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Editorial Almuzara

Chaves Nogales, verdadero aficionado flamenco

La editorial Almuzara publica ‘Lo flamenco’, un opúsculo con algunas de las acendradas reflexiones sobre lo jondo del autor de ‘El maestro Juan Martínez que estuvo allí’, que también se cuela en un par de anécdotas magistrales en este compendio de artículos

Chaves Nogales

Chaves Nogales / l.o.

Francis Mármol

Francis Mármol

Cualquiera que haya leído ‘El maestro Juan Martínez que estuvo allí’ sabe que sin temor a equivocarnos nos encontramos ante una cima de la narrativa del periodista sevillano, Manuel Chaves Nogales. En mi caso, iría más lejos al catalogar esa obra como la mejor historia ‘de ficción’ que se haya escrito jamás sobre tema flamenco y una auténtica maravilla en el retrato político social de la Revolución Rusa y sus alrededores. El que lea estas líneas dirá que tampoco es decir mucho pues de este género musical tampoco se han escrito excesivas novelas pero yo alegaría que ni aunque así sucediera se llegaría de lejos a igualar. Quizá me tildarán de exagerado si la pongo al nivel del Lazarillo o de un Rinconete y Cortadillo sin ser estas más allá de la picaresca un ensayo sobre las consecuencias de la guerra.

Digo esto como antesala a la crítica del nuevo libro que publica ahora Almuzara; ‘Lo flamenco’ en Chaves Nogales y que recoge en buena parte del opúsculo (muy breve) algunos extractos del libro mencionado, muy paradigmáticos, hay que reconocerlo, de la epopeya del pícaro bailaor Juan Martínez y su trouppe flamenca. No vale tan solo este relleno de oro la compra del mismo, sino unos cuantos artículos que resumen su mirada hacia el fenómeno cultural más internacional de cuantos adornan nuestra piel de toro, le pese a quien le pese. La visión de Chaves Nogales pasa por algunos aspectos que siguen de radiante actualidad entre la flamencología y que yo los situaría bajo el asidero mayor de una frase sencilla pero cimentada sobre un axioma: «desconfiad de los que solo se muestran partidarios de un tipo de cante».

Y es que el autor de obras tan limítrofes al ambiente flamenco como ‘Juan Belmonte, matador de toros’ regala muchos fogonazos de conocimiento del género propios de un gran aficionado. Yo lo alzaría en hombros como el verdadero nuevo aficionado flamenco; no sectario, integrador, vanguardista. Palabra que en términos jondos quiere decir lo máximo, la de aficionado. Valga la aclaración. Así en uno de sus textos titulado ‘El cante jondo’ señala la cantidad de detractores de esta música que le niegan, ya en su tiempo, una significación espiritual, mientras él la sitúa en el centro del alma andaluza, «inexplorada», dedicando certeras definiciones como «verdadero terror primitivo», «dolor no reflexionado» y al que no logran llegar los pentagramistas, los literatos ni los que lo reducen al sainete o la españolada. Sabiendo de antemano él de cómo se introdujo el antiflamenquismo en su tiempo y en la Generación del 98.

En su acérrima defensa aporta que cuando otros pueblos pierdan su esencia en la superficialidad, Andalucía puede guiarse por la profundidad de su cante, al que solo ve con unos pocos adversarios; «catalanes» y unos cuantos «catedráticos». No la rebaja en su comparación con la música denominada culta y más bien añade una consideración muy a tener en cuenta cuando incide en que toda la música folclórica andaluza es flamenca. Advierte que sobrevivirá a las olas de animadversión y a las de la moda, y aquí se destapa como gran futurólogo. Intuye que hay algo de postizo en la búsqueda de sus orígenes en el Oriente y pone algo en entredicho a la flamencología de su tiempo, en una decantación que proviene de tiempos inmemoriales sobre la necesidad de dejarlo libre y salvaje. Sin estudiar, de lo que discrepo.

A tal punto llega su alegato por el cante que ataca, en tiempos de la ópera flamenca a los que se han aprovechado de su comercialidad, «cupleteros» y hace un descargo por los cantaores feos y arrinconados, en el que quizá es su argumento más romántico. Pues el flamenco también tuvo y tendrá estrellas comerciales y guapas. En eso, se destapa ya como el primer lorquiano. Aunque, repito, su mirada al género es realista, poliédrica y más que original.

Otro de los detalles que lo confirman como un fino sociólogo flamenquista es cuando dice que él mismo tiene muchas cunas y nombra, entre otras, las minas de Levante, los contornos de Alosno, igual que Málaga o la campiña jerezana para volcar en Sevilla un piropo y un reproche. La ciudad, en que la nace el propio Chaves Nogales, es la desembocadura de muchos de los flamencos que buscan triunfar pero admite que el profundo fracaso que representa la esencia del flamenco choca con la idiosincrasia del sevillanismo. Ahí es nada.

En este punto, también bucea en otros artículos en tradiciones que están perdiéndose como las de las cruces de Mayo o la pervivencia dentro del folclorismo que arrecia en la Semana Santa hispalense del misticismo de una saeta.

Lo flamenco

Autor: Manuel Chaves Nogales

Editorial: Almuzara

96 páginas. 14,00 €

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