Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

García Llovet se ríe del mundo insustancial de las pijas

En ‘Las jefas’, que cierra su trilogía de los paises del Este, la autora retrata ese mundo de pijas aprovechadas que se valen de su falsa ostentación para darse una vida regalada a costa de los ingenuos

García Llovet

García Llovet / L.O.

Vuelve Esther García Llovet para terminar su trilogía de los países del Este que inició con ‘Spanish Beauty’, y ‘Los guapos’ y culmina ahora con ‘Las jefas’, que tiene como escenario Villajoyosa, en Alicante. A García Llovet le gustan los tríos novelísticos pues antes de este hubo otro: la trilogía instantánea de Madrid con ‘Cómo dejar de escribir’, ‘Sánchez’ y 'Gordo de feria’. Madrid fue pues el decorado de esa primera trilogía y el Levante (los países del este) de la que ahora culmina.

En ‘Las jefas’, su décima novela, sigue ese formato literario, muy suyo y que le ha servido para abrirse un hueco importante en la novelística española. García Llovet viene del mundo de la televisión y los documentales, de ahí su estilo descriptivo como si fuese una cámara que en vez de escribir capítulo narra escenas; ese es al menos el efecto de esos capítulos cortos, como ráfagas; escenas que van sucediéndose casi sin trenzado.

El Zen Gardens es un hotel de tantas estrellas que no caben, un lujoso resort rodeado de una jungla importada, una selva asiática inventada, replantada en Villajoyosa. La piscina en una laguna verde rodeada de cocoteros y flores gigantescas.

En este resort decadente y venido a menos trabaja el Primo, el chico de mantenimiento de ese complejo, un MacGyver para todo. Allí están apalancadas tres pijas sin dinero pero educadas en el gusto y la ostentación, son Romana Romano y las gemelas Gran y Petit Navarro, que se diferencian por dos centímetros de altura. Romana Romano acaba de dejar plantados a doscientos cincuenta invitados y al novio con el que iba a casarse «tendría que haberse casado hace un mes y medio en El Paular, con doscientos cincuenta invitados de testigos, pero en el viaje de despedida de soltera con sus dos amigas de toda la vida se lo pensó mejor y canceló la boda. Por teléfono. Por WhatsApp. Sin dar explicaciones. Así que Romana y las dos hermanas Navarro llevan seis semanas y dos días sin salir del Zen Gardens, y dispuestas a vivir a todo tren y por la cara hasta un minuto antes de que la cosa reviente pues es el mismo tiempo que llevan sin pagar su estancia».

Llevan seis semanas viviendo del cuento y no piensan salir de allí en un futuro próximo. En realidad no piensan en nada pues todo les da igual. No trabajan ni piensan ello, solo se dedican a jugar interminables partidas de mus o de póker, de las que son expertas y en desplumar a todo el que se deje. Utilizan a el Primo, que trabaja de chico para todo en la urbanización, enamorado de las tres, para que satisfaga sus pequeños caprichos y veleidades y que hace también de espía de un viejo italiano que se entretiene urgando en la vida de los otros. El Primo es también un mentiroso de aúpa que se inventa lo que sea con tal de camelarse a alguna de las chicas y llevársela a la cama, siempre con resultados negativos. Cierra el círculo de personajes estrafalarios Olivier, un camarero que tiene como especialidad esculpir el hielo y preparar cubitos redondos para las bebidas; una de las gemelas, la Petit, le gustaría llevárselo a la cama, pero todo queda en nada.

Es este ambiente viciado y un tanto sórdido, lleno de personajes estrambóticos, el que Esther García Llovet sabe retratar con singular ironía y mostrarnos la caricatura de ese universo costumbrista de lo extravagante. Es el retrato del día a día de un mundo y unos personajes que se mueven en lo insustancial, lo frívolo, en el vacío con el que «llenan» sus vidas.

Por lo demás la autora vuelve a presentarnos un mundo que no por su extravagancia es menos real. Sus personajes, marginales, inadaptados, grotescos, estrafalarios o chocantes, están ahí, son reales, solo hay que detenerse a observarlo, como hace Esther García Llovet.

En este último trabajo, la autora pone la lupa en esos personajes que viven del cuento, con impostura total, valiéndose de engaños y artimañas para aprovecharse de los demás y vivir, si es posible a cuerpo de rey, como lo hacen las pijas de ‘Las jefas’. Ellas, la Romana Romano y las gemelas Gran y Petit Navarro, se mueven como jefas en ese escenario decadente del resort Zen Gardens y como tal exhiben sus artes picarescas para que los demás se avengan a cumplir sus necesidades de vida regalada de alto nivel.

Hasta que el escenario y sus personajes no dan mas de sí y entonces ellas, más listas que el hambre, saben huir un minuto antes de que todo estalle y, como si nada, salir en busca de un nuevo rincón donde ejercer su arte.

Esther García Llovet ha logrado esa magia narrativa que muchos quisieran que es divertir, entretener, e interesar. Un trío fascinante y difícil de conseguir.

Las jefas

  • Esther García Llovet
  • Editorial: Anagrama
  • Precio: 18,90 euros
  • 160 Páginas
Tracking Pixel Contents