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Editorial Anagrama

El terror prohibido de Mariana Enriquez

Tres relatos fantasmagóricos de la escritora bonaerense, ‘Nunca cruces ese umbral’, ilustrados por Santiago Caruso, que ya había ilustrado anteriormente ‘La condesa sangrienta’ de Alejandra Pizarnik

El terror prohibido de Mariana Enriquez

El terror prohibido de Mariana Enriquez / l.o.

Santiago Ortiz Lerín

Santiago Ortiz Lerín

Scout Finch, la narradora de la novela de Harper Lee ‘Matar a un ruiseñor’, nos ofrece el doble punto de vista de una mujer que recuerda una historia de cuando era una niña. Clara hace lo mismo en el cuento de Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) ‘La casa de Adela’, que se recoge en una edición especial de tres relatos de la escritora porteña que estos días publica Anagrama, ‘Nunca cruces ese umbral’. Esta edición se presenta en un formato apaisado y con ilustraciones de Santiago Caruso (Buenos Aires, 1982), donde los cuentos se leen como si uno contemplase, a la vez, un macabro álbum de imágenes.

En el año 2012, Libros del Zorro Rojo publicó una edición con unas ilustraciones perturbadoras que acompaña la prosa poética de una obra más perturbadora aún, ‘La condesa sangrienta’ de Alejandra Pizarnik, la siniestra historia de la condesa húngara Erzsébet Báthory, que hace parecer a cualquier conde de Transilvania un alma inocente de los Cárpatos. Este libro de Pizarnik causa más estupor que las novelas góticas en su momento, o la novela de no ficción de Truman Capote ‘A sangre fría’, porque la figura psicópata de Báthory no solo es real, sino que mataba por aburrimiento y por un ideal de belleza patológico. Las ilustraciones también eran de Santiago Caruso. La combinación ahora de la literatura de Mariana Enriquez con las ilustraciones del propio Caruso suena como el percutor de un revólver cuando se presiona suavemente.

Un anciano que quema libros de medicina junto a un gallinero o una anciana con ojos sin pupilas, pero que no está ciega. Se puede cerrar la tapa del libro para refugiarse en el pequeño mundo que nos rodea y que obedece las leyes de la física, sin embargo hay algo que supera a la ciencia, la sensación amenazante de algo que no sabemos definir y que está fuera de control: «tan feroz que estábamos shockeados». La oscuridad en Mariana Enriquez puede ser como la luz de un hospital, «aunque en el techo, donde debería haber lámparas, solo había cables viejos». Caruso es capaz de transmitirlo a través de una ilustración de una casa abandonada.

‘La casa de Adela’ transcurre en Lanús, en el área metropolitana de Buenos Aires, donde dos hermanos, Pablo y Clara, son amigos de una vecina, Adela, una niña que nació sin un brazo, asomando un pequeño muñón en su hombro, y que a ella, frente al rechazo de algunas personas por su apariencia física, le gusta intimidar diciendo que nació con el brazo, pero que se lo arrancó un dóberman. En el barrio hay una casa abandonada donde Adela, Pablo, y Clara deciden entrar a husmear. La casa parece en sí misma un ente sobrenatural, que por contra del cuento de Julio Cortázar ‘Casa tomada’, donde una extraña fuerza expulsa a los inquilinos, aquí es una fuerza inexplicable y macabra la que los atrae hacia adentro como una tormenta de fatalismo.

‘Los himnos de las hienas’ es el segundo cuento de este libro, un relato en el que, como en el anterior, Mariana utiliza un narrador testigo y un estilo directo, pero sobre todo, ese espacio aislado, como en el Método de composición de Edgar Allan Poe, en ambos cuentos se amplifica el efecto tensión emocional hasta alcanzar el clímax, en el anterior en una casa abandonada y en este una casa palaciega, con esa sensación de opresión de ‘La caída de la Casa Usher’, uno los grandes cuentos del autor bostoniano. En ‘Los himnos de las hienas’, una historia que transcurre tras el incendio de un zoológico, Mariana Enriquez desliza cierta crítica con el turismo y el intendente, es decir, el alcalde de la ciudad, una crítica que por cuestiones de saturación sucede desde hace una década en distintas ciudades del mundo. El narrador y Mateo, con una diferencia de edad de diez años, son también pareja, como Adela y Pablo. Cuando entran en ese palacio encontrarán unas ropas de payaso, escucharán a las hijas de la noche, que es como llama a las hienas un ser que es capaz de cortarse una oreja a lo Van Gogh, o de agrandarse la sonrisa con un cuchillo como si fuese el Joker: «no me cuentes nunca lo que pasó en el palacio. No se lo cuentes a nadie». ‘El mirador’ es el último cuento de este volumen, con un barniz onírico, como una pesadilla lúcida que transcurre en la costa argentina. Este relato también maneja la situación de aislamiento, como en ‘La casa de Adela’ y ‘Los himnos de las hienas’, la autora logra con ello una coherencia entre los tres relatos, no solo en la forma en que están escritos, sino también en su estructura narrativa.

Mariana Enriquez, que recibió el Premio Herralde de Novela con ‘Nuestra parte de noche’ en 2019, escribe en el suplemento Radar del diario argentino Página/12, además, ganó el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en 2024. Por otro lado, Santiago Caruso recibió el Primer Premio de Dibujo del Salón de Artes Plásticas del Museo Roverano, y colabora con la revista argentina Caras y Caretas.

Sin pretender un libro de terror, Alejandra Pizarnik, combinada con las ilustraciones de Santiago Caruso, alcanzó a través de ‘La condesa sangrienta’ una emoción intensa en los lectores, hasta el punto que hace parecer a las clásicas novelas góticas como aptas para todos los públicos, digamos que se coronó la cima con Pizarnik. Los cuentos de Mariana Enriquez, por otro lado, se hallan en el área metropolitana de una urbe del siglo XXI en Argentina, el gran Buenos Aires, habitado por una sociedad más pobre y con casas abandonadas o un zoológico quemado, o en la costa argentina. En los cuentos de Mariana Enriquez las leyes de la física, con las que muchos sienten que pisan seguro en su realidad, son una mera superstición llena de fórmulas. Lo inexplicable se abre paso en las páginas de Mariana Enriquez con una sensación como la de quien mira desde el pretil de un pozo hasta un fondo profundo, creyendo de un modo ilusorio que se encuentra a salvo de esa oscuridad, e ignorando que lo fantasmagórico tiene sus propias leyes.

Nunca cruces ese umbral

Autora: Mariana Enriquez

Editorial: Anagrama

Ilustración: Santiago Caruso

4112 páginas, 24,90 €

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