Editorial Random House
Han Kang: el ser humano, ese gran misterio
En su nueva novela, ‘Tinta y sangre’, la escritora surcoreana Han Kang, premio Nobel de Literatura 2024, aborda una vez más el sufrimiento humano, pero en esta ocasión desde la perspectiva de que nadie conoce, en realidad, a nadie, que los seres humanos somos un misterio irresoluble

El ser humano, ese gran misterio
De entre los muy diversos, oscuros e impenetrables misterios de la vida, de la existencia, hay dos que nos acompañan todo el tiempo: uno mismo y los otros. Si el sabio griego aconsejaba (¿o retaba?) conócete a ti mismo, tarea acaso titánica, el intento de conocer al otro, por cercano que sea, por años que pasemos a su lado, se muestra como una tarea del todo imposible.
Y sin embargo, quizás sea la más veces emprendida a lo largo de la historia de la humanidad, y la que más veces se ha creído concluida con éxito. No falta nunca quien presuma de conocerse no solo a sí mismo, sino de conocer perfectamente a quienes tienen cerca, familiares, amigos, compañeros…
Sobre ese concepto, sobre ese inmenso misterio que somos y que son los otros, hace girar Han Kang, la premio Nobel surcoreana, su última novela, ‘Tinta y sangre’, recién llevada a las librerías por Random House con traducción de Sunme Yoon.
La autora nos hará reparar una y otra vez en ese gran misterio enhebrando una historia con tintes de novela policiaca en la que una mujer, Cheonghee, emprende una investigación en torno a la muerte de su amiga Inju, una reconocida pintora que ha muerto en un accidente de coche. Cheonghee se niega a aceptar que su amiga se ha suicidado, como afirma un extraño crítico de arte. La investigación, una verdadera obsesión para el personaje, llevará a Cheonghee a desentrañar aspectos desconocidos de la biografía de su amiga y de su entorno, pero también a desvelar zonas de sí misma que había mantenido tan ocultas que siquiera ella conocía.
De ese modo, en varios momentos de la obra aludirá al desconocimiento que tenemos de los otros: «No conocí bien a Inju. La conocí incluso menos de lo que ella me conoció a mí. Ella nunca me habló de su madre. Hoy me he enterado de que tenía una amiga con quien podía hablar sobre su tío. Kim Yeongsin sabe mucho más del pasado de Inju que yo» (páginas 192-193). En torno a la reflexión central, Kang plantea la imposibilidad absoluta de conocer a alguien: «Aunque llegara a saberlo todo sobre ella y reconstruyera la totalidad de su vida, seguiría habiendo lagunas que solo pueden llenarse con puras conjeturas» (página 208), porque finalmente todo ser humano es, en esencia, un gran misterio incluso (o sobre todo) para sí mismo: «Me maquillaba mucho, cada vez más, para ocultar mis sentimientos. Durante los tres años que estuve casada, mejor dicho, durante los diez que estuvimos juntos, renuncié a mi vida. Sin un grito. Me destruí. Yo misma, con mis propias manos, sin la ayuda de nadie».
Hay un latente lirismo en la obra, propio del estilo de esta escritora que sorprendió al mundo con ‘La vegetariana’, la obra que escribió inmediatamente antes de esta ‘Tinta y sangre’, y también un fuerte poso de melancolía: «Solo recuerdo el paño blanco lleno de manchas que se secaba en el tendedero de la cocina, el fino guante de algodón que el tío llevaba en la mano derecha, tres huevos duros cortados por la mitad sobre un recipiente de porcelana blanca y un pequeño cuenco lleno de sal al lado». (página 78). Los sueños y la memoria, el arte, la astrofísica y la poesía, además del suspense, son algunos de los elementos que componen esta novela en la que va demorando la historia a base de recuerdos, pero esos mismos recuerdos van formando la historia: «Miro el reloj de la pared. Observo cómo gira el segundero. Lo hace paso a paso, como con dificultad. En noches como esta, en las que el tiempo se eterniza, los recuerdo emergen y cobran vida, los fragmentos rotos avanzan chocando entre sí como una canción que se repite sin cesar, como el viento que sopla sin descanso en mi cuerpo» (página 142).
Han Kang profundiza en las mismas preguntas de obras anteriores, en su constante preocupación por escapar de un mundo violento, agresivo, hostil hacia las personas. Una de las características esenciales de la obra es la absoluta infelicidad de todos los personajes. No hay nadie a salvo, nunca se está seguro. Los personajes de Han Kang son seres al albur de la vida, del destino, de la mala suerte. Gente a la que persigue pertinazmente la desgracia. Gente frágil y desamparada: «Todo parece mezclarse y formar una gran unidad, incluida mi existencia. Entonces, con una claridad aterradora, veo que mi existencia es tan incierta que en cualquier momento algo puede atravesar mi pierna…, o incluso destruir mi vida, de un solo golpe» (página 289). Un rasgo especial de la escritura de Han Kang, advertible en toda su obra, no solo en esta novela, es su delicadeza para hablar del sufrimiento y el dolor más profundos, de la crueldad, de lo frágil de la existencia humana. Es una escritora capaz de dotar a sus personajes de una complejidad psicológica poco frecuente. Sus obras abordan, desde una voz femenina, la violencia y la brutalidad inherentes al ser humano, la salvación, las heridas, los traumas no resueltos y la muerte. Es como si se estuviese preguntando si los seres humanos somos ineludiblemente violentos, si hay algo puro en nosotros que se mantiene incólume toda nuestra vida. Probablemente la respuesta sea un no. Quizás por eso, por alcanzar esta reflexión, Han Kang es una autora comprometida con el sufrimiento humano que escribe desde su propio dolor, que a veces juega a mezclarse con sus personajes (la protagonista de ‘Tinta y sangre’ comparte fecha de nacimiento con la escritora), y que apela siempre a las heridas en un intento de explicar que, si no se reparan, esas heridas permanecen en las personas durante toda la vida.

Tinta y sangre
Autora: Han Kang
Editorial: Random House
Traducción: Sunme Yoon
312 pp. 31,75 €
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