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Novela

Menéndez Salmón y 'Arca': el fin del mundo es mañana

En ‘Arca’, la última novela de Ricardo Menéndez Salmón, publicada por Seix Barral, el autor nos plantea un mundo distópico directamente heredero de nuestro mundo y a solo tres o cuatro años de distancia, en el que sobreviene el apocalipsis

Ricardo Menéndez Salmón.

Ricardo Menéndez Salmón. / l.o.

Juan Gaitán

Juan Gaitán

En su día recomendé con insistencia la novela ‘La luz es más antigua que el amor’, de Ricardo Menéndez Salmón. En ella descubrí a un autor capaz de emocionar y expresar a través de un lenguaje que se construye como iconos, cargados de la fuerza de la imagen, apoyándose en ella para mostrar el mundo exterior y también la compleja trama del mundo interior de los personajes.

Ahora este mismo autor acaba de publicar ‘Arca’ su última novela, una obra fascinante, a veces fantástica, a veces policiaca, a veces distópica… Una novela capaz de atrapar el interés del lector, de llevarlo atado al argumento, a sus giros, sorpresas, descubrimientos.

La novela comienza como un relato policiaco con tintes de novela negra. La primera impresión que tendrá el lector es que el protagonista tiene un cierto aire a lo Philip Marlowe, un tipo a quien van a buscar para que desentrañe una misteriosa desaparición. Las similitudes no son tan lejanas, pero luego se agrandan. Este protagonista posee un «don» una habilidad extraordinaria, sobrenatural, que le permite ver lo que ha sucedido en el pasado con el simple hecho de tocar un objeto. Luego descubriremos que eso también sucede cuando posa sus manos en algunas personas.

Y todo ocurre en un mundo distópico que, sin embargo, es directo heredero de nuestro mundo: «Amaneció el milenio, llegaron las guerras contra el terrorismo internacional y se propagaron las plagas alimenticias, el mundo se instaló en la constelación del miedo y de la sospecha, la crisis del año 2008 hizo descarrilar todas las bellas palabras, la democracia degeneró en sus formas más perversas y plásticas, el carbón desapareció y el petróleo languideció, los androides conquistaron derechos de ciudadanía, los guetos económicos se convirtieron en lugares de vacaciones, Marte comenzó a perfilarse como segunda residencia para la élite financiera, la lucha por los recursos trastocó el tablero geopolítico, un virus confinó el planeta, el fentanilo acaudilló legiones de zombis, Rusia se entregó a una corte de maleantes, Israel perdió la cordura y la Gran Conmoción se manifestó» (página 56). La «Gran Conmoción» alude a un hecho terrible, la destrucción de las ciudades por una causa no determinada, pero que claramente tiene tintes apocalípticos. Y esa distopía sucede muy cerca, apenas a tres o cuatro años de nuestros días, en 2030.

Sin embargo, el tiempo tiene una extrema plasticidad en la obra. Las «cualidades» del protagonista, capaz, como hemos dicho, de ver el pasado al tocar ciertos objetos o ciertas personas, confieren al tiempo del relato un continuum en el que todo acaba siendo un modo de presente. Como en ‘El aleph’ de Borges, el protagonista tendrá revelaciones globales espaciotemporales que lo abarquen todo. Así, en la página 218 dirá: «Abracemos la paradoja. Mientras el presente es distópico, es el futuro el que puede resultar anticuado. Habitamos un presente donde parecen haberse cumplidos las distopías más influyentes del siglo veinte. La farmacocracia, el bienestar químico, la videovigilancia, la robotización del ser humano o la presencia del ciborg definen un día a día que cada vez se parece más a una antigua novela de ciencia ficción».

Menéndez Salmón se adentra en asuntos de gran calado social, en debates sociales que están presentes y que serán la constante en un futuro próximo, acaso tan próximo como el que plantea en esta nueva novela. Así, aborda el controvertido asunto del transhumanismo: «Nuestro cerebro se revela como una forma biológica inadecuada para absorber la cantidad, la calidad y la complejidad de la información acumulada».

Como ha quedado levemente apuntado unas líneas atrás, el fondo de la novela tiene un tono apocalíptico que se ve desde el comienzo pero que alcanzará su cénit en párrafos como este de la página 350: «Como una colosal enfermedad de Alzheimer, ya no eran los individuos, sino las colectividades, las que veían de qué modo sus señas de identidad más tangibles, los mausoleos, las ágoras y los mercados, se sumían primero en el olvido, pronto en la nada». Pero ese apocalipsis no viene porque sí, no es un accidente. Tiene una causa: «Sin duda era la prisa, el ansia por tenerlo todo en todas partes y al mismo tiempo, lo que nos había conducido hasta la fractura. Esa urgencia insoportable, esa velocidad de escape que nos habíamos impuesto como una maldición lanzada sobre nuestro destino, y que ya no solo amenazaba con devorar a las generaciones futuras, sino que arremetía contra sus muñidores».

Decíamos al comienzo que la escritura de Ricardo Menéndez Salmón se construye con un lenguaje basado en la imagen. Y es cierto que la imagen es, especialmente en esta novela, hipnótica. Pero no exclusiva. La prosa de este autor convoca todos los sentidos. Sus personajes tocan, huelen, paladean… Hay una fiesta de los sentidos y una exaltación de la palabra. Leer a Ricardo Menéndez Salmón es una delicia. Con independencia del argumento, que resulta muy interesante, el uso del lenguaje es exquisito, evocador y brillante.

Arca

Autor: Ricardo Menéndez Salmón

Editorial: Seix Barral

Páginas: 403

Precio: 21,75 €

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