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Editorial Lumen

De flores y monstruos con Patti Smith

La cantante estadounidense, leyenda de la contracultura y del rock, vuelve a salirse de la confortabilidad de su comunidad de seguidores con ‘Pan de ángeles’ (Lumen), unas memorias para todos los públicos escritas en carne viva y repletas de poesía

Patti Smith.

Patti Smith.

Lucas Martín

Lucas Martín

Escribir, en general, es una suma de paradojas. Hacer crítica, directamente un ejercicio de disciplina que suele llevarse mal con determinadas pasiones. En la cúspide siempre se situó el odio, esas manías negras de la sangre de las que advertía Spinoza, pero eso es algo que el tiempo, y el gusto por las pendencias de cierta prensa española, han convertido en una pulsión literaria casi de faena, desplazando la dificultad a registros a priori más amables y gobernables como la admiración. Haber visto a Patti Smith (Chicago, 1946) dando un taconazo en directo a principios de milenio y pretender ser objetivo con su obra resulta bastante difícil. Y, por tanto, está bien que las cartas y, sobre todo, el puntal de partida del cursor, se exhiba desde el principio. Máxime cuando entre los aparejos del cocido asoman otros pormenores de bastante actualidad que también enturbian el acercamiento con vocación más o menos pública y analítica a un libro de memorias. Esto es, la cosa de la fama. Y sus dos preguntas más o menos concomitantes. La primera, tratar de discernir si el texto en cuestión -en este caso, ‘Pan de los ángeles’ (Lumen, con traducción de Ana María Buil)- está verdaderamente capacitado -pese a todas las competencias narrativas que no sin razón se presumen a su autora- para suscitar el interés de alguien que no sea devoto de su carrera. Y la segunda, no menos vinculante, si, al tratarse de un trabajo memorialístico, la propia artista consigue no dejarse atrapar por esas trampas de la vanidad que tanto condenan a las biografías y a esa tendencia a la autoficción -tan presente, por ejemplo, en el último teatro español contemporáneo- que impide tomar conciencia de que hay relatos vitales que sólo nos emocionan a nosotros por el mero hecho de haber sido sus protagonistas. O, dicho de otro modo: que, más allá de sus incondicionales, una película sobre Cristiano Ronaldo sólo podría resultarle atractiva per se a Cristiano Ronaldo. Y, en todo caso, a los abogados de sus prometidas.

Por fortuna para todos, Patti Smith nunca será Ronaldo -quién querría ser Ronaldo, siquiera el grueso, pudiendo ser Patti Smith, aunque esto último se antoje mucho más sufrido-. Y eso es algo que no sólo se desprende del mito y de sus formidables canciones, sino también de sus libros. Incluidos los que también tenían como centro su vida –‘Éramos unos niños’, con mucho protagonismo para su amigo el fotógrafo Robert Mappelthorpe, ganó, sin ir más lejos, el National Book Award-. Sin embargo, en esta ocasión, el asunto se avecinaba más difícil. Entre otras cosas, por la duración del intervalo de escritura -más de una década- y por las circunstancias emocionales que se acumularon durante el proceso -incluido el descubrimiento azaroso del que da cuenta en el libro de que sus orígenes eran distintos a los que siempre había creído-. Unos condicionantes en absoluto menores a los que se suma la promesa ya anunciada desde los paratextos de contar por primera vez desde el comienzo -aunque no precisamente en línea recta- su experiencia en este mundo. Cuando uno ha sido amigo de Ginsberg y un icono de la contracultura da la sensación de que bastaría hacer referencia a dos o tres anécdotas acompañadas de nombres propios para deslumbrar a los lectores. Pero eso sería más de editor de David Guetta que de alguien capaz de firmar ‘Horses’. Y por razones que hacen que este ‘Pan de los ángeles’, y una vez pasado por el tamiz del distanciamiento, salga muy bien parado de toda esta ordalía; la solvencia poética y literaria de la autora -que ya conocíamos de sobra- y su valentía a la hora de abordar temas que van desde su infancia enfermiza en barrios obreros a la muerte de seres muy queridos y el sentido de la propia creación. Virtudes que dotan de una capa de melancolía y de autenticidad a estas memorias, a las que sólo se puede reprochar algún que otro pasaje irregular. Al margen de sus extraordinarias vivencias, incluso de su talento, Patti Smith demuestra en este libro que ha llegado a ser Patti Smith por una vía que, en la música -y por mucho que últimamente viva Puerto Rico- amenaza con desaparecer. La misma que comparte con otras referencias todavía en pie como Nick Cave y que dan coherencia a una obra que ha sabido abstraerse -y ya es meritorio- de la megalomanía que suele acompañar al éxito y mantener su motivación más cruda. Con el mérito especialmente lúcido de no tener miedo a mostrar vulnerabilidad. Patti Smith se abre para hablar de una vida que es al mismo tiempo un trozo ya difuminado de la historia de América. Un trozo que pertenece extrañamente también al marco universal de la existencia y de la literatura: el hecho de expresar, penar y buscar un significado al arte a sabiendas de su más que probable inutilidad. Lean este libro, piensen en lo que habría sido ver a Patti Smith en un escenario. Eso mismo, lo último, lo irreductible, lo inexplicable, lo que queda más allá de los focos, es el pan de ángeles que nos trae por escrito esta vez.

Pan de ángeles

Autora: Patti Smith

Editorial: Lumen

Traducción: Ana Mata Buil

276 páginas 21,75 €

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