Novela
Schlink: Despedirse de vivir cuando la cuenta atrás ha comenzado
Bernhard Schlink escribe en ‘La vida al final’ una novela pletórica y vital para narrar con sabiduría cómo alguien con los días contados se enfrenta a la muerte y a la despedida de sus seres queridos, en un texto que retrata las emociones con autenticidad y rigor

Bernhard Schlink / L.O.
La muerte es una certeza para todos, aunque sin fecha anunciada; pero qué ocurre si nos anuncian su llegada de manera inminente y nuestros días de vida están contados. Este escenario es el que contempla el novelista alemán Bernhard Schlink en su último trabajo ‘La vida al final’ (Anagrama), donde aborda cómo afronta us días finales un profesor de Derecho jubilado, casado con una mujer mucho más joven que él y con un hijo aún pequeño.
Bernhard Schlink, un escritor con un brillante catálogo de exitosas novelas, entre ellas ‘El lector’ o 'La nieta’, nos presenta en ‘La vida al final’ una historia de despedida realista y ejemplar, desprovista de toda trascendencia y de sentimentalismo simplón, en la que la fase final de la vida se caracteriza por la preocupación por los seres queridos que quedarán cuando el protagonista fallezca.
Martin, de 76 años, es profesor emérito de historia del Derecho. David. Está satisfecho con su vida, disfruta de la vida doméstica y de su jardín, y ocasionalmente escribe algún artículo para una conferencia sobre justicia. Le han diagnosticado cáncer de páncreas y recibe la noticia de que solo le quedan seis meses de vida. Solo las primeras doce semanas serán soportables en cuanto al dolor.
Martin no oculta su enfermedad. Se lo cuenta a Ulla, su joven esposa, ese mismo día. No hay drama, solo el plazo limitado, ahora fijo. Empieza a contar las semanas, a ordenar sus pensamientos, y descubre que está satisfecho consigo mismo, disfruta del sexo con su esposa y se siente orgulloso de su hijo David, de seis años, reflexivo pero valiente.
Todos los días, Martin cuida de David. Lo lleva al jardín de infancia y lo recoge y sale de excursión con él, mientras Ulla, una exitosa pintora, trabaja en la galería. La vida parece seguir su curso mientras Martin recuerda su infancia y a su padre. ¿Qué recordarán Ulla y David de él? ¿Cómo debería aprovechar el tiempo que le queda para no ser olvidado.
Martin desea una muerte que no traumatice a su esposa ni a su hijo. Quiere que ambos puedan despedirse. El suicidio está completamente descartado para él. Martin necesita tiempo. Cancela todas sus citas y no contesta correos electrónicos.
Piensa qué recuerdos debería dejarle a su esposa y a su hijo. Intenta varias veces escribirle una carta de despedida al niño, pero la mujer lo disuade de ello pues lo que escriba podría convertirse en una carga para el niño de seis años. A cambio Martin comprende que el cariño y el amor son más importantes, por eso en las semanas que le quedan, quiere transmitirle a su hijo David la certeza de que es amado, como su gran legado.
La novela de Schlink se divide en tres partes. La primera destaca por su profundidad psicológica. Schlink retrata con sensibilidad las diferentes maneras en que sus personajes afrontan la muerte inminente.
El hijo ve a su padre con aspecto cansado y enfermo. Le pregunta sin rodeos si va a morirse . Todos tenemos que morir, responde el padre , que le hace ver que los adultos mueren antes que los niños.
En la segunda parte, la historia pierde ritmo. Martin descubre que su joven esposa le es infiel, cuando la sorprende besándose con un arquitecto. Atribuye la infidelidad a una crisis de la mediana edad, sin ver motivo para los celos ni la confrontación y decide no enfrentarse a Ulla. Sin embargo, esto no le impide actuar como detective privado y buscar al amante, pero este le tranquiliza al decirle que Ulla rompió con él hace una semana alegando que ahora debía dedicarse por completo a cuidar de su marido moribundo.
En la tercera parte, Martin se acerca cada vez más a la muerte. Viajan al mar Báltico para pasar las últimos días de cara al mar y la historia se desvanece suavemente en el agua. Martin es feliz en este escenario, junto a su mujer y su hijo.
Cuando Martin nota su debilidad y que los analgésicos ya no le hacen efecto, llama a su médico y le pide que le consiga una cama en un centro de cuidados paliativos. Ulla le dice que cuidará de Martin, pero él no quiere morir delante de David; quiere despedirse de él a tiempo.
Schlink aborda con maestría el doloroso proceso de envejecer y asumir la muerte sin caer en el sentimentalismo. En cambio, retrata la sabiduría y la perspicacia que a menudo solo se adquieren con la edad, permitiéndonos comprender que, en última instancia, son los pequeños momentos y decisiones los que definen nuestras vidas y los que harán que seamos recordados por nuestros herederos.
En ‘La vida al final’, Bernhard Schlink escribe con un lenguaje que cala hondo. Schlink tiene un don para retratar las emociones con precisión y autenticidad, sin caer jamás en el sentimentalismo ni la sensiblería. Sus personajes resultan vívidos y cercanos: podrían ser vecinos, compañeros de trabajo o amigos. Trata y retrata la vida y la muerte con la naturalidad necesaria de los procesos vitales.

La vida al final
- Bernhard Schlink
- Editorial: Anagrama
- Traducción: Daniel Najmías
- Precio: 18,90 €
- 168 páginas
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