Galaxia Gutenberg
Cartas de Jorge Guillén a su hija Teresa
El libro recoge la correspondencia, hasta ahora inédita, sostenida entre Jorge Guillen y su hija Teresa entre 1948 y 1984

Jorge Guillén y su hija Teresa / L.O.
‘Cartas a Teresa’ recoge la correspondencia hasta ahora inédita entre el poeta y su hija. De Guillén ya se conocían la publicación de la correspondencia con Pedro Salinas, el poeta y amigo, entre 1923 a 1951; también su correspondencia con el hispanista italiano Oreste Macrì, entre 1953 y 1983, importante para conocer la andadura italiana del poeta y una tercera, la más íntima y poéticas, que son las que remite a su mujer Germaine Cahen, entre 1919 y 1935, durante los periodos de separación de la pareja. De manera que las cartas a su hija , que se publican por primera vez ayudan a cerrar el círculo epistolario de Guillén en un escenario más íntimo y familiar.
La correspondencia se inició en 1948, poco después de la prematura muerte de Germaine, la primera esposa de Guillén. El dolor contenido del poeta los primeros años parece hallar consuelo en las cartas. Tras la muerte de Germaine, Teresa se erigió como el soporte de la familia y el principal apoyo de su padre, con quien tejió un vínculo donde las cartas, dada la distancia entre ellos, funcionaban como principal canal en su relación. Arranca el 16 de enero de 1948 y deviene en cientos de cartas extendiéndose hasta el 18 de febrero de 1983, un año antes del fallecimiento del poeta.
Las primeras cartas, con el poeta aún en París y su hija en EE.UU., dejan ver el dolor por su viudez y especialmente la necesidad de saber de los suyos, de su hija, de su primer nieto, Antó. Dan cuenta también por el dolor por el fallecimiento de su padre, en Valladolid, en 1950 y al año siguiente la muerte de su amigo Pedro Salinas. «Imaginaos mi estado de espíritu. Se me va el primer amigo de toda mi vida, el compañero más próximo a mis trabajos, aquel hombre maravilloso», escribe el 8 de diciembre de 1951.
A partir de 1958 Guillén se instala en Italia, en la bella Florencia, donde encuentra su sitio poético y personal. Allí conoce a Oreste Macrì, que se convertirá en un buen amigo y en un estudioso de su obra. Allí conoció a la que sería su segunda esposa Irene Mochi-Sismondi. La estancia en Florencia y en Italia es una de las más felices y fecundas de Guillén. No solo recupera el amor, también encuentra lugar para su obra poética. Sus cartas dan prueba de ello. Ama a Italia y esta le corresponde: «No os podéis imaginar con que reverencias y consideraciones me tratan estos amigos italianos. Se empeñan en premiarme».
Los siguientes años, década de los sesenta, la pareja viaja de continuo, por toda Europa y también América. Apenas a España donde hay un rechazo mutuo. El poeta no quiere vivir en la España franquista y esta le trata con desdén y se impide publicar sus obras. Una miopía grave pues en ese tiempo los premios y reconocimientos se suceden a nivel internacional con la concesión del Grand-PriX Internacional de Poesíe o la celebración del primer congreso internacional sobre su obra, la Jorge Guillén Conference at the University of Oklahoma, que congrega a los mejores especialistas y estudiosos de su obra. El poeta, enemigo siempre de elogios y felicitaciones, apenas hace mención en sus cartas a este acontecimiento: «el viernes tomaremos el avión para Oklahoma. Habrá lunch, banquete a la seis, mi conferencia a las ocho, recepción following la conferencia. Regresamos el lunes».
Poco a poco las cosas empiezan a cambiar en España. El poeta, ya en 1973 pasa cada vez más temporadas en España. Ha comprado un piso en Málaga, en aquella Ciudad del Paraíso que cantó Vicente Aleixandre. Y es en Málaga donde, tras cuarenta años de exilio, el matrimonio Guillén se instala definitivamente en 1977. Un año antes, en 1976 recibía el Premio Cervantes, el primero de la historia. En Málaga vivirá sus últimos años, frente al mar, en un piso del paseo marítimo que él llama «paseo luminoso». El lugar es un sueño dorado para él: «qué cielo, qué mar azul y sobre todo qué luz», le cuenta a Teresa .
Ya en Málaga en 1977 comienza el tercer bloque de la correspondencia con Teresa, que da fe directa de los últimos años del poeta. A los asuntos habituales de esa cartas, la familia y la poesía, se une ahora el de la salud (el poeta tiene 84 años), y la convulsa situación española en esos primeros años de la democracia. En esos años Guillén sigue trabajando en Final, que cierra su poemario Aire nuestro. «El libro está ya componiéndose en manos de Barral», escribe en mayo de 1981. El libro se publica en España, otro triunfo del poeta que desde 1936 en que público Cántico, no había podido hacerlo en su país.
En estos últimos años se suceden los premios y reconocimientos, por fin en España. Guillén, poco amigo de las pompas y vanidades, los recibe no obstante con satisfacción. Vive en ese estado de reconocimiento hasta el 6 de febrero de 1984 en que muere con 91 años. Su última carta a Teresa es de un año antes, el 18 de febrero de 1983; le habla que ya no sale a la calle, que su tarea ahora es contestar las cartas y telegramas de reconocimiento que recibe y termina : «os cuento cosas por aquí y por allá. Sería el cuento de nunca acabar. Pienso en mis hijos y nietos y biznietos. Mi tribu de familia no me podría salir mejor ¡Qué orgulloso, qué profundamente satisfecho estoy de los míos! Me gustaría seguir charlando. Abrazos besitos. Vuestro.».
La correspondencia entre el poeta y su hija Teresa fue siempre muy continua y fluida. Las cartas son el sustituto de las charlas directas que la distancia impide, el espacio en que se encuentran para mantener una conversación. Por eso en las cartas se lo cuentan todo. Guillén, sobre todo en los primeros años , llega a escribir varias cartas en una semana, algo que para él es absolutamente necesario: «lo hago porque necesito escribirte», le dice. Las cartas para él son vitales y le dan vida: «por fin llegó una carta tuya y respiré a gusto».
El otro gran tema de sus cartas es lógicamente la poesía. En sus cartas, el poeta va transmitiendo su quehacer continuo sobre el proceso creativo; les habla del avance de sus obras, desde las primeras versiones de Cántico hasta los ajustes interminables de su gran obra Aire nuestro.
Por decisión propia Teresa solo autorizó la publicación de las cartas de su padre, no las suyas pues no consideraba que tuvieran la relevancia de las de su padre. Sin embargo, en la introducción de este libro la doctora Rosa Fernández Urtasun nos ha dejado constancia de sus palabras a través de algunas cartas , lo que permite conocer mejor su enorme sensibilidad y amor por él. En ellas trata siempre con enorme cariñoso a su padre, al que suele llamar «querido papaín». Cómo sabe del interés de su padre por los nietos, en todas las cartas hay pormenores y detalles sobre estos y así le cuenta el paso de la varicela en Antó o como Isabel está «cada día más bonita, más pícara, más lista». Ella sabe transmitirle la admiración y el orgullo por su familia, algo que el poeta agradece pues él también está orgulloso de su «tribu». El afán de Teresa es similar al del padre en cuanto a fortalecer los lazos familiares, de ahí su interés en recibir cartas del abuelo, en que se lo cuente todo.
Como, señala Rosa Fernández Urtasun, Teresa siguió fiel a sí misma hasta el final. «El tono de su voz, sus expresiones, su carácter, los temas y preocupaciones se mantuvieron en una fiel continuidad a lo largo de los años». Teresa murió en enero de 2019, con 96 años, antes pudo ver el comienzo del proyecto que culmina en este libro con la publicación de las cartas de su padre.

Cartas a Teresa
- Autor: Jorge Guillén
- Editorial: Galaxia Gutenberg
- Edición: Rosa F. Urtasun, Margarita Garbisu y Mª Pilar Saiz Cerreda
- Precio: 27,55 euros
- 896 Páginas
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