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Filosofía

Susan Neiman: cuando el sufrimiento desafía la razón

¿Por qué existe el mal? La pensadora estadounidense Susan Neiman reescribe la historia de la filosofía moderna respondiendo a esa pregunta incómoda en ‘El mal en el pensamiento moderno’. Un ensayo riguroso, valiente y sorprendentemente legible sobre el escándalo del sufrimiento y la razón

Susan Neiman

Susan Neiman

María Gaitán

María Gaitán

Hay libros que llegan en el momento justo para hacerte una pregunta que no puedes ignorar. ‘El mal en el pensamiento moderno’ es uno de ellos. Susan Neiman, filósofa estadounidense formada en Harvard y directora del Einstein Forum de Potsdam, no escribe aquí un manual de ética ni un ensayo teológico al uso. Escribe algo más incómodo y más necesario: una historia alternativa de la filosofía moderna construida sobre la premisa de que el verdadero motor del pensamiento occidental no fue el problema del conocimiento —como solemos aprender— sino el problema del mal. Por qué existe. Por qué nos destruye. Y por qué seguimos sin poder aceptarlo.

La apuesta es ambiciosa y, en gran medida, la gana.

Neiman organiza su argumento alrededor de dos catástrofes que funcionan como coordenadas históricas y filosóficas: el terremoto de Lisboa de 1755 y Auschwitz. No son metáforas decorativas. Son los dos momentos en que la civilización occidental se vio forzada a mirarse al espejo y reconocer que sus categorías —providencia divina, progreso racional, justicia histórica— no alcanzaban para explicar lo que había ocurrido. El terremoto de Lisboa mató a decenas de miles de personas un día de celebración religiosa, sin distinción de virtud ni de pecado. En Auschwitz ocurrió algo distinto pero igual de devastador: Se demostró que el mal más sistemático y organizado de la historia moderna podía ser ejecutado por seres humanos racionales dentro de estructuras burocráticas modernas. Ambos eventos son, para Neiman, heridas abiertas en el pensamiento filosófico que ningún sistema ha logrado cerrar del todo.

Lo que hace el libro, y esto es lo que lo distingue de otros ensayos filosóficos, es recorrer la historia del pensamiento moderno —desde Leibniz hasta Arendt, pasando por Rousseau, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche y Freud— no para hacer un catálogo de sus ideas, sino para mostrar cómo cada uno de ellos estaba respondiendo, explícita o implícitamente, a ese escándalo fundamental: que el sufrimiento existe en una medida que la razón no puede justificar y que la moral no puede redimir fácilmente. Cada sistema filosófico aparece así no como una construcción abstracta y autosuficiente, sino como una respuesta viva a una pregunta que duele.

Neiman escribe con una claridad que debería ser obligatoria en la filosofía académica. No simplifica, pero tampoco se esconde detrás de la jerga técnica como escudo de respetabilidad. Hay momentos en que su prosa alcanza una precisión casi literaria, especialmente cuando analiza a Kant o cuando se enfrenta a la figura de Hannah Arendt, a quien trata con una mezcla de admiración crítica que resulta especialmente honesta. La autora no pretende neutralidad: tiene posiciones, las defiende y las expone con argumentos. Eso, en un género tan dado a la ambigüedad protectora, se agradece.

Uno de los aciertos más notables del libro es su tratamiento de la distinción entre mal natural y mal moral, una separación que Neiman considera fundamental y que la modernidad ha tendido a difuminar de formas problemáticas. Antes de Rousseau, argumenta, los terremotos y las plagas se percibían en el mismo registro moral que la crueldad humana: todo era voluntad divina, castigo o prueba. Rousseau fue el primero en separar con claridad el sufrimiento que nos inflige la naturaleza del sufrimiento que nos infligimos los unos a los otros, y esa distinción tuvo consecuencias filosóficas enormes, porque desplazó la responsabilidad del cosmos al ser humano. A partir de ahí, el mal moral se convirtió en algo que podíamos —y debíamos— intentar erradicar. El optimismo ilustrado, con todo su peso y sus contradicciones, nace en parte de esa separación.

Pero Neiman no es una ilustrada ingenua. Sabe perfectamente que Auschwitz puso en crisis ese optimismo de una manera que ningún argumento filosófico ha superado del todo. Y es en esa tensión —entre la necesidad de creer que el mundo puede ser mejor y la evidencia de que puede ser monstruoso— donde el libro encuentra su centro de gravedad real. No ofrece una solución. No pretende que la filosofía pueda cerrar esa herida. Lo que ofrece es algo más honesto y, paradójicamente, más útil: un mapa de cómo los pensadores más rigurosos de los últimos tres siglos han intentado vivir con esa tensión sin rendirse ni al cinismo ni a la ingenuidad.

La edición de Debate es cuidada y accesible. La portada, que evoca los grabados oscuros de Goya con esa atmósfera de pesadilla ilustrada, acierta visualmente con el espíritu del contenido. Es un libro que se ve serio antes de abrirse, y que cumple esa promesa en cada capítulo.

¿Para quién es este libro? Para quien haya sentido alguna vez que la indignación moral —esa sensación de que algo no debería ser así— es filosóficamente seria y no meramente sentimental. Para quien quiera entender la modernidad no como un relato de progreso ascendente sino como un esfuerzo tenso y a veces fallido de no claudicar ante el caos. Y para quien sospeche que las grandes preguntas filosóficas no nacen en las bibliotecas, sino en los momentos en que el mundo falla de una manera que no podemos aceptar en silencio.

Neiman no resuelve el problema del mal. Pero demuestra, con rigor y con coraje intelectual que seguir haciéndose esa pregunta es una de las cosas más serias que puede hacer un ser humano.

El mal en el pensamiento moderno

Autor: Susan Neiman

Editorial: Debate

Traducción: Felipe Garrido Reyes

Páginas: 480

Precio: 23,65 €

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