su gente, unas vidas que están tan fuera de las nuestras que casi no las podríamos imaginar. Guerriero despliega todo su talento para contarnos esta historia que finalmente resulta inexplicable, pero no es su intención explicarnos nada. Leila Guerriero, siguiendo los pasos de Martín Caparrós, mira a su alrededor y ve lo que no ve nadie más, y luego reconstruye aquello que su mirada ha visto, dándole al lector informaciones para que pueda reconstruir el sentido, pero no dándole el sentido.
Son varios autores los que han insistido en el carácter visual del espacio en el periodismo literario, cuya característica principal es mostrar con palabras para permitir al lector adentrarse en las escenas y sentir lo que el autor percibe de ellas, algo que es especialmente patente en este libro de Guerriero, donde crea una atmósfera que acerca al lector a lo que ella siente al estar en presencia de un entrevistado o en el lugar de los hechos.
Todo eso se encuentra en ‘Los suicidas del fin del mundo’, una obra que es considerada como fundacional en la carrera de Leila Guerriero, posiblemente la mejor periodista literaria en lengua española.

Los suicidas del fin del mundo
Autora: Leila Guerriero
Editorial: Anagrama
Páginas: 584
Precio: 18,90 €
Frutos extraños. Edición definitiva
El universo periodístico de Leila Guerriero no alcanza solo al reportaje. Es una magnífica columnista y también ha impartido brillantes conferencias. Un poco de todo eso se recoge en el volumen ‘Frutos extraños. Edición definitiva’, que acaba de publicar Alfaguara. Entre sus textos encontramos un buen puñado de reportajes y algunas entrevistas «arreportajadas», como las de María Kodama, viuda de Borges, Facundo Cabral o Ricardo Darín, y textos íntegros de algunas conferencias.
El libro se divide en tres partes, además de un preámbulo titulado ‘Mi diablo’ y una coda, ‘Música y periodismo’. De las tres partes, la más extensa es ‘Crónicas y perfiles’, que junto a la de ‘Sobre el periodismo’ son las más jugosas. En ellas encontramos a la exquisita escritora que es capaz de penetrar en la personalidad de sus entrevistados a fuerza de crear una atmósfera, haciéndonos ver el entorno. Guerriero es texto y contexto, todo a la vez, un ámbito que hace simultáneamente periodismo y literatura, que nos reconcilia con eso que casi está perdido, que casi no existe ya, que es el periodismo bien escrito, alejado del corsé de las normas que a veces lo castran, lo anulan, lo empobrecen. Adentrarse en los reportajes de Leila Guerriero, en cualquiera de sus perfiles de personajes, famosos o no, es recuperar el gusto por el periodismo de alto nivel, aquel que, como ella misma expone en ‘Sobre algunas mentiras del periodismo’, ya apenas se encuentra porque «la crónica es un género que necesita tiempo para producirse, tiempo para escribirse y mucho espacio para publicarse (…) pocos medios están dispuestos a pagarle a un periodista para que ocupe dos o tres meses de su vida investigando y escribiendo sobre un tema (…) porque pocos medios están dispuestos a dedicarle espacio a un texto largo ya que, se supone, los lectores ya no leen». Y tiene razón. Pero también es cierto que sigue habiendo una inmensa minoría de lectores que permanecemos fieles al buen periodismo, como el que Guerriero ofrece.

Frutos extraños
Autora: Leila Guerriero
Editorial: Alfaguara
Páginas: 176
Precio: 21,75 €
- La borrasca Marta afloja este domingo en Málaga pero mantiene activa la alerta amarilla en Ronda
- Cierra el bar El Diamante: adiós a 77 años de desayunos en el Centro de Málaga
- Ni lujos ni etiquetas: el refugio de Málaga con tapas caseras gratis que conquista a los amantes de la cuchara
- Los resistentes de la calle Alfambra de Málaga: Joyería Vasco y Bar los Cuñao, los dos negocios que persisten desde su construcción
- Martiricos o Universidad: ¿Qué ubicación de Málaga es mejor para la construcción de la Nueva Rosaleda?
- Los embalses en Málaga superan los 445 hectómetros: tiene reservas de agua para tres años
- Preocupación en la Serranía ante la amenaza de desbordamiento de la presa de Montejaque
- El pueblo de Málaga que se convierte en una feria gastronómica con su Fiesta de la Matanza: con 5.000 degustaciones gratis y guisos a fuego de leña