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Editorial Espasa

Pedro Simón: Lo que convierte a las personas en héroes cotidianos

Lo inesperado, la nueva novela de Pedro Simón, vuelve a posar la mirada sobre la gente corriente, la de quienes se sobreponen a los golpes de la vida y señalarnos que detrás de una desgracia lo que hay es el principio de otra historia para seguir adelante

Pedro Simón

Pedro Simón / JAVIER RUIZ

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Oí hace unos años a un súper famoso jugador de baloncesto, estrella de la NBA americana, decir que él no era ningún héroe, que para él el auténtico héroe era su madre, que cada día durante años se levantaba siendo aún de noche, recorría en autobús decenas de kilómetros para trabajar fregando suelos por una miseria, y luego, al regresar, aún sacaba fuerzas para ayudar a su hijo con las tareas del colegio y se quitaba la comida para que él cenara.

Estos héroes de la vida cotidiana, tan anónimos como extraordinarios, son los que retrata Pedro Simón en su último trabajo, ‘Lo inesperado’, una novela que pone el foco en lo fortuito, lo impensado, que termina marcando el rumbo vital de sus protagonistas y que, precisamente por esa condición de imprevisto, termina cambiándoles el paso y llevándoles por un camino distinto al seguido hasta entonces. Y es que al final, como dice la abuela Luisa, una de las protagonistas de esta historia, en la vida pasan las cosas que tienen que pasar y que siempre pasan por algo; y que sufrir una desgracia muy grande -y en esta historia hay varias- en el fondo, lo que supone es un principio de otra cosa, y que siempre que se cierra una puerta, otra se abre; porque cuando parece que ya no esperas nada, ocurre lo inesperado.

Como ya hizo en libros anteriores, como ‘Los ingratos’ o ‘Los incomprendidos’, Pedro Simón vuelve a posar la mirada sobre la gente corriente y sus vidas cotidianas, para contar una historia extraordinaria: la de quienes se sobreponen al trauma del accidente fatal de un ser querido; los que se entregan con amor y paciencia al cuidado un familiar que ya no se vale; los que no sucumben al dolor de la grave enfermedad de un hijo; los que resisten con heroicidad cuando la vida no sigue el guión previsto y nos pone a prueba.

Con una prosa comprensible y fluida, siempre sutil, muy apropiada, las historias que cuenta Pedro Simón elevan su lenguaje para convertir estas historias cotidianas en relatos épicos de la gente común. Y eso, convertir lo cotidiano en grandioso, aquello que con tanto acierto hacia Alice Munro, es un ejercicio para virtuosos.

Un viudo y una viuda que se encuentren cada domingo al salir de misa y sus hijos, aún pequeños, se convierten en el pegamento que los une. El hijo de él Juan y el de ella, Luisa, crecen primero casi como hermanos, pero enseguida, con apenas diez años, se saben enamorados y ya nunca dejaran de estarlo.

Pedro Simón

Pedro Simón / L.O.

El pequeño Lucas vio envejecer de golpe al abuelo el día en que su mujer, la abuela Dolores, se transformó para siempre en una niña delante de los dos y poco a poco dejó de conocer a nadie. La demencia senil la devoró. Ella y el abuelo se habían hecho novios con apenas veinte años, en un pueblo de Zamora. Ella era la hija única del lechero; él, el cuarto de una familia de humildes labradores. Él era un hombre que pasaba desapercibido y se azoraba casa vez que tenía que dar un paso al frente; para eso siempre estuvo Dolores. Ella había sido la columna vertebral de la casa. Iba como diez pasos de ventaja por delante del marido y la hija. Así que cuando la demencia senil de Dolores galopaba sin freno, su marido apareció como el gran hacedor, fueron como esos vasos comunicantes en el que, a medida que ella se apagaba y se vaciaba, él se iba llenando más y más. Él asumió todo y se ocupó de todos, se comía las pequeñas derrotas que cada día la enfermedad le infligía a Dolores, con deportividad ejemplar; lo hacía como si cuidar a alguien que se quiere tanto no fuese un sacrificio, sino una extraña forma de privilegio. Cada mañana la desviste y se mete con ella en el baño y allí, los dos desnudos, la va aseando con ternura infinita.

Tanto tiempo estuvo cuidando a la esposa que seguía unido a ella. Andrés era el hueco que había dejado Dolores. Hasta que una mañana llegó su hija Lola, como un tornado y le dio la vuelta a su vida. Su nieto Lucas fue la alegría de Dolores, que compartía con Andrés, luego fue solo del abuelo que le enseñó a jugar al dominó, que va a verlo jugar al fútbol sala, juega con él y le deja que le haga perrerías; y así llega el deshielo hermoso en su cara. Es la manera en que ese hombre bueno te dice que de todo se sale, que todo pasa, que cuando uno está mal cree que lo va a estar siempre, pero no. Y que envejecer también consiste en saber perder.

Apenas a quinientos metros de distancia los otros héroes. Cuando el abuelo Juan murió abrasado por el fuego en el interior del Toledo blanco, su mujer, Luisa y su nieta Vera, que iban con él, se salvaron de milagro. Al enviudar Luisa comprendió que era muchas cosas: mujer, abuela, madre, viuda, pero sobre todo que era también lo que no tenía, lo que ya no poseía. Su vida era un sin vivir hasta que un día en que limpiaba el marco con la foto de su boda, este se le cayó y el cristal se rompió en mil pedazos; fue como romper el hechizo y ahora ya no para en casa, viste como si tuviese veinte años y luces en el pelo unas mechas color zanahoria. Estaba orgullosa de como sobrellevaba lo del marido muerto. Ella se aplicó muy bien aquello de el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Y los dos viudos, Andrés y Luisa, se apuntan a la excursión del Imserso a Salou. Congenian, se le ve como una pareja. Del viaje ella regresó con un brillo distinto en la cara, más rejuvenecida y contenta. No es el deseo de cuando se es joven, no tiene nada que ver. Son deseos de no estar sola, de estar con alguien.

Y luego están los hijos, ella Lola, la hija de Andrés y Dolores, madre soltera de Lucas que trabaja de cajera en el supermercado del barrio. A ese supermercado donde acude Joaquín, el hijo de Luisa y Juan, el padre de Vera, divorciado. Y que de a poco también van congeniando. Cuando la enfermedad golpea con dureza a Lucas, el hijo de Lola, ella sabrá ser la heroína de ese hijo.

Son dos familias que parecen una. El abuelo, la abuela; dos cuarentones un niño, una niña y un perro. Son dos familias que poco a poco, resurgiendo cada uno de los golpes bajos de la vida, logran levantarse y ahora comienzan a mirar de nuevo al futuro haciendo confluir sus cauces y mezclando sus aguas. Con menos tiempo pero volviendo a empezar.

Lo inesperado

  • Pedro Simón
  • Editorial: Espasa
  • Precio: 21,75 €
  • 360 páginas
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