Correspondencia
Las cartas inéditas que forjan el mito intelectual de Azaña
Bajo el título, ‘Mi muy querido amigo Azaña’, la editorial Notas al Margen recopila muchas de las cartas inéditas que entre 1918 y 1939 enviaron figuras como Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Victoria Kent o Indalecio Prieto, entre otros, al que fuera presidente de la República Manuel Azaña.

Manuel Azaña / L.O.
El pequeño volumen es una buena oportunidad para conocer el mundo intelectual, literario y político en el que se movía Azaña y las relaciones entretejidas por esos otros personajes de la intelectualidad y la política. Cada una de las cartas que se reproducen en el volumen cuenta con un estudio de un especialista que destripa y descifra los entresijos de cada misiva.
Lo relevante a propósito de Manuel Azaña lo dijo con claridad Francisco Ayala: «Sustancialmente y ante todo Azaña era escritor» y señala como ejemplo «cómo entre los más arduos afanes y en medio de las situaciones más tensas, más dramáticas, en que el destino había de envolverle, fue capaz de redactar día a día,-y diríase que compulsivamente- sus impresiones, valoraciones y juicios, clarividentes siempre, y redactarlos en una prosa de impecable elegancia».
La historia, con los dramáticos sucesos en los que se vio envuelto, ha cercenado en buena medida esta condición del que llegó a ser presidente de la segunda República, el que en realidad marcó con sus reformas ese periodo de la historia española y el que tuvo que sufrir finalmente un golpe de Estado liderado por un puñado de militares que terminó conduciendo a una cruenta guerra civil. Su escritura fue su manera de poner orden y de dar forma a su pensamiento. El Estado, la construcción del Estado moderno, fue su gran tema.
De toda esta correspondencia la más relevante es la que abre este libro y es la que, en 1918, don Miguel de Unamuno le dirige a Azaña por entonces presidente del Ateneo de Madrid para anunciarle que debido a la boda de su hijo no podrá impartir la conferencia que tenía prevista en el Ateneo. Pero Unamuno aprovecha para enfrentar su ideario centralista y su condena de los nacionalismos catalán, vasco y gallego que ya entonces emergían, sobre todo el catalán, la llamada «cuestión catalana», de ahí que de manera desabrida y abrupta Unamuno le increpa a Azaña en su carta: «y esa Unión Democrática Española qué hace? Que prepare por lo menos las bases de la reunión confederativa de la nación española y la catalana» Y a continuación hace explotar su bomba: «ya que Cataluña ha de acabar muy pronto por separarse del todo del Reino de España y constituirse en Estado absolutamente independiente», y España la perderá, «no me cabe duda que la perderá». La carta, como señala en su análisis José María Ridao, ilustra la relación de respeto y recelo que entonces ya existía entre Azaña y Unamuno y las profundas diferencias con el problema catalán y los nacionalismos.
Indalecio Prieto le escribe en abril de 1935. Ambos se tenían respeto y amistad. Le escribe desde París para alentarle en un frente común electoral de republicanos y socialistas de cara a las elecciones que ya se barruntaban y donde Prieto defiende la inclusión de los comunistas ya que según él: «por lo escaso de sus huestes no pueden aspirar a mucho». Prieto halaga en todo momento a Azaña al que considera «imprescindible» para liderar esa gran coalición socialista-republicana. También le dora la píldora a Azaña arremetiendo contra el proyecto de reforma constitucional que defendía Alcalá Zamora, que ambos consideran erróneo y que Prieto incluso tacha de «incorrecto a ilícito».
A finales de 1922 la carta es del poeta Antonio Machado, que asume el compromiso de contribuir al sostenimiento de la revista España, que dirige Azaña y para ello le envió una composición que Machado dedica a Valle-Inclán. Le añade que seguirá enviando trabajos a la revista y se muestra agradecido por las cincuenta pesetas que recibe: «no recuerdo haber cobrado más en ninguna part»e, afirma. Azaña y su cuñado Manuel Rivas Cherif dirigían también por entonces la revista literaria La Pluma.
En noviembre de 1934,un Manuel Azaña prisionero en la cárcel de Barcelona, acusado de haber participado en la proclamación del Estado Catalán, recibió carta de Victoria Kent mostrándole su solidaridad y su apoyo inquebrantable. Kent le expresa su profundo sentimiento por «la desgracia que le conmueve» y le expresa su adhesión y afecto y le hace llegar «mi devoción y mi lealtad hacia usted».
Kent había sido nombrada en 1931 Directora General de Prisiones por su inquebrantable compromiso republicano. Las reformas impulsadas por Kent fueron audaces y profundas pero muchos, incluidos el propio Azaña, juzgaron que se había equivocado. Estos desencuentros no impidieron que ambos caminaran juntos en la empresa de mayor calado como era que fructificase la unión de todos los grupos republicanos de izquierda. En esa lucha tarea ambos mostraron su fuerte compromiso y su ideario común.
Ramón del Valle-Inclán. En febrero de 1923 recibe carta de Valle-Inclán para agradecerle el número que la revista La Pluma le dedicó, aunque le señala que le ha consolado y entristecido, pues decía sentir «algo de necrológico» al leerlo, algo similar a la emoción que deben sentir los muertos al oir sus responsos y le hace llegar su reconocimiento pues «solo usted se encara con un hombre vivo y descubre su dolor y su drama». La Pluma había dedicado un número especial totalmente dedicado a Valle-Inclán, donde colaboraron Antonio Machado, Ricardo Baroja o el propio Azaña entre otros que le dedicó un memorable artículo.
Juan Ramón Jiménez La carta de Juan Ramón Jiménez es de agosto de 1920. En ella el poeta, con amplia generosidad, les anuncia el envío para la revista La Pluma de una serie poética, pese a saber que no serán remunerados y solo le pide ver con antelación las pruebas de imprenta. Más aún Juan Ramón, que ya conocía bien a Azaña, les dice que pueden pedirle lo que quieran «sin miedo a abuso, pues vengo trabajando en 97 libros, dos terceras partes inéditos» y se presta además a hacer «cualquier indicación útil a la revista que se me ocurra».
La mistad y el aprecio mutuo entre Azaña y JRJ fue larga y provechosa. La generosidad del poeta fue esencial para el devenir de La Pluma. No solo colaboró en varias ocasiones sin cobrar por ello, sino que se suscribió desde el primer número, aconsejó sobre poetas jóvenes que podían colaborar y ayudó a la revista proporcionando a sus editores tesoros como el de los tres poemas inéditos de Rubén Darío.

Mi muy querido amigo Azaña
- Varios autores
- Editorial: Nota al margen
- Precio: 19,00 €
- 192 páginas
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