Editorial Alfaguara
La epopeya trágica del ejército ciego
David Toscana, Premio Alfaguara de novela en 2026 con ‘El ejército ciego’, un antídoto frente a la hiperglucemia de la historia que mitifica el pasado. El emperador de Bizancio ordena dejar ciegos a quince mil soldados búlgaros tras la derrota, acto que provoca una novela con subtexto antibelicista

El escritor mexicano David Toscana. / EFE
«Hay sepulcros con cadáveres sin nombre y otros con nombres sin cadáveres. En la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro, yo espero tener ojos». Así cuenta el narrador de ‘El ejército ciego’ de David Toscana (Monterrey, México, 1961), Premio Alfaguara de novela 2026. Una historia que transcurre en el siglo XI, basada en hechos históricos, la batalla entre los ejércitos del emperador bizantino Basilio y el zar de Bulgaria Samuel, donde el primero libera a los soldados búlgaros, no sin antes ordenar que les dejen ciegos. Una epopeya trágica sobre la condición humana, y una estrategia que no solo persigue la humillación, sino lastrar a su rival, el zar búlgaro, con la pesada carga de miles de soldados invidentes. Al comienzo de la novela un narrador ciego, que nos recuerda a Homero, se justifica diciendo «en la taberna cualquiera es el más valiente», y remata con una sentencia: «a Dios mismo lo crucificaron».
En esa época del medievo, para ubicarnos en el tiempo, en la que transcurre esta novela en Europa oriental, las cosas en la Península Ibérica eran así: ya había muerto Almanzor, y aún no existía la Corona de Castilla ni habían nacido la reina aragonesa Petronila ni Ramón Berenguer IV, el conde de Barcelona, para dar comienzo con su matrimonio a la Corona de Aragón. Una novela, digamos, con una trama perdida en la noche de los tiempos en el otro extremo de nuestro continente.
La figura del «maestro sacaojos» en Constantinopla puede resultar de una cierta comicidad por lo esperpéntico, pero sin necesidad de una segunda lectura lo que invade al lector es la sensación de atrocidad por una tortura inhumana. En la película ‘Robin Hood, el príncipe de los ladrones’, protagonizada por Kevin Costner y Morgan Freeman, y que transcurre en los tiempos de las cruzadas, el personaje de Duncan es dejado ciego por los hombres del sheriff de Nottingham. Y este es el origen del conflicto literario de esta novela de David Toscana, miles de soldados ciegos con otras vidas sin haber muerto, porque ya nunca volverán a ser los de antes. De vuelta a su patria les miran con recelo, además de haber perdido una guerra serán una carga, incluso a algunos les venderán para empujar ruedas de molino, como si fuesen meras bestias, un acto de deshumanización cuando termina el horror de la guerra y estalla la paz.
Una de las grandes novelas relacionadas con el imperio bizantino fue ‘El conde Belisario’ de Robert Graves, solo que esta transcurre en el siglo VI, en época del gran emperador Justiniano. David Toscana da una vuelta de tuerca, pues lejos de mostrarnos ese Bizancio del emperador que salva el derecho romano, nos presenta a un Bizancio con Basilio, un emperador que deja ciegos a miles de soldados búlgaros. David Toscana nos enseña la miseria de los imperios frente a lo que llaman en la historia la leyenda rosa, esa visión azucarada del pasado que provoca hiperglucemia.
En el desarrollo de esta novela aparecerá Kozaro, el escriba, que convenció al zar búlgaro para describir sus hazañas y que así le recordaran: «las generaciones por venir se olvidarán de usted, si no hay quien escriba sus hazañas». Entonces, este le envió al frente para que escribiese lo que viera, pero Kozaro cayó en manos de los sacaojos del emperador bizantino. Como una súplica desesperada exclamó en griego a sus verdugos «¡mis ojos saben leer!», pero «lo trataron como a cualquier analfabeto». Esta escena parece una metáfora donde saber leer, es decir, más allá del acto mecánico de hacerlo, no asegura que se hagan distinciones con un analfabeto, ni que la lucidez por las lecturas otorgue necesariamente respeto.
Los jurados de los premios literarios, en ocasiones, deciden estrictamente por su sentido de la técnica narrativa, y también por otros criterios, en este caso no premiaron tan solo una novela, sino una tragedia épica, una historia con alma que la cuenta un narrador ciego, el arquetipo de narrador universal, y con cierto sabor borgiano, la lucidez y la ceguera. Las descripciones de un ciego no son las de quienes pueden contemplar el sol naciente en un cuadro de Monet, sino las de quienes a través de las palabras quieren transmitir más de lo habitual porque ya no pueden procesar el mundo con la vista. Y en este contexto se produce una aporía, si bien los personajes nunca ven al lector, ahora menos, siendo la mayoría ciegos: «soy el bárbaro sin ojos, el que ve con el alma, el que todo lo ve».
David Toscana, además del Premio Alfaguara de Novela, que ha ganado recientemente, obtuvo otros galardones literarios en su carrera como el IX Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska por ‘Olegaroy’, en 2017, y el V Premio de Novela Mario Vargas Llosa, entre otros, por ‘El peso de vivir en la tierra’ en 2022.
Toscana nos cuenta en voz del narrador lo que los historiadores deberían contarnos «en vez de ocuparse de batallas y emperatrices». Basilio, el emperador de Bizancio, ordena que una porción pequeña de los soldados búlgaros queden tuertos para guiar a los ciegos de vuelta a casa. «¡Cíclope del infierno!», como llama un padre con dureza a uno de sus hijos cuando regresa de la guerra. La población no sabe cómo recibir a los guerreros vencidos, los que fueron a luchar por ellos. David Toscana nos muestra una visión de la guerra más allá de los combates, nos muestra la miseria que la envuelve en el frente y de vuelta a la patria, una novela que genera en el lector el efecto reflexivo, el pensamiento que persigue la literatura, envuelto en el misterio de embaucar al lector para continuar leyendo.

El ejército ciego
Autor: David Toscana
Editorial: Alfaguara
Páginas: 240
Precio: 18,90 €
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