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Editorial Anagrama

Emmanuel Carrere honra a su madre en ‘Koljós’

Su lema era: never explain, never complain (nunca des explicaciones, nunca te quejes). Con ello y un coraje de acero y una firme voluntad de abrirse paso con un trabajo constante y brillante, logró su espectacular ascenso de niña apátrida hasta la cúspide de la sociedad francesa

Emmanuel Carrere honra  a su madre en ‘Koljós’

Emmanuel Carrere honra a su madre en ‘Koljós’

Era Helène Carrère d’Encause, figura central de la intelectualidad francesa, primera mujer al frente de la Academia y una autoridad en la historia de Rusia. Dos años después de su muerte su hijo, el escritor Emmanuel Carrère, publica ‘Koljós’, que recorre la historia de su familia materna, descendiente de inmigrantes rusos y georgianos tras la revolución de 1917, junto a los grandes conflictos del siglo XX, pero que tiene a su madre como eje central del relato, que se levanta como un homenaje de amor y respeto a la figura de ella.

El propio título ‘Koljós’ tiene un significado de profundo recuerdo amoroso a su madre: ella, anticomunista de toda la vida, permitía en ocasiones que sus hijos durmieran en su habitación, alrededor de su cama y eso lo llamaba «hacer koljós», en recuerdo a las granjas colectivas soviéticas, del mismo nombre.

‘Koljós’ se inicia con el homenaje de la nación a su madre y el discurso del presidente Macron que recuerda que entre sus antepasados se contaban príncipes rusos y barones bálticos, un general prusiano, la traductora de George Sand, una dama de honor de la última emperatriz y al menos un regicida y que después de haber poseído tanto lo perdieron todo en la tormenta de 1917.

Ella nació como Helène Zurabishvili. El primer Zurabishvili que recuerda es su bisabuelo Iván, aunque llamado Vano, él y su esposa Nina son el centro de la vida intelectual de Tiflis, en Georgia . Intelectual, burgués, demócrata, hombre respetuoso por la libertad de opinión y enemigo de Iosif Vissariónovic, antes de que se convirtiera en Stalin; este era entonces un matón de los bajos fondos «y de ahí paso a ser un auténtico gangster al servicio del partido bolchevique». La bisabuela Nina hizo buenas migas con la madre de Beria, el otro gran georgiano, jefe luego de la terrible GPU. Ambos, Vano y Nina, abandonaron Georgia con sus dos hijos pequeños en marzo de 1921, dejando atrás todas sus posesiones. Llegan a París en 1924. De sus dos hijos, George, el padre de Helène Carrere, la madre del escritor, es un caso aparte con una historia tenebrosa que Carrère ya contó en su libro ‘Una novela rusa’.

Del otro lado su abuela Nathalie von Pelken, la flor y nata de la nobleza rusa, con todos los títulos, blasones propiedades y riquezas que se pueda imaginar, criada con siete institutrices, pero en 1923 cuando llega a París, lo hace igual que los Zurabishvili, no tiene un céntimo y está sola en el mundo. Nathalie von Pelken y George Zurabishvili se conocieron y se casaron en París en 1925. En 1929 nacía Hélène la madre de Emmanuel Carrère.

«Mi madre se pasó la vida observando Rusia, escribiendo sobre Rusia, amando Rusia, sin manifestar jamás el menor interés por ese pequeño pueblo, a sus ojos arcaico, folclórico y chovinista del que procedía en un cincuenta por ciento. Y yo no puedo ser más hijo de mi madre, en este aspecto y en tantos otros».

Habla de su tío Nicolás, hermano de su madre, que ha sido y sigue siendo una de las personas más importantes en su vida, desde su adolescencia, ejerciendo gran influencia y haciendo sombra a su madre, algo que para ella fue motivo de rencor. Con el tiempo Nicolás se consagró como un virtuoso pianista. El vivió siempre con la tristeza de no saber cómo murió su padre y con el malestar de saber que su madre y su hermana le mentían para protegerlo.

La mayor parte de la información sobre su familia proviene de las carpetas de su padre que lo guardaba todo y paso muchos años estudiando y ampliando la genealogía familiar, en especial de la rama de los Zurabishvili. El padre tuvo a gala conocer lo que llamó un curioso guiño de la historia como era el establecer una unión histórica entre Encausse, su lugar francés de acogida, y la ciudad georgiana de Poti, cuna de los Zurabishvili. El curioso guiño se refiere a que Pompeyo, de regreso de España, acampó con sus soldados en Encausse y desde allí partió a la conquista de Poti.

Los bolcheviques privaron de sus bienes y de su nacionalidad a todos los rusos que huyeron del país. Toda la familia materna de Carrère, la rusa y la georgiana, además de perderlo todo, era apátrida. Su madre se empeñó lo antes que pudo en obtener la nacionalidad francesa al alcanzar la mayoría de edad. Lo logró sin problemas, antes de casarse. Al escritor le pesa no haber aprendido ruso para comunicarse en esta lengua con su madre. Para él fue «una barrera inexplicable» que la separó de ella.

Ella siguió con cierto desdén cómico los acontecimientos del Mayo del 68, pero sí con mucha atención el caso de la Primavera de Praga donde el reformista Alexander Dubcêv intento conducir a Checoslovaquia hacia un «socialismo de rostro humano». Para su madre lo importante era esa lucha arriesgada de los checos por la libertad y no ese alboroto de niños consentidos que montaban los estudiantes franceses. La Primavera de Praga duró seis meses, hasta que en agosto del 68 los tanques rusos entraron en Checoslovaquia y aplastaron la rebelión.

Narra también el fin del amor entre sus padres. Su madre se enamoró de otro hombre, un diplomático. El padre quedó relegado y amenazó con suicidarse. La madre entonces renunció al amor para que el padre no se suicidara, pero el amor nunca volvió a estar con ellos. Ella lo desterró a una habitación minúscula de la casa y así vivieron, sin un gesto de amor, cincuenta años más.

Leyendo ‘Koljós’ recorremos la Revolución Bolchevique, el exilio de los rusos blancos a Europa, dos guerras mundiales, el colapso del bloque soviético, la Rusia imperial de Putin y sus guerras, todo ello mientras nos adentramos en una saga familiar, la de los Zurabishvili, reconvertidos luego en Carrère, a la vez apasionadamente romántica y trágica, llena de destinos prestigiosos y modestos, y también oscuros y atormentados.

Koljós

Autor: Emmanuel Carrèrre

Editorial: Anagrama

Traducción: Juan de Sola

448 pp. 23,91 €

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