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Novela

Tiempos de cambio para la saga de los Langdon

Sexto Piso publica ‘Una advertencia’, segunda entrega de la Trilogía de los cien años de la genial Jane Smiley. De los años 50 a principios de los 80, los cinco hermanos se enfrentan a la vida adulta con resultados dispares

Tiempos de cambio para la saga de los Langdon

Tiempos de cambio para la saga de los Langdon

Virginia Guzmán

Virginia Guzmán

A la familia Langdon la dejamos al final de ‘Un poco de suerte’ en los principios de los años 50. Aún se notaban los efectos de la Segunda Guerra Mundial en ese medio oeste rural que habitaban y a ello se sumaba la inesperada muerte del patriarca, Walter, un hombre dedicado en cuerpo y alma a la tierra y cuya influencia de alguna manera aún se reflejaba en la vida de sus hijos adultos, que entran en otra era en la segunda entrega de esta magnífica trilogía de la estadounidense Jane Smiley, una de las grandes de la mejor literatura americana de nuestros tiempos.

Ahora los lectores españoles de la monumental ‘Trilogía de los cien años’ están de suerte, ya que la editorial Sexto Piso publica la segunda entrega, ‘Una advertencia’, un volumen en el que a través de casi 600 páginas nos adentramos en la vida de los cinco hijos de Walter y Rosanna desde 1953 hasta los comienzos de los años 80. El fallecimiento del padre los reúne de nuevo, aunque sus caminos hacía tiempo que habían tomado rumbos distintos. Siguen unidos, pero hay una distancia física y en demasiadas ocasiones también. Son hermanos y se quieren, pero también son un tanto desconocidos al emprender caminos alejados. Solo la pequeña, Claire, sigue en casa, aunque soñando con volar también, con estudiar, con otra vida.

De los cinco hijos de la familia Joe es el único se ha quedado en casa, en Iowa, para trabajar la tierra. Es un hombre callado, pegado al terreno, tiene buenas ideas para sacar más rendimiento de sus tierras y es feliz con su mujer y sus hijos. Se ocupa de su madre, es taciturno, reflexivo. Sigue estando a las antípodas de Frank, el impulsivo primogénito, contestatario, rebelde, tremendamente brillante. Tanto que la vida le sigue llevando a trabajos para el Gobierno americano de la época, esos desempeños que ya en la primera entrega había logrado gracias a su cuñado. Son esos años de la guerra fría, cuando Estados Unidos estaba empeñado en crear un orden mundial con ellos y solo ellos en la cúspide. Y como la historia se repite una y otra vez, asistimos a cómo él y otros ayudan a que sea derrocado el Gobierno de Irán, con el que los gobernantes americanos no estaban nada contentos. Tan lejos en el tiempo y tan cerca de lo que vemos ahora cada día en las noticias.

Mientras él hace trabajos para la CIA, en casa le esperan sus hijos, los gemelos, indomables, complicados, y Janet. A su cargo su esposa, Andy, despegada de la realidad, indolente, con problemas psicológicos y una peligrosa adicción al alcohol. Viven bien, han pasado de ser clase obrera a clase media-alta, con dinero, buenos contactos, pero la distancia entre ellos es cada vez mayor. Ella busca la salida en terapias, él en otras mujeres. Si hay amor, cosa difícil, no se ve y eso termina de alguna manera influyendo en la crianza de sus hijos, a los que no termina de entender ni en la edad adulta, cuando siente que no conecta con ellos y se preocupa más por su sobrino Jesse, hijo de Joe.

Lillian, en cambio, es feliz con Arthur y él es feliz, muy feliz con ella. Su mujer es su ancla en tierra, frente a los muchos problemas que sus trabajos en la CIA le provocan. No siempre está de acuerdo con los presidentes del país, ni con sus equipos, y su conciencia termina golpeándolo demasiadas veces. Pero también viven como una familia bastante acomodada, con un futuro prometedor para su descendencia. Pero llega la guerra de Vietnam y con ella la tragedia vuelve a golpear a la saga de los Langdon y ese episodio trágico marcará a todos sin distinciones. A la matriarca, a los hijos e hijas, a la última generación que comenzaba a adentrarse en la vida casi adulta.

Algunos cuentan con el apoyo del tío Henry, el único hermano que no está casado, profesor de Universidad, inteligente, culto, un poco lobo solitario, que comienza a perder el miedo y a experimentar una sexualidad que parecía dormida en su juventud. Para entonces Claire, la hermana pequeña, ya se ha casado, un médico con consulta, también bien situado. Porque eso era el destino que había que cumplir, aunque él va dando señales de que es cualquier cosa menos una buena persona.

Y pasan los años y los nietos de Walter y Rosanna van comenzando a escribir su propia historia. Kennedy es asesinado, el hombre llega a la Luna, ocurre el Watergate... y unos cumplen la misión de encontrar el amor y otros se suman en la desesperanza y se rebelan contra el sistema y contra sus propios padres. Una de ellas cae en manos de una secta, otro se convierte en una nueva generación trabajando la tierra. Y de nuevo la tragedia los vuelve a reunir. Porque eso es la vida para ellos, transitarla lo mejor posible, son felices a ratos, son infelices demasiadas veces. Vienen de generaciones que han trabajado en la tierra y aún tienen en su genética ese apego familiar y ese amor que se demuestra en silencio, sin excesivas demostraciones de cariño. Pero ahí siguen, muchas décadas después, lejos pero unidos.

Y con una prosa alejada de artificios, con su maestría como gran narradora, Smiley nos hace acompañarlos en esos periplos que son como la existencia misma, inesperados e inexplicables. Esta segunda entrega acaba en 1980, casi treinta años reunidos en un volumen adictivo que nos hace desear que en un futuro llegue esa tercera obra final.

Una advertencia

Autora: Jane Smiley

Traductor: Ce Santiago

Editorial: Sexto Piso

Precio: 28,90 €

596 páginas

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