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Novela

Eduardo Mendoza sabe cómo reírse de todo y de todos

Su última novela, ‘La intriga del funeral inconveniente’, es un ejercicio irónico de comicidad que demuestra la genialidad de Mendoza para burlarse de los vicios sociales y de sus autores

Eduardo Mendoza, que publica su nueva novela, 'La intriga del funeral inconveniente'.

Eduardo Mendoza, que publica su nueva novela, 'La intriga del funeral inconveniente'. / JORDI OTIX

Eduardo Mendoza ha demostrado a lo largo de su larga carrera de escritor su enorme capacidad para entregarse y dominar con solvencia distintos géneros literarios y registros que le han retrata do como un cronista cosmopolita y urbano de los distintos mundos, conocidos o no, que han con figurado especialmente su Barcelona natal.

Se inició retratando con crudeza el mundo sórdido y cruel de los años del pistolerismo en la Barcelona de 1917 con ‘La verdad sobre el caso Savolta’; trabajó con maestría la novela social describiendo en ‘La ciudad de los prodigios’ la evolución de Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929, para convertirse en una gran ciudad. Sin duda su obra más preciada.

Pero es en el humor, en la comicidad y en la comedia histriónica donde encontrar el hilo que entreteje las novelas más queridas por él; donde Mendoza da rienda suelta a toda su ironía para -bajo la apariencia de historias menores- describir las miserias de una sociedad lastrada por la corruptela, o los pequeños y grandes vicios que engolfan a los mas poderosos y a los de abajo del todo.

Pronto sacó de su chistera literaria esa vena humorística pues su segunda novela, allá por 1978, inició ese camino. Era ‘El misterio de la cripta embrujada’ donde aparece ese personaje tan mendoziano como es el detective anónimo. Desde entonces ese detective ha protagonizado hasta seis novelas de Eduardo Mendoza. Su último caso resuelto acaba de publicarse: ‘La intriga del funeral inconveniente’ donde nuestro detective , aunque ya mayor y quizá retirado, consigue resolver el caso con eficacia, y prontitud.

«Ayer tuvo lugar el sepelio de un fulano que apareció asesinado anteayer en su miserable domicilio», así empieza esta historia, con una breve reseña escrita por Ricardito Valenzuela, un aspirante a periodista que tiene dos consecuencias inmediatas. El plumilla es despedido ipso facto por su jefe , don Pufo Colorado y, la más sorprendente, la reseña levanta y saca a la luz una trama de trapicheos financieros, todo un pufo de fraude y corrupción que, como una pirámide, alcanza desde las más bajas esferas y los bajos fondos, siguiendo por la Iglesia, la policía, los poderosos con dinero hasta llegar a la cúspide del poder económico europeo, y reúne a todo tipo de personajes a cual más estrafalarios y estrambóticos salidos de la poderosa imaginación de Eduardo Mendoza.

En el funeral celebrado en el rincón del parkin del tanatorio de Sant, dado el bajo nivel económico y moral del interfecto, apenas acuden dos o tres personas y también un individuo enfundado en una gabardina larga, con las solapas subidas, sombrero de ala ancha y gafas de sol, nuestro detective anónimo, que ya sospechaba algo y decide investigar

También se pone a esa tarea el plumilla despedido, Ricardito Valenzuela, con la idea de que si conseguía averiguar la identidad del muerto y de quien lo había matado, y poner esa información a disposición del dueño del periódico sin duda le readmitirían en el equipo de redacción.

Comienza su investigación abordando al empleado del tanatorio que había oficiado las exequias porque era el único al que sabía dónde localizar.

A partir de ahí entran en escena una serie de personajes a cual más estrafalario: hay un cura que trabaja en el obispado y que le encanta cantar rancheras porque vivió en México; un trabajador de la funeraria, presunto espía internacional; un tal Winston, que trabaja en una empresa de telefonía móvil; está Cándida, la hermana del detective sin nombre; un empresario que vive del engaño y el fraude; está Jarana, un policía servil y oscuro al que le encanta travestirse de mujer, incluso una supuesta baronesa y el Bruto, un delincuente de guante blanco.

Además se produce el secuestro de una niña, lo que hace que todos estos personajes acudan a ayudar a los padres de la menor, aunque eso sí ,cada uno con sus intereses escondidos en la mochila.

Mendoza adereza esta gran historia con un ingrediente fundamental que es el humor, que él sabe manejar con sabiduría y darle en cada momento los grados de intensidad necesarios para que la combinación sea perfecta. .

Por supuesto el gran acierto de la novela, donde brilla el genio de Eduardo Mendoza, es el la ingeniosa disposición de las situaciones equívocas, esas que dan pie a otras rocambolescas escenas y a continuos malentendidos. Aquí es donde se muestra la magia literaria de Mendoza, como la de esos magos que engañan para hacernos creer que sabemos donde está el truco.

Tras más de cincuenta años de quehacer literario, ha logrado una prosa tan pura y diáfana, tan alejada de floripondios y barroquismos superfluos, tan rítmica, que las páginas se leen y leen de esa manera gozosa y placentera en que se leen los libros que nos hipnotizan tras cada página. No se notan las costuras, no hay que leer ningún párrafo dos veces, cosa meritoria para lo que uno -a veces- se encuentra hoy día en los anaqueles de las librerías. Todo parece fácil. Hecho del tirón. Y en efecto: eso, que parece tan fácil, es lo más difícil.

Aquí, en ‘La intriga del funeral inconveniente’ el misterio que quieren descubrir tanto Ricardito Valenzuela como nuestro detective anónimo no solo es averiguar quien cometió el asesinato, sino descubrir porqué existe tanta gente interesada en evitar que se sepa que ha pasado y evitar así que la verdad salga a la luz.

En definitiva, ‘La intriga del funeral inconveniente’ es otra maravilla menor salida del genio de Mendoza que es un valor seguro pues nunca defrauda a sus seguidores y consigue siempre el más difícil todavía.

La intriga del funeral inconveniente

Autor: Eduardo Mendoza

Editorial: Seix Barral

Páginas: 256

Precio: 19,85 €

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