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Acantilado

Isaac Bashevis Singer: escribir de aquello que se oculta a la mirada

‘Viejas verdades, nuevos clichés’ reúne dieciocho ensayos de Singer donde el Premio Nobel, con su visión de escritor universal, expresa la preocupación por la humanidad, con el choque entre lo tradicional y lo nuevo, un conflicto al que nadie es ajeno

Isaac Bashevis Singer, en su casa de Nueva York.

Isaac Bashevis Singer, en su casa de Nueva York. / L. O.

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Del Premio Nobel Isaac Bashevis Singer aún hay joyas por descubrir, como esta ‘Viejas verdades, nuevos clichés’ una colección de ensayos inéditos en España, que ahora publica Acantilado, donde con su prosa exquisita y aguda, Singer nos retrata con visión escolástica su perplejidad ante un mundo, el suyo , que se derrumba frente al asedio de nuevas verdades sin consistencia y viejos clichés de intolerancia y miedo.

Eso le lleva, en su condición de escritor de visión universal, a volver a insistir en estos ensayos en la dificultad de la incorporación del hombre a la modernidad, que lleva consigo la desintegración de los viejos moldes de vida, sentimientos e ideas.

Desde ese escenario de heterodoxia es como se abordan los temas clásicos como Dios, la muerte, la fe, la distinción entre realidad y ficción y el poder de la palabra , que por esa disidencia de Singer son enfrentados de forma moderna en el sentido de que aparecen abordados de diferentes maneras en cada relato, propuestos en forma de diálogos, defendidos y atacados por igual, sin ofrecer soluciones finales. Es frecuente encontrar en ellos un choque entre la tradición y la realidad. Singer no es un moralista, pese a su magma religioso y por ello no pretende ofrecer respuestas ni análisis complejos sobre ellos, ni mucho menos lecciones morales.

La suya es una obra hondamente judía y genuinamente universal. Detrás de los conflictos en apariencia exclusivamente judíos, late la universalización de esos problemas, la preocupación por la humanidad, pues el choque entre lo tradicional y lo nuevo es un conflicto al que nadie es ajeno. Finalmente Singer lo que hace es describir un desgarramiento común a todos. Narrar con maestría la comedia humana. Estos ensayos son una demostración de ese carácter ecuménico de Singer y de su mirada caleidoscópica que todo lo abarca y analiza.

Los ensayos de Singer ofrecen una valiosa aproximación a los cimientos intelectuales del escritor. Y sirven también de testimonio para dotar de significado al mundo moderno. Revelan elementos centrales de sus fundamentos intelectuales y son testimonio del espíritu de su visión artística. Esta colección de ensayos pretende acercar a los lectores a su visión del mundo desde una perspectiva diferente a la que sus seguidores suelen conocer como narrador y constituyen un valioso complemento para nuestra comprensión de la visión de este extraordinario escritor.

La variedad de estilos y temas que abarca es formidable: periodismo, literatura infantil, teatro yiddish, jasidismo, filosofía, teología, misticismo y mucho más. Hay conmovedoras anécdotas autobiográficas, polémicas acaloradas y parodias satíricas.

Todos estos ensayos fueron escritos en yiddish y publicados en The Forward, el principal diario en yiddish de Nueva York; algo que impone sus limitaciones. Quizá por ello, en el primer ensayo: ‘El satán de nuestro tiempo’ , comienza afirmando que «un escritor yiddish en Estados Unidos es una entidad invisible, casi un fantasma», aunque ello le da pie a una segunda afirmación mas consecuente: «tiendo a buscar en todo cuanto escribo aquello que se oculta a la mirada».

Un tema recurrente es la compleja cuestión de lo individual y lo universal. Singer defiende con firmeza la «vieja verdad» de que el arte es individualidad arraigada en los recursos expresivos de una comunidad naciona y de ahí se abre al mundo.

Por el contrario, los «nuevos clichés» de la modernidad incluyen la «cultura de masas» (ejemplificada por la propaganda nazi y soviética) y el «arte internacional» al que Singer rechazaba pues defendía que «el arte es, en esencia, nacional, profundamente conectado con una tierra, una localidad, un grupo».

Frente a los escritores que denigran el periodismo él señala que este ejerce una influencia beneficiosa sobre la creatividad literaria porque los dos ámbitos comparten las mismas leyes. La primera es la de aportar alguna novedad. El periodismo lo hace publicando noticias nuevas y la literatura descubriendo nuevos mundos.

En ‘Por qué es nociva la censura literaria’ se pronuncia abiertamente contra este método inquisitorial: «La tarea de proteger la lengua no pude ser delegada a un censor» , pero apela a la responsabilidad social de todos para cultivar la palabra y desterrar el lenguaje irresponsable, sucio o temerario.

Muy revelador y tremendamente actual su análisis sobre la necesidad hoy día de la literatura. Partiendo de que la realidad siempre supera a cualquier ficción, de que la fantasía nunca podrá ser capaz de igualar los giros que muestra la realidad, y que por ello no existe la novela perfecta, pues incluso Madame Bovary o Anna Karénina revelan los defectos de cualquier ficción, enumera toda una serie de argumentos que permitan en los tiempos modernos la subsistencia de la buena literatura y los buenos escritores.

La esfera del escritor literario es la individualidad, la singularidad y la distinción inherente a la naturaleza humana. El escritor debe contar lo excepcional, eliminar los clichés y tópicos, limitarse a las imágenes que sean únicas y personales, evitar las situaciones que le lleven a caer en tópicos y generalidades; su mirada no debe ser sobre el conjunto de la humanidad sino sobre una persona representativa; debn buscar la sensación de gozo en el lector, elevar su espíritu; rechazar el concepto de que la forma es más importante que la trama, sino que deben considerarlas juntas y al mismo nivel. Sin buena trama no hay buena literatura. Y por último y de manera esencial, el talento, que debe ser individual y egoísta y sin el cual sobra todo. El talento genuino está dotado de una fuerza que nadie puede destruir

Ya en su juventud supo que el culto a la razón era tan idólatra como postrarse ante una imagen esculpida. Buscando la verdad que diera sentido a su vida leyó a Spinoza, y mas tarde a Kant, a Hume, a Schopenhauer y a Nietzsche. Ninguno le servía, no le ayudaban a manejar la vida. Inició la búsqueda de técnicas literarias leyendo a Tolstoi, a Dostoievski, Gógol, Flaubert

Para él la inhibición es el motor de su creatividad literaria.Transformar la inhibición en un método de creatividad, en una fuerza para escribir.

Viejas verdades, nuevos clichés

Autor: Isaac Bashiver Singer

Traducción: Mar Vida

Editorial: Acantilado

Edición: David Stromberg

256 páginas. 22,00 euros

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