Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Prosa

Elisabet Riera y la cuestión de las alas

Elisabet Riera, a través de 'Los alados', explora el simbolismo y las experiencias personales vinculadas al vuelo, desde la mitología hasta la ciencia, con una prosa erudita y una estructura autobiográfica

Elisabet Riera

Elisabet Riera / L. O.

Lucas Martín

Lucas Martín

La belleza no es nada sin osadía. La literatura, quién sabe, puede que tampoco. Las malas lenguas, y todo el final del siglo XX quizá no sea otra cosa que una de ellas, acaso la más amenazante, se distinguen más por lo que pervierten que por lo que destrozan, por su capacidad para descabalar lo que tenía sentido y reducirlo a un amasijo de banalidades. Estar cansado, decía Cernuda, tiene plumas. Y de toda la fatiga y el rodillo de la convención lo único que podemos sacar en claro es que la paloma se equivocaba. Si en literatura existen temas difíciles de abordar son, sin duda, los que afloran con las metáforas esenciales y las visiones primarias. Volar, de Ícaro al abejorro, del zepelín a San José de Cupertino, siempre ha sido una de ellas. Los pies de sangre y de barro en busca del firmamento. La hora cero de la voluntad de trascendencia. Y, por tanto, la opción más ensalivada de todas a la hora de escribir un poema. No digamos ya un libro. Son tantas las cosas que caminan por el aire y por el lenguaje que lo lógico era que acabasen por caer. Tópico tras tópico echamos a volar tanto y tan bajo que nos volvimos líricamente ápteros. Pedestres más que pedantes. Y a ver quién es el guapo que llega, con la que está cayendo, y se pone a pensar cerca del sol; se pone a pensar en pájaros.

A lo largo de su trayectoria, Elisabet Riera ha dado sobradas muestras de saber defenderse contra el vacío. Incluso cuando la línea recta, por pura vocación, es impugnada por el cabo más temerario de todos. A menos que se viva a lo Thoreau, se ame la ornitología o se sufran fiebres redentoras, dedicar una monografía a las cosas aladas supone arrimar las ascuas a la temperatura precisa del autosabotaje. La idea, más que una iluminación, se parece demasiado a esos planes complejos que a veces se urden con la intención de convertir en íntimamente legítimo el hecho de no llegar a ninguna parte. Algo que a buen seguro hubiéramos sospechados los lectores -incluido el jurado de la Beca Finestres de Ensayo, concedida al proyecto- si no supiéramos de antemano que detrás de todo esto estaba la autora catalana. Una escritora, que ya sea con sus obras o en su faceta de editora -con esa caja personal de los prodigios que es siempre Wunderkammer- nos tiene magníficamente malacostumbrados. Tanto como para desear que saliera de su triple salto mortal con complexión ingrávida y por la puerta grande. ¿Cómo era eso que dicen ahora en todos partes? Ah, sí. «Spoiler». Pues eso. Spoiler. Lograrlo, lo logra. Vaya sí lo logra. Aunque lo importante aquí es el cómo. Y el cómo no es otra cosa que ‘Los alados. Criaturas divinas y otros mensajeros’ (Males Herbes en catalán y Siruela en su traducción al español). Quizá uno de los ensayos literarios más hermosos y conmovedores de cuantos se han publicado en los últimos años.

En su aproximación a los seres que vuelan, Elisabet Riera parte de algo tan sencillo y al mismo tiempo difícil como seguir el rastro de los pájaros. La grandeza está en que eso, en su caso, equivale a transitar civilizaciones, mitos, libros, credos y experiencias personales en busca de esa quimera primordial que desde el inicio han inspirado a la humanidad, liberándola en ocasiones de su ramplonería bípeda y aportando valores de enlace entre el cuerpo y lo sagrado, el fango y el aire. Un recorrido que en el mapa de lecturas de la autora se vuelve fascinante, desplegando símbolos y anécdotas a los que incluso no deja de imprimirle una ráfaga más que pertinente de observaciones científicas a lo Melville. Más que un libro, la autora parece construirse a medida un ultraligero, una autobiografía a vista de pájaro, en la que sus vivencias -especialmente emocionantes- se mezclan con una curiosidad fueraborda y enciclopédica que hace que las paredes encajen dejando al mismo tiempo la claraboya abierta por si alguien quiere trastear al otro lado. Todo ello desde la erudición, la plasticidad y una prosa de cadencia sinfónica, en la medida que sabe administrar con maestría el andamiaje lírico y el informativo. Acaso, como los seres que vuelan y los otros, forman parte de una misma materia. Una conciencia con ganas de saltar por la ventana. De unir la estela invisible que va de Grecia a las Upanishads, de Mozart al cisne y a los chamanes. Cuenta la autora que cuando era niña su padre la llevaba a la barraca de las aves que en Las Ramblas transmitían a un módico precio un mensaje de papel sobre el porvenir. Toda esta aventura intelectual empezó a cuajar quizá en ese instante. «Vuelan hacia mí los pájaros de la infancia», dijo Sibelius la noche antes de morir mientras contemplaba a las grullas. Los de la niñez de Riera, los de este libro, más que la muerte, parecen invocar lo contario. También para los lectores. «Te voy a regalar»; dijo Pizarnik. «Nunca tendrás a quién regalar un pájaro», respondió el pájaro. Más que el camino a Ítaca, más que un desplazamiento, la autora nos da una escala. Hacía falta que un texto fuera así para convertirse en un milagro.

Los alados

Autora: Elisabet Riera

Editorial: Siruela

Páginas: 224

Precio: 19,95 €

Tracking Pixel Contents