Poesía
Margaret Atwood: poesía de la reconciliación
Salamandra publica el último libro de poemas de la Premio Princesa de Asturias y autora de ‘El cuento de la criada’. Una propuesta en la que la escritora canadiense vuelve al género de sus orígenes con un conjunto de textos que destaca por su conmovedor y vitalista tratamiento de la pérdida

Margaret Atwood. / L.O.
España es un país tozudo e incorregiblemente bronco es algo que no se le escapa a nadie. Cuando se crece en uno de sus pueblos -digamos, verbigracia, en la provincia de Jaén- lo primero que sorprende -junto al extraordinario agarre de la genética pelirroja en las antiguas colonias de la repoblación- es la tendencia de los españoles a buscar cualquier tipo de excusa para matarse entre sí. El español porfía y se embravece, con o sin razón, llegando a sentirse tan orgulloso como afrentado a costa de cuestiones que en general cuentan con menos seguidores que la música dodecafónica en las fiestas de Benidorm. Una de ellas, qué duda cabe, es la poesía, que más allá de las memorables grescas del Siglo de Oro -a todas sus narices pegadas- está tan acostumbrada a la discusión que poco a poco va pareciéndose a un partido de izquierdas italiano -o de izquierdas a secas- en ininterrumpida fase asamblearia de discernimiento. No sabemos si suena lírico, pero en España la poesía son pocos y a menudo mal avenidos. Y, sobre todo, que es a lo que íbamos, pésimamente adaptados a los movimientos de reforma y contrarreforma que surgen a cada momento para decirles a los demás cómo y cuándo y bajo qué preceptos y estéticas tienen que escribir.
En este último asunto, y más allá de los matices exclusivos, en muchos casos impostados, el debate se ha vuelto tan cíclico y secular que, con independencia de gorras, nuevas masculinidades o tatuajes, llegaría incluso a escandalizar por trasnochado al mismísimo Bachelard. Hablamos de la falsa y con frecuencia trucada controversia entre coloquialismo y abstracción. Entre poesía doméstica y salvaje. Algo que ha provocado reacciones tan exageradas a uno y otro lado que a veces darían ganas de encerrarse en una cueva a leer a San Juan de la Cruz. Especialmente, si se tiene en cuenta lo pesados que suelen ser en España con este tipo de cosas y la tendencia no menos castiza a arrimar el ascua a la sardina de la autojustificación; cosa que aquí se fue tanto de madre con el elogio a las sentimentalidades de la comunicación directa -ahora fortalecidas por la ligereza de la escritura bloguera- que hace que leer un poemario contemporáneo capaz de asumir la escuela vivencial americana y alcanzar lo que no acabó de entenderse del todo por estos pagos constituya una gratísima sorpresa. O, dicho de otro modo, que sea una sorpresa leer a Margaret Atwood, de quien Salamandra, acaba de publicar ‘Sinceramente’, conjunto de poemas escritos entre 2008 y 2019 y publicados en 2020 que supone la última incursión en el género de la autora canadiense.
El libro de Margaret Atwood es un libro muy sólido que viene acompañado de líneas pequeñas de partida y supuestas virtudes al dorso que en poesía no suelen sentar bien. Entre ellas, el hecho de que esté escrito por una novelista de éxito global -galardonada, entre otros, con el Booker y el Princesa de Asturias- a lo que se suma su edad, lo suficientemente expandida para que muchos -algún día se estudiará este empeño, acaso patológico, de la crítica española- quieran ver en todo lo que publica -y más si se trata de poesía- una suerte de testamento o canto de cisne y de extrema unción. Cuestiones, estas, que, junto a la circunstancia, en este caso, más local, de que Salamandra prescinda de incluir la versión original -sería interesante comprobar cuánto de la poeta Raquel Lanseros hay en la traducción, en la medida de que lo de no ser robot va más allá de contar pérgolas en pantallas de acceso de internet- a las que la poeta -gracias, en parte, supongo, al buen oído de Lanseros- no deja de desmantelar desde el primer poema. En primer lugar, porque la autora de ‘El cuento de la criada’, al igual que, por ejemplo, Paul Auster (ojo al bicho) se desempeñó primero como poeta, pero también porque su libro carece del tono elegiaco y el ajuste de cuentas que se presupone a una despedida. Ojalá nos quedé Margaret Atwood para rato, pero, de momento, su poesía, lejos de agostarse, contiene la madurez melancólica y al mismo tiempo jovial de los que no claudican, lo que propicia que este poemario -ahora, justo a sus 89 años, cuando algunos se obstinan en matarla- rezume esperanza incluso a la hora de abordar el que probablemente sea – con permiso de los pájaros, la vejez o los zombis- su tema de fondo: la muerte. Una muerte, eso sí, tamizada de manera personalísima por su propia voz y que en esta ocasión conmueve por esa misma honestidad, y vitalismo que opone a las marchas fúnebres el ‘Réquiem’ de Fauré. La poesía de Margaret Atwood conforta en la medida que es ajena tanto a la solemnidad como a esa frivolidad que con tan desalmado ahínco ha hecho en España que buena parte de la poesía sea difícil de distinguir de la prosa versificada e, incluso, del ingenio estandarizado de los monólogos de televisión -aquí también se cuela la LOGSE y hasta la doctrina Valerio Lazarov; ya saben, lo de intentar llegar a todos degradando la exigencia-.
En el nuevo libro de la autora canadiense, la poesía se esponja sin perder relieve hasta el punto de recuperar esa vieja y cara plasticidad que la vuelve compatible con todo tipo de asuntos y que es capaz de elevarse sin necesidad de aparatosos despliegues. «Nos gusta la parte en que nos salvan / nos gusta la parte en que nos destruyen/ ¿Por qué esas dos cosas son tan parecidas?», escribe en ‘Los extraterrestres’. Y es ahí, en esa naturalidad acompasada, en esa contención narrativa y ese gusto por las preguntas más allá de la invocación de las imágenes y de los objetos donde la experiencia de leer a la autora se vuelve sosegadamente inteligente y emotiva. En especial, en los textos que aborda la soledad y el duelo por su esposo. Dice la escritora que el miedo a la muerte apenas se experimenta en puridad durante la mediana edad, puesto que en la juventud no existe y en la vejez impera la resignación. Tratemos de pensarlo leyendo esta pena y esta alegría sinceras por si alguna vez, llámenme loco, nos toca incluso estar ahí.

Sinceramente
Autora: Margaret Atwood
Editorial: Salamandra
Traducción: Raquel Lanseros
Páginas: 128
Precio: 17,10 €
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