El Parnaso
Juan Carlos Mestre: Asamblea de otoños y ensueños

Juan Carlos Mestre Asamblea de otoños y ensueños
«No hay poesía sin festejo de la imaginación, de esa forma altísima de la inteligencia que es capaz de llevarnos hasta el conocimiento a través de la intuición y la emotividad», escribe Basilio Sánchez. De esto se trata, de celebrar la fiesta de la imaginación y una forma auténtica de hacerlo es con la lectura de ‘Asamblea. Poesía reunida 1975-2025’, del poeta Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957), en la excelente edición de Galaxia Gutenberg. Este extraordinario volumen contiene 50 años de poesía, en casi 1500 páginas que, si a priori su lectura pudiera parecer inabordable, el efecto es el contrario, al crear en el lector la creciente necesidad de avanzar hasta su conclusión. Desde sus primeras páginas se evidencia que en Mestre se amplifica, sin impostura alguna, la voz del hombre y el poeta, que la palabra se hospeda en todas las cosas, seres y ciudades, hasta convertirse en pleno corazón del mundo. El poeta conecta intensamente con la vida con una nueva épica y una rebeldía sintáctica y lingüística que no deja impasible a nadie. El versículo y la prosa se aúnan para crear un universo misceláneo en el cual la búsqueda de la verdad en las cosas sencillas y lo cotidiano deviene en pura esencialidad. A veces, con fórmulas surrealistas donde la riqueza del lenguaje está muy presente y la intertextualidad también, Mestre consigue seducirnos y transportarnos a lugares de ensueño.

Juan Carlos Mestre Asamblea de otoños y ensueños
Se encarga de introducirnos en el territorio poético de Mestre, el también poeta y Premio Cervantes Antonio Gamoneda, que escribe un largo poema elegíaco, «Recados de hoy y de mañana para Mestre Juan Carlos, hijo mío y maestro, quién me lo diera», del que recojo estos versos: «Mestre,/ tus palabras han entrado en mis venas y yo he sujetado mi/ corazón para que permanezca en quietud reconociendo/ sílabas. Mestre,/ quiero cerrar mis párpados sobre tus ojos… Pero, Mestre, ven, / te oigo silbar sin esperanza. Ven/ a los días de plomo, a la provincia inversa/ donde los perros balan y aúllan las alondras. Ven/ con tus grandes hogazas de centeno y de llanto… Mestre, /ven pronto, Mestre, no tardes; mastica la derrota, mastícala fuerte, ¡No pasarán!, no tardes». Y Mestre acude a la llamada, se hace voz en el valle y la montaña, en los ríos y las flores, en todos y cada uno de los seres vivos que pueblan la tierra, y escribe y escribe, como si estuviera poseído, abducido en la palabra que respira los silencios y los otoños de tristeza y lluvia: «Yo he nacido aquí antes de que mi corazón se diera cuenta /y una dulce mujer se acercara a mi sombra como madre. /Desde entonces he sido melancólico y triste/ porque he contado los astros y la lluvia y la arena (…) Yo te he amado pequeño pueblo entre dos ríos/ donde supo mi corazón el don de la palabra y las alondras» (Págs. 62-65). El territorio será sin duda un claro signo de identidad y pertenencia que nunca abandonará al poeta. La poesía de Mestre se dispone siempre en un deslumbrante mosaico de imágenes: «Hemos entrado en el silencio, ya no hay nadie tras los hayedos. La poesía ha caído en desgracia y las salamandras azules del/ mediodía entran en la ruina de sus vasijas ceremoniales con los/ ojos desorbitados por el sol de la muerte frente a las ventanas cerradas» (Pág. 242).

Juan Carlos Mestre Asamblea de otoños y ensueños
Mestre es la voz de los que no tienen voz, de los seres desvalidos y atormentados, de los perseguidos y condenados a morir en la tristeza y el llanto. Su voz es una constante búsqueda de la verdad que aún retumba en el pasado, en la memoria de los días, en la desnudez de las horas y así lo testimonia siempre: «creo en mi mano izquierda injustamente tratada por /predilección de los diestros, en el placer que redime a las criaturas de su innato dolor…» (Págs. 323), y añade: «no importa ya vivir sino la vida, no importa ya morir sino lo/ humano» (Pág. 332). El poeta se reinventa en cada verso, ama y entristece, habita la nostalgia cada rincón de la memoria que trasciende hasta crear una epopeya de la vida, una nueva lírica ensamblada al agua y el fuego: «Yo no espero otra luz que la tristeza/ de quien regresa a una escuela abandonada/ donde aletean todavía en la pizarra/ las mariposas blancas de la melancolía» (Pág. 369), y añade: «Cruel es el dictamen de la memoria testificando contra lo/ amado… Envejecen los errores y con ellos la vida/ va adquiriendo la forma de las herramientas sin uso, el peso de las cosas» (Pág. 493). Para Mestre la poesía es, en esencia, sumergirse en las profundas y procelosas aguas del lenguaje, adentrarse en las entrañas de la tierra y el aire azul del firmamento, ensoñación y asombro: «Los cazadores atan el agua de los vasos para que cante/ la pólvora matinal/ El pescado se aburre enormemente en los congeladores/ Los asesinos del taichi son hervidos bajo la luna…» (Pág.745). Nostalgia, soledad, recuerdos que afloran con la partida del padre: «Ayer despedimos a mi padre/ Lo dejamos bajo un techo de losa escuchando a las perdices…» (Pág. 979). Poesía de verdadero compromiso social y político, solidaria con los marginados y vencidos: «queridos compañeros carpinteros y ebanistas / les traigo el saludo solidario de los metafísicos…» (Pág. 1011).
Desde el origen, la palabra en un exuberante imaginario, esa forma expresiva basada siempre en la experiencia de lo vivido: el olor de la tierra, del agua y el fuego, de los sueños de otoño en su tristeza: «Huelen los sueños desnudos al final de la noche… Como a quemado huele y a otros humos aún sin oficio en la imaginación de los hombres. Un olor solo conocido en la Tierra, un olor que tal vez llegue del cielo» (Pág. 1347). También, un descenso al inframundo, al abismo de la nada en el inédito ‘El ciprés descapotable’, que regresa a la raíz del ser.
En la poesía de Mestre, como bien dice Yordi Doce en el prólogo, «El yo lírico rara vez se proyecta sin el telón de fondo de las inquietudes y aspiraciones colectivas y hay un rumor constante de discusiones que giran siempre sobre lo mismo: la vida, el absurdo y la gloria del vivir, esa historia universal de la infamia que se resume en un desfile tenaz de fracasos y derrotas, pero que es también el lugar de la esperanza y la utopía, de esas pequeñas aperturas en forma de revelación que nos permiten seguir el camino».
Reunámonos en ‘Asamblea’, al calor de la palabra numinosa de Juan Carlos Mestre.

Asamblea. Poesía reunida (1975-2025)
Autor: Juan Carlos Mestre
Editorial: Galaxia Gutenberg
1500 páginas. 37,00 €
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