Editorial Anagrama
La hora cero de Benjamín Labatut
El autor chileno, último abanderado de las letras americanas y debilidad de Thom Yorke, se lanza al tatami contra sí mismo y su incipiente fama con el rescate para Anagrama de su primer libro; una antología de cuentos que golpea con autosuficiencia y prefigura el misterio de sus posteriores escritos

El escritor chileno Benjamin Labatut, en la sede de la editorial Anagrama / JOAN CORTADELLAS
A lo mejor es cosa de atender a esa convención, por lo demás, tímida e implacable, que llamamos tiempo y que avanza con ritmos a menudo más disparatados de los que tutelan los relojes. Sucede que en la literatura -más circular e intrincada que otras modas- los hábitos también envejecen, hasta el punto de que las imágenes romantizadas de hace poco más de medio siglo nos parecen a la vuelta de la esquina más cercanas al Hombre de Orce que a los predicadores de la IA que nos fustigan y acompañan. Una de ellas, gloriosa donde las haya, es el despertar de la novela latinoamericana, que, al parecer, y pese a todos los grandes precedentes, estaba dormida y había que espabilar con estrépito de bomba, cuestión que se logró con numerosas y variadas luces, pero que aún teniendo en cuenta la vigencia y universalidad de muchos nombres, ha ido perdiendo -por fortuna para todos- su impostada hegemonía totémica. De un modo, además, perfectamente natural, dando lugar a nuevas voces, que, acaso de una manera más reposada y menos fulgurante, han ido acostumbrándonos a esa verdad tan difícil de comprender para algunos de que, por más cuño de Bolívar le pongamos a la frase, no se puede hablar de literatura en singular y que el idioma – e incluso la lectura en general- nos hace a todos coterráneos y contemporáneos. O, dicho de otro modo, que la patria, además de los amigos, son las letras y que en esto cada uno es de su padre y de su madre y busca el milagro de un entendimiento que va más allá de las banderas y las zonas francas.
En este sentido, la literatura latinoamericana sigue siendo inabarcable y diversa, lo que no quita que la etiqueta mantenga su justificadísimo predicamento y que las editoriales, para solaz del acomplejado y snob gusto europeo y estadounidense, nos acribillen cada dos o tres años con la presunta aparición de la nueva y definitiva sensación de la novela latinoamericana. Todo esto podría ser indudablemente una lata, que diría Pe Cas Cor, si no fuera porque la cosecha de las últimas décadas dista mucho de ser rala y que lo peor que nos puede ocurrir bajo el auspicio de ese marbete sea descubrir la enésima encarnación de Borges o de Cortázar. Ahí están experiencias tan interesantes como las de Samanta Schweblin o Ariana Harwicz. Y, por supuesto, Benjamín Labatut (Róterdam, 1980), que merece consideración aparte. Y no sólo por ser un chileno nacido en Holanda que tiene al inglés como lengua madre, sino porque su propuesta ha ido creciendo bajo presupuestos inhabituales. Especialmente, en España, donde hemos aprendido a conocerle al revés. Es decir, leyendo sus recientes obras maestras –‘Un verdor terrible’ y ‘MANIAC’- y avanzando a partir de ahí a su debut en la narrativa, el volumen de cuentos ‘La Antártica empieza aquí’, que acaba de ser recuperado en edición revisada por el autor para la editorial Anagrama.
Quien esté familiarizado con los dos grandes títulos del escritor chileno entenderá a la perfección el interés que despierta su producción entre lectores de todo tipo de gramaje y pelaje. Después de firmar dos de los libros más originales y sugerentes de los últimos años -ambos, pese a sus diferencias, en una clave que mezcla el ensayo con la escritura primorosa y con cuestiones de fondo como la ética de la ciencia, la dimensión espiritual de la física o la pérdida de la razón- Labatut se ha ganado el derecho a que todo el mundo esté pendiente de lo que escribe, lo cual no deja de ser una bendición temporal y al mismo tiempo una condena, puesto que, con independencia de la calidad de sus entregas, no faltará quien sitúe a cada momento el puntal de la comparación sobre las cimas incuestionadas de ‘Un verdor terrible’ y de ‘MANIAC’.
Todavía más si, como es el caso, interviene el morbo añadido del cambio aparente de registro y la inmersión en un tipo de ficción menos bifronte y camaleónica. La sombra de uno mismo, cuando las cosas salen bien, suele ser más alargada y perseverante que en la desgracia y aquí el ritual -no nos engañemos- se cumple. ‘La Antártica empieza aquí’ -como podíamos intuir- palidece un poco al lado de sus hermanos mayores, pero siendo sin duda esto más una cuestión de acumulación extraordinaria de virtudes por parte de los otros títulos que demérito del que nos ocupa. Tanto es así que sería hasta legítimo agarrar por la solapa el argumento y hacerlo nadar a contracorriente, lo que conduce a imaginar a un Labatut treintañero y sin escalas que se presenta al lector sin más bibliografía que este racimo de cuentos. ¿Superaría la prueba? ¿Le querríamos todavía? La respuesta en esta casa es rotundamente afirmativa. Incluso ponderada al trasluz de las dos hipótesis de trabajo que se manejan en este artículo: la de un Labatut medido eslabón por eslabón y en relación de su obra posterior -en el que estos relatos suponen un prometedor comienzo con una excitante red de afinidades simbólicas con lo que estaría por llegar- y la de un Labatut sin más Labatut que ‘La Antártica empieza aquí’- en el que el libro se impone con indiscutible suficiencia como un título que justificaría por sí mismo el seguimiento del autor-. Entre otras cosas, porque, al igual que todo lo publicado hasta el momento, está escrito con ese pie en el abismo del que hablaba Bolaño al definir la gran literatura.
El chileno -también en estos cuentos – se juega el tipo y se aleja de la convención, planteando historias que comparten el mismo halo accesible y a la vez asombroso del resto de su producción. Con una diferencia que le sienta inesperadamente bien a un libro de debut: la mayor liviandad en cuanto a control y equilibrio. Un ligero y coqueto desgaire que se traduce en una sensación de libertad que encaja a la perfección con historias tan imaginativas, a ratos escabrosas y siempre a varios niveles como las de este libro, pródigo en criaturas deformes e insinuaciones de precipicios. Labatut lo ha vuelto a hacer. En esta ocasión, en pirueta retrospectiva. De manera individual y también a través de la suma.

La Antártida empieza aquí
- Benjamín Labatut
- Editorial: Anagrama
- Precio: 17,95 €
- 124 páginas
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