Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El Parnaso

Juan Gaitán: las formas del silencio

El poemario 'Elementales formas de silencio' de Juan Gaitán se adentra en la quietud, el mar y el proceso de escritura

Juan Gaitán: las formas del silencio

Juan Gaitán: las formas del silencio

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
José Antonio Santano

José Antonio Santano

Vivimos un tiempo de excesivo ruido y lo hacemos con el corazón acelerado. Las ciudades se han convertido en lugares inhabitables. Es tanto el ruido que de poco o nada sirve la palabra, casi ausente del vivir cotidiano, más si tenemos en cuenta el papel preponderante de las pantallas, que nos han invadido.

Sea esta la razón o no, la verdad es que existe, quizá para unos pocos, pero existe, una necesidad imperiosa de buscar el silencio. En este sentido, nos hacemos eco de las palabras del poeta mexicano, residente en Cincinnati (EEUU), cuando escribe en su libro ‘Los disfraces del fuego’: «Pleno de ti, Silencio, / vaciándote en las cosas / inundas más espacio, todavía, / que la luz: / tu voz no tiene fondo». Ese lugar al que aspira todo ser humano y al que estamos destinados todos no es otro que el silencio, que al tiempo es una luz que nos deslumbra y acoge en su paz inconmensurable.

Una gran mayoría de poetas, sean contemporáneos o no, nos dejaron su legado de silencios, nos abrieron sus puertas para poderlos compartir en toda su esencialidad. Este comentario es consecuencia de ese indagar, de buscar cuáles son las formas o maneras en que se nos presenta el silencio en nuestras vidas, también en la poesía. Así, el poeta Juan Gaitán (Málaga, 1966) requiere nuestra atención para dilucidar sobre estas cuestiones. Y lo hace con su último poemario: ‘Elementales formas de silencio’, obra al cuidado del sello editorial Mahalta.

Gaitán es, además de poeta, narrador, crítico literario y dramaturgo. ‘Elementales formas de silencio’ viene a ser el sexto libro de poesía. En el anterior poemario publicado, ‘Cronomaquia’, el tema tratado en el mismo fue principalmente el tiempo, aunque existían ya referencias al silencio. Ciertamente, el eje central de este poemario de Juan Gaitán es el silencio, de ahí que busque e indague sobre las formas elementales de ese callar vital y que supone, también, un apartarse, refugiarse en la luminosa verdad de la quietud, el sosiego con todo lo que de hallazgo tiene una decisión personal y poética como esta, y que resulta una declaración de principios o una confesión en regla desde la primera página: «Me siento un rato aquí, / en la penumbra, / a sentir / la lucha del reloj con el silencio. // Todo lo demás está callado. // El universo y su inmortalidad / caben en lo que está callado. // Se comprenden muchas cosas /cuando todo está callado».

Tras este poema a manera de prólogo o de preámbulo, el poemario se estructura en tres partes que ya aportan las claves poético-vitales de Gaitán; por un lado, el paisaje del mar en este caso y el silencio que lo acompaña en cada uno de los versos creados al efecto; de otro, el proceso de escritura en el que se ve inmenso el poeta, aludiendo a las diferentes maneras de afrontar el hecho poético a través de la palabra. Como digo, el mar, en su más amplio sentido, está muy presente y desde el primer poema: «El mar es el modo / perfecto de silencio»; mar que tiene mucho que ver –cuestión interpretativa– («Hace mucho que te desconozco. / Nos hablamos con tu idioma dolorido / y nos interpretamos fieramente / cada reserva, / cada tristeza, / cada piedad / que crece entre nosotros»), con la luz («No es fácil decir qué luz eres tú, / toda / se me viene a la boca / si te nombro») y por supuesto con el silencio que se muestra en su total desnudez: «De luz en luz / acércate al silencio / como al primer aliento del mundo / y a la armonía primera. / Ilumínate con él, / acerca tu voz a la suya / para que sus manos azules / piensen tu nombre».

La sensación de vacío, de pérdida, de tristeza o soledad, se completa con vivencias de la niñez («Era yo un niño y ya tenía / un viejo amor con el silencio, / con esta soledad»), de olvido, amor o desamor («Debió llover la noche / en la que imaginé que en el silencio / –en su perfección de agua»), la noche o la palabra en sí misma («Cada palabra tiene su latido…»), la vida y la muerte («La vida y la muerte, / esas dos orillas de uno mismo / que siempre se miran»), todo está en esa mirada honda del poeta, que se ve dentro y fuera del mundo, que desciende y asciende, y es latido a la luz del lenguaje, porque como bien escribe: «Todo tiene / otro nombre en el silencio» y así, partiendo de cuanto sucede en su cotidianidad el silencio trasciende hasta convertirse en algo sublime, pleno de asombro, donde la tarde y el mar: «Las tardes y los mares tienen / el deber de guardar / elementales formas de silencio».

Si la primera parte, como hemos dicho, está centrada en el mar y el silencio, más sensorial; la segunda, se corresponde con el proceso formal de la escritura, del hecho de escribir, con la poesía y el poema: «Llega despacio la mañana / con su costumbre de dejar la luz, / el poema, / en cualquier parte». En este proceso el poeta aprehende, bucea en los significados y significantes, poda y escribe, sabiendo que, «Se escribe desechando», y que, «Escribir es un combate contra el tiempo / que no podrás ganar», de tal manera que en ese constante ir y venir del poeta «Espera, demora la voz. // Dilo todo a ras del silencio / –el poema es / su exploración interminable– / y sombra a sombra talla el verso. / Dale cuerpo a esa palabra / que tu decir funda y limita». Concluye el poeta en la tercera y última parte del libro con unos versos luminosos, que así dicen: «El silencio, sí, el silencio / que viene de lejos / y es azul / y cabe en él la tarde. // El silencio, sí, el silencio / tener un silencio que llevarse a la voz / y acabar / así / el poema».

Acierta Juan Gaitán con estas ‘Elementales formas de silencio’, en el que muestra su madurez poética y humana, crecida a la luz del silencio y el mar que le cobija cada día, del sol que alumbra su camino, de lo mistérico, de la vida al fin. La cita de Ernestina de Campourcín es determinante y representa fielmente esa plenitud del buen poeta que es Gaitán cuando dice: «Ese rumor del mar es fuga de silencios. / La plenitud sería callarse para siempre». Esos silencios son los que siente Gaitán cuando amanece cada día y observa el paisaje de un mar colmado de ellos.

Elementales formas del silencio

Autor: Juan Gaitán

Editorial: Mahalta

Traducción: Robert Juan-Cantavella

80 páginas. 14,25 euros

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents