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Acantilado

Krasznahorkai y la bella decadencia de leer

El Nobel vuelve a la carga con uno de sus libros más cautivadores y de actualidad: un texto, una frase, un universo, que va de Angela Merkel a la física, el auge de la ultraderecha y el desorden ético

László Krasznahorkai

László Krasznahorkai / L.O

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Lucas Martín

Lucas Martín

No estamos acostumbrados a verlo y, mucho menos, a degustarlo. En esta época de cansado aliento bibliográfico -en la que, haciendo buena la premisa juguetona de que es la naturaleza la que imita el arte, los libros también copian a Netflix- resulta un lujo desusado poder abrazar una y otra vez la obra de László Krasznahorkai (Giuyla, Hungría, 1954), uno de sus autores que de manera machacona -y muchas veces bañada en ironía fácil- es calificado de literario, lo que suele ser un ensalmo para legitimar y poner a una altura equidistante cualquier atisbo de mediocridad que funcione en las listas de ventas y en las a menudo escasamente sutiles campañas de los grandes grupos editoriales. En cualquier negociado serio, y procuramos que el de este medio, en la medida que depende de nuestra modesta contribución, también lo sea, que un autor de literatura sea tildado de literario debería considerarse una tautología imperdonable. Salvo, claro está, que uno tenga ganas de seguir la corriente y de jugar; en este caso, dándole la vuelta a los honores de la distinción. Si hay autores que son literarios y otros que no, por algo será. Y no necesariamente para mal.

Sin ánimo de sentar cátedra, que sería harto delicado y engorroso, podríamos lanzarnos a escaldar el diamante teórico y buscar la fórmula que buscaron los formalistas rusos y que acaso también nos dé de comer. Como demo, les dejo una de cosecha espontánea y propia, que para eso nos asiste -alguna ventaja tenía que contraer- el milagro relativista de la posmodernidad. Si quieren saber si un autor es de los llamados literarios o no hagan la prueba de imaginar sus obras más totémicas trasladadas al cine y a la televisión. Si les parece imposible es que estamos probablemente ante un Bernhard o un Proust. Imposible, quiero decir, sin que el trasvase suponga caer en el más calamitoso de los ridículos y sin contar para la causa con un genio de sensibilidad especial. No todos tenemos al lado a un John Huston; Krasznahorkai disponía de su amigo Bela Tarr, con el que, cosa rara en el diálogo entre ambas disciplinas, se entendía a la perfección y al que para plumas en la copa también se catalogaba como cineasta literario. La pena es que muriera el pasado enero y privara al mundo de la adaptación -huelga decir que también imposible- del último título del Nobel húngaro en llegar a las librerías españolas: ‘Herscht 07769. La novela bachiana de Florian Herscht’, publicada por Acantilado en versión de Adan Kovacsis. Un libro, sí, literario de un autor que es literario y quizá por idénticos motivos a los de Cervantes, Borges o Joyce. Y con la misma e indomesticable tendencia a reinventarse en cada página y al mismo tiempo profesar hacia su propia obra una especie de fenomenológica lealtad.

Con libros como ‘Tango satánico’ o la reverencial ‘Melancolía de la resistencia’, Krasznahorkai se ha ganado el derecho a repetir fórmula. Entre otras cosas, porque nadie domina el asunto mejor que él y porque su estilo, al igual que sus atmósferas, hechas de sandalias en la niebla, de existencialismo y opresión, forma parte ya de una de esas raras experiencias que de vez en cuando surgen en la historia de las ficciones para marcar un nuevo patrón. Lo sorprendente, es que esta entrega, siendo cien por cien Krasznahorkai, se antoje tan diferente al resto de su literaria literatura. Incluso, en lo accesorio, con un escenario actualizado en el que aparecen teléfonos Nokia y hasta conexiones a internet. El punto de partida de la novela -calificada por Laura Fernández de clásico instantáneo, candidatura a la que nos plegamos con entusiasmo- es casi insuperable: un huérfano, entre bobo e iluminado, Florian Hertsch, comienza a escribir cartas a Angela Merkel después de advertir en clases privadas de física que el mundo, al surgir con el Big Ben, bien podría -antimateria mediante- recorrer el camino a la inversa y colapsar, lo cual le preocupa bastante más que la amenaza latente del grupo de neonazis surgido en el pueblo de Turingia en el que vive. Todo eso aderezado con Bach y el discurso de la redención y de la trampa del arte. Y con la decisión nada arbitraria de prescindir de puntos, que dota al conjunto de una extraña cualidad hipnótica en la que toda la narración -en la que no paran de ocurrir cosas- parece ser parte también de un mismo dispositivo multidireccional que sólo tiene sentido y posibilidad de existir de una sola bocanada y de la primera a la última sílaba. Una cosmogonía portentosamente fluida e impredecible que va de las estrellas al tomate y que aborda discursos tan de actualidad como el auge de la ultraderecha, la disolución de la moral o la falta de esperanza. Krasznahorkai ha escrito la que probablemente sea la novela más audaz y profunda de ese mundo desaprovechado que sucedió a la caída del Muro. Y lo ha hecho dignificando a lo grande el extrañamiento y la incantación que han convertido a lo largo de los siglos a la literatura en un arte felizmente mestizo, omnipotente y original. ‘Herscht 07769’ habla de la decadencia de Europa y de promesas truncadas, de la incomunicación, de los mecanismos del miedo y la falta de solidez de una sociedad que siempre está a dos o tres sucesos concatenados de volver a derrumbarse. Incluso, como hace ya casi un siglo, por la perversión de disciplinas virtuosas como la ciencia y a nivel personal, que es lo que le ocurre a Florian, que pasa de la candidez a la bestialidad más profunda al sentirse defraudado por la persona -un cabecilla neonazi- a quien se obstinaba en defender. Inteligente y cautivadora, lo nuevo del escritor flota en esa región que da sentido a la literatura y que genera mitos que están en todas partes. Kana, el pueblo ficticio en el que se desarrolla, ha venido, como Macondo, para quedarse y para desafiar. Leer esta novela, paradójicamente abierta a todos los públicos, es un antídoto de no retorno. Al final va a resultar que lo que nos gusta de la literatura es la literatura y que, para colmo, nos gusta leer.

Herscht 07769. La novela bachiana de Florian Herscht

Autor: László Krasznahorkai

Traducción: Adam Kovacsics

Editorial: Acantilado

424 páginas. 28,00 euros

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