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Cabaret Voltaire

Diario de una obsesión

Escribir es un trabajo obsesivo, con muchas dudas, inseguridades, fallos y abandonos. El resultado final, lo que llega al lector, no deja entrever nada de eso, pero obras como ‘El taller negro’, de Annie Ernaux lo ponen de manifiesto

La escritora Annie Ernaux

La escritora Annie Ernaux / L.O

Juan Gaitán

Juan Gaitán

Escribir es un trabajo obsesivo, con muchas dudas, inseguridades, fallos y abandonos. El resultado final, lo que llega al lector, no deja entrever nada de eso, pero obras como esta lo ponen de manifiesto.

Tengo por seguro que todo, todo cuanto uno escribe, lo hace con la intención, más oculta o más confesada, de que sea leído. Si no fuese así, no nos tomaríamos el trabajo de pasar al papel aquello que ya forma parte de nuestra memoria.

El diario se enmarca, por tanto, en eso que podríamos llamar las literaturas del yo, en el que el personaje central coincide exactamente con el autor. Claro que un diario no es exactamente una autobiografía, son grandes las diferencias. En el diario hay una clara vocación de precisión y exactitud, mientras en la autobiografía encontramos la reflexión a que da lugar el paso del tiempo. La autobiografía es un análisis de la vida desde un momento determinado en el tiempo, y el diario se mueve a través de una serie de momentos en el tiempo.

También hemos de aclarar que hay diarios generalistas, en los que se abordan los sucesos consuetudinarios, y otros más específicos, como el que hoy nos ocupa, este ‘El taller negro’, de la premio Nobel de Literatura 2022, Annie Ernaux, que es estrictamente un diario de escritura, en el que la autora va desgranando sus avances, tropiezos, dudas, decisiones, etcétera, en la creación de sus obras.

Escribir es un trabajo arduo, muy duro, del que el destinatario, el lector, solo ve el resultado pulido, definitivo, nunca los errores, las dudas, lo que se desecha. Pero todo eso, generalmente, es muchísimo más que la obra final, es quizás la mayor parte. Los escritores rechazan mucho más de lo que conservan, pero esa parte no suele ser conocida.

Eso exactamente es ‘El taller negro’de Annie Ernaux, como explicará en varias partes de la obra, como en la página 17, cuando explica que «se trata de un diario previo a la escritura, un diario de excavaciones que me acompaña un poco al principio de la redacción, pero que abandono tan pronto como me invade la certeza de que voy a terminar el texto que he emprendido», y luego «el lector quedará sorprendido -¿perdido?- por la maraña de proyectos, adoptados y luego descartados, retomados posteriormente y que, en su mayoría, acabarán realizándose a más o menos largo plazo» (página 21).

El resultado de ‘El taller negro’ acaba siendo un texto reflexivo sobre el hecho de escribir, pero tiene la complejidad de que es preciso conocer muy a fondo la obra de la autora para entenderlo en su integridad.

No obstante, espigando sus notas se puede construir un método de escritura, al menos el de esta autora que ha basado su obra en el yo, en el intimismo, en la recreación de su propia vida, lo que explica afirmaciones como esta de la página 71: «el yo no existe, para mí solo existe dado y disuelto en la escritura».

Al principio de esta reseña dije que todo lo que se escribe tiene vocación de ser publicado. Annie Ernaux lo reconoce en la página 136: «lo que será ridículo, si algún día se publica este diario de escritura, es que se descubrirá hasta qué punto, al final, me habrá preocupado la forma».

‘El taller negro’ es, finalmente, una obra interesante para quienes busquen aprender, conocer las tripas y útiles del oficio de escribir, pero como lectura acaba teniendo un aire repetitivo, propio de lo obsesivo y nada glamuroso que puede llegar a ser crear literatura.

El taller negro

Autora: Annie Ernaux

Editorial: Cabaret Voltaire

Traducción: Lydia Vázquez

Páginas: 256

Precio: 18,95 €

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