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Galaxia Gutenberg

Alfonso Carlos Comín, el hombre que abrió la Iglesia al comunismo

‘Cristiano en el Partido, comunista en la Iglesia’ que publica Galaxia Gutenberg recoge los principales textos del fundador en España de Cristianos por el Socialismo y que obró el doble milagro de que los comunistas aceptaran a militantes cristianos y que la Iglesia abandonara su anticomunismo secular

Alfonso Carlos Comín, el hombre que abrió la Iglesia  al comunismo

Alfonso Carlos Comín, el hombre que abrió la Iglesia al comunismo

A los cuarenta y seis años de su muerte prematura, el legado de ferviente cristiano y militante progresista de Alfonso Carlos Comín está algo diluido, pero no se debe olvidar que con su trabajo práctico e intelectual fue el artífice principal de algo impensable hasta entonces como fue que los partidos comunistas abandonaran su ateísmo tradicional y abrieran sus puertas a los cristianos, y que la Iglesia aceptara el diálogo con el marxismo. Un libro auspiciado por la fundación que lleva su nombre y publicado por Galaxia Gutenberg recoge la voz y la palabra de este católico comunista que abrió la puerta a un dialogo esencial.

La intención del libro es dar a conocer a los neófitos el pensamiento y la sensibilidad de una persona que, pese a su prematura muerte en 1980, a los cuarenta y seis años, dejó una huella indeleble entre los cristianos progresistas y los militantes comunistas en la segunda mitad del siglo XX.

Se ha querido titular reproduciendo en singular el de uno de sus libros mas significativos ‘Cristiano en el Partido, comunista en la Iglesia’ que hace referencia de manera significativa a su tarea más esforzada, la lucha por legitimar la militancia de los creyentes en los partidos comunistas y de izquierdas en general y por normalizar la presencia de militantes de izquierda en la Iglesia, el legado más importante de la herencia política e intelectual de Comín

Hay una imagen que el desarrolla en su libro ‘Fe en la Tierra’. Hay dos personajes: un obispo, representante del nacional catolicismo y un militante comunista implicado en la lucha contra la dictadura y ateo. El obispo, un príncipe de la iglesia vestido de púrpura y gran crucifijo de plata, cómodamente instalado en su palacio episcopal, furiosamente anticomunista y en connivencia total con el franquismo; el militante, comunista, lo vemos en una cárcel sufriendo la represión franquista, torturado por la policía, con la camisa manchada de sangre. ¿Cual de los dos nos remite de manera más clara a la imagen de Jesús en la Cruz? Su respuesta es inequívoca y no deja lugar a dudas. Es la del militante comunista y esta respuesta define con claridad el camino vital seguido por Alfonso Carlos Comín en lo político y lo religioso. Comín, educado en el catolicismo más reaccionario, constatará que las cosas no son como predica su familia y que el lugar natural de un cristiano es estar con los vencidos de la guerra y fue así que a partir de los veinte años comenzó su militancia política antifranquista y su combate cultural inspirado en su profunda fe cristiana.

Constatará el gran mensaje social de los evangelios que supone luchar por estructuras sociales más justas y fraternas y asimismo que el capitalismo es contrario a esa idea de justicia fraternal y que la moral capitalista, la del dinero, es totalmente incompatible con la moral cristiana. De ahí que la revolución se convierte en un imperativo evangélico. El cristianismo predica la justicia social y esta solo es posible alcanzarla con la revolución.

Todo ello tuvo se materializó en Cristianos por el Socialismo, la organización que, al albur de los aires renovadores que trajo el Concilio Vaticano II, fundaran en el Chile de Salvador Allende un grupo de sacerdotes. Comín abraza esa idea y funda primero en Cataluña y luego lo extiende por el resto de España este movimiento y a él se consagró con ímpetu de manera que Cristianos por el Socialismo fue la organización y el proyecto que más claramente lo identificó y lo proyectó públicamente durante los últimos años de su vida.

La idea central es que no hay contradicción entre Cristianismo y Revolución, entendiendo ésta como un cambio radical de estructuras de producción capitalista. Y sean cuales fueren las distintas formas de interpretar el marxismo, entendiendo el marxismo como un análisis de la realidad que lucha por transformar esa misma realidad.

Su trabajo como cristiano socialista fue aunar la acción política pero también, como intelectual y pensador, conjugar acción y pensamiento, por eso su trabajo lo desplegó tanto en las organizaciones políticas y eclesiales, como en la esfera del debate intelectual, de ahí sus libros, artículos o conferencias del que este libro da cuenta.

Uno de sus grandes tareas fue lograr la conversión del PCE y del PSUC en partidos laicos, condición necesaria para que los cristianos entraran a militar en estos partidos que por definición eran abiertamente ateos. Comín lideró el proceso interno que llevo al PCE y al PSUC a ser partidos laicos. Si se podía formar parte de la Iglesia siendo marxista, también se debería formar parte de partidos comunistas siendo abiertamente cristianos. De igual manera impulsó con fuerza la tarea para que la Iglesia española a dejar de lado su anticomunismo secular.

Y esta es, como expresan su familia en la introducción a este libro, la mejor síntesis de quien era Alfonso Carlos Comín: un cristiano en el partido y un comunista en la iglesia, según la expresión que el mismo eligió para definirse, y para titular un de sus libros más convincentes y que ha servido también para dar título a este libro de recopilación de sus escritos.

El libro da cuenta también de sus años de estancia en Málaga, entre 1961 y 1964, que marcará un antes y un después en su experiencia vital y que él reflejará en sus libros ‘España del sur’ y ‘Noticias de Andalucía’ en Málaga hizo testimonio de vida y de trabajo entre los más pobres y de compromiso con la clase obrera, trabajando en las Escuelas Profesionales del Ave María. En Málaga, actuando en las barriadas más pobres, consolida su conciencia de clase y establece un círculo de amistades que perduraron para siempre.

El libro recoge también su gran trabajo como editor, primero en la editorial Nova Terra, luego en Estela y finalmente en Laia donde publicó a los autores de la izquierda catalana como Agustín Goytisolo o Tuñón de Lara.

Y por supuesto en el libro hay un reflejo permanente de quien Comín consideró su maestro, el filósofo francés Emmanuel Mounier, fundador del personalismo comunitario y el hombre que con sus enseñanzas le abrió el camino de la izquierda. De la mano de Mounier abandona el catolicismo tradicional en que se había educado y asume la práctica marxista de la lucha de clases y que en ese escenario la ética evangélica de un cristiano le obliga a ponerse de lado de la clase trabajadora y a luchar contra el capitalismo.

Cristiano en el partido, comunista en la iglesia

Autor: Alfonso Carlos Comín

Editorial: Galaxia Gutenberg

471 páginas. 22,80 €

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