Editorial Alfaguara
Juan Gabriel Vásquez y la perspectiva humana
El autor colombiano publica ‘Esto ha sucedido’, volumen que compila buena parte de sus columnas para el diario El País de los últimos años. Una lección de periodismo crítico y de literatura periodística para tiempos de alienación y desesperanza

Juan Gabriel Vásquez / l.o.
Leer un libro de artículos de opinión entraña una paradoja que se agiganta en su irresolución conforme el libro va avanzando y seduciendo. Se podría razonar acerca de esa gavilla de sutilezas -sociales, estéticas y políticas- que en sus horas más altas acotan la pervivencia literaria del columnismo, pero quizá bastaría con mencionar la más esencial y contumaz de todas: el hecho de que normalmente se trata de un combate en diferido contra el tiempo. Convencer a un lector de la necesidad de subvertir la caducidad más o menos instantánea del género para alargar su vida útil es algo que trasciende el ámbito de las decisiones de imprenta. Y que en el mejor de los escenarios está abocado a resolverse únicamente a favor mediante el baipás de los pies de página y de las aclaraciones que permiten descodificar el marco original bajo el que se escribieron los textos. Eso, que en la ficción y hasta en los diarios se consigue a través de la apelación a lo universal e imperecedero, resulta diferente y acaso más embarazoso en el caso de los artículos; sobre todo, por la dificultad de discurrir sobre temas de actualidad con un diapasón lo suficientemente holgado y al mismo tiempo preciso como para atajar la realidad no sólo en atención a lo que ocurre, sino también a la anfractuosa cartografía de causalidades que conectan con sus orígenes e, incluso, con las circunstancias que están todavía por definirse.
Ser escritor de columnas presupone la concurrencia de unas maestrías que, conjuradas en su alquimia más noble, no siempre coincidente con la de la novela o el ensayo, han dado a lo largo de la historia páginas absolutamente memorables en nuestro idioma. Y que cada vez se antojan más infrecuentes. Entre otras cosas, porque los tiempos no favorecen; ni en tanto a las manías cognitivas de los lectores -centradas en la inmediatez y la identificación gregaria y partidista- como por la influencia intrusiva de un tipo de escritura -soez, pendenciera y poco exigente- que desde los albañales de las redes ha acabado incluso por contaminar a ese reducto de autoridad perfectible que era hasta muy poco la prensa tradicional de vocación independiente. Y lo que es peor, también a sus responsables, hasta el punto de hacernos añorar las décadas en los que no sin razón se cifraba el apocalipsis de la profesión en la concentración de la propiedad y la venalidad de algunos de sus representantes. Esos problemas siguen existiendo, pero palidecen frente a los matices de la contemporaneidad tanto como aquellas hoy casi conmovedoras invectivas de Erich Fromm contra la edad primitiva de la televisión y sus efectos perversos en la formación de los jóvenes. Si existe una ventaja del pasado en esa lucha siempre oportunista y desigual que es la confrontación entre épocas, quizá sea que hace apenas veinte años eran periodistas los que mandaban en los medios. Al revés quizá sólo se mantenga en pie el arma de doble filo de poder llegar a más gente. Y, sobre tiempo, el triunfo moral de haber confirmado al análisis en profundidad y al columnismo comprometido como la única vía de enmienda. O lo que es lo mismo, la fortuna de poder leer a autores que como Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) tienen la valentía de arremangarse para proseguir con su empresa intelectual a través de esas gotas de reflexión súbita y a contracorriente que es a menudo la literatura que se hace en la prensa. Y más en un periodo tan errático para el periodismo y, por tanto, también para la democracia, como el actual, en el que ha pasado a ser cuestionada -incluso vandalizada- la que es y ha sido su principal función. Me refiero a la búsqueda de la verdad, aunque sea únicamente como divisa ontológica.
Todo esto, pasado por el tamiz de Camus, es lo que inspira el título de la última selección de artículos del escritor de Bogotá, ‘Esto ha sucedido’ (Alfaguara). Un volumen que recoge buena parte de las columnas publicadas en El País durante el último lustro, con temas por los que desfilan el arte y la literatura, Trump y la posverdad o la complejísima, a ratos disparatada y siempre acerba política colombiana. Textos que, si bien no invitan al optimismo, dejan traslucir la esperanza nada menor de seguir sumando en las filas a autores capaces de aplicar la misma brillantez literaria con la que conciben sus novelas a la quizá más despojada exigencia de responder con honestidad a lo que está ocurriendo. En este sentido, el autor de ‘El ruido de las cosas al caer’, y así lo acredita este nuevo libro, se ha convertido en una firma de referencia, tanto por la generosidad de su estilo como por la agudeza de su pensamiento, que va más allá de la superficie y de ese mal omnipresente que es el fanatismo, hasta el punto de hacer que sus artículos contradigan incluso la premisa que él mismo establece en el prólogo de esta antología. Dice Juan Gabriel Vásquez que las novelas se escriben con la intención de descubrir y las columnas a partir de la certeza. Pero aquí se intercambian los papeles, dando claves de exploración que superan el presente. Atracar en ‘Esto ha sucedido’ resulta un placer inevitablemente amargo porque la realidad es amarga. Pero también necesario. El periodismo tal vez era eso.

Esto ha sucedido
Autor: Juan Gabriel Vásquez
Editorial: Alfaguara
528 páginas 19,85 €
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