Alfaguara
Una novela policial como arma social y política
En su última novela, ‘La maldición de Ramfis’, el premio Cervantes Sergio Ramírez nos lleva, a través del género policiaco, a una clara denuncia de la situación política de Nicaragua y Lationamérica

Sergio Ramírez
Una novela de «habitación cerrada» es un subgénero policial donde la víctima suele ser hallada en un lugar muy determinado, generalmente inaccesible o accesible solo para un pequeño grupo de personas. Es un género que cuenta con grandes clásicos, entre ellos, ni más ni menos, la novela que inaugura el mundo de los detectives deductivos, ‘Los crímenes de la calle Morgue’, de Edgar Allan Poe, y el clásico entre los clásicos ‘Diez negritos’ (título que la nueva censura pretende cancelar por sus presuntos tintes racistas) de Agatha Christie.
De modo que hay que tener mucho cuajo para, tomando como modelo el esquema clásico, clasiquísimo, de la novela de habitación cerrada, proponer una historia de detectives, con su muertito por supuesto, y pretender llegar lejos, que el lector no la arroje al grito de «esto ya me lo han contado antes muchas veces». A menos, claro está, que la novela de habitación cerrada no sea más que una excusa para contarnos otra cosa, y ahí, entonces, empezamos a sospechar que el autor sabe mucho, y sabe bien, y nos está dando una obra más compleja envuelta en un modelo tan explotado que llega al tópico, pero fácil de digerir.
‘La maldición de Ramfis’, editada por Alfaguara, escrita por el nicaragüense Sergio Ramírez (Premio Cervantes 2017), es la cuarta entrega de una saga de novela negra cuyo protagonista es el inspector Dolores Morales, quien en esta ocasión se sumerge, junto a su inseparable Doña Sofía, en la investigación del asesinato de un poderoso y nada recomendable magnate ligado al régimen de Managua.
Como toda novela de habitación cerrada que se precie, todo sucede a bordo de un velero de lujo varado en la costa del Pacífico que ha sufrido una avería en su sistema informático y no puede navegar y por lo que, además, está incomunicado. Los investigadores tendrán un tiempo muy breve para resolver el caso, pues una vez reparada la avería, el barco zarpara y no podrán continuar con las pesquisas. Para rizar más el rizo del topicazo, sobre el velero pesa una maldición. Pero Ramírez, con sabiduría, usa ese recurso tan manido para llevarnos a su terreno, porque no es un velero cualquiera, el primer dueño del barco fue el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, y la maldición que acarrea hace alusión al hijo del dictador, Ramfis Trujillo, quien en 1961 huyó a bordo de este mismo barco transportando el cadáver de su padre, al que habían acribillado, llevándose también, ya de paso, una enorme fortuna en lingotes de oro y en dinero en efectivo, todo producto de la rapiña y el saqueo.
Conviene recordar que la vida de Sergio Ramírez ha transcurrido entre los mundos de la ficción literaria y la responsabilidad política, que ha sido testigo y actor de un período importante de la historia contemporánea de su patria, Nicaragua, usando el periodismo, la docencia, la creación literaria, el debate de ideas y la militancia política como herramientas para transformar el país que pasó de la dictadura de Somoza a la del matrimonio Ortega/Murillo, régimen que le mantiene exiliado, despojado de su nacionalidad (seguramente por eso encontramos a Dolores Morales en el exilio en Costa Rica, porque es donde está un no pequeño número de sus compatriotas) y con sus obras prohibidas en el país que le vio nacer. De modo que la novela se convierte así, casi a hurtadillas, en un acto político, en un acto social, en un acto de lucha y rebeldía que teje una línea sutil entre la ficción de la novela de crímenes y la historia real de Nicaragua en particular y de Latinoamérica en general, pues se entremezclan mientras va abordando problemas contemporáneos de la región como el tráfico de migrantes, el lavado de capitales y las tramas de los actuales regímenes de poder.
En ‘La maldición de Ramfis’, novela con la que, al parecer, Sergio Ramírez cierra las aventuras del inspector Morales, suceden otros juegos metaliterarios que conviene destacar. Uno es, sin duda, el de la metanovela, la ficción en la ficción. Ya conocíamos a ese policía cansado y un poco cínico llamado Dolores Morales desde ‘El cielo llora por mí’, publicada en 2008, y después lo seguimos viendo en ‘Ya nadie llora por mí’ y en ‘Tongolele no sabía bailar. Será ‘Ya nadie llora por mí’ la novela que quede referenciada en ‘La maldición de Ramfis’ al más cervantino modo (no será en vano el Premio Cervantes, pensaría acaso el autor): «¿No es ése el mismo Soto que sale en ‘Ya nadie llora por mí’? -preguntó el intendente Oreamuno por lo bajo. -No creo que haya otro- asintió el inspector Morales» (página 74).
El inspector Morales, decíamos, es el personaje clave de esta y las obras anteriores, el protagonista, aunque la compañía de los otros personajes (esos seres que uno no se sorprendería de encontrarlos en cualquier calle, en cualquier bar) resulta imprescindible para dibujar su personalidad, esa melancolía que es tan propia de los detectives de novela negra, donde también, bajo el trazo del tópico, Ramírez dibuja distinto. Una melancolía, además, que ayudará al autor a expresar lo que de verdad quiere decir, una verdad que cada vez anda más perseguida, pero de este modo puede decirlo sin la rabia de un artículo de prensa, de un manifiesto. En una novela todo puede ser de otro modo, y por tanto lo es, y se ampara en el humor, en la ironía, en la elegancia innegable de su prosa, con la que logra mirar de frente la historia reciente de Nicaragua, esa en la que conviven el crimen, el exilio, la corrupción, la violencia y la impunidad.
No es la primera vez que Sergio Ramírez utiliza un escenario similar para bucear en la realidad de la violencia política. En la ya citada ‘El cielo llora por mí’ la investigación se desencadena tras el descubrimiento de un yate abandonado en la costa oriental de Nicaragua. Como se puede apreciar, hay ciertas correspondencias, porque lo que subyace es el «otro» crimen, el que está oculto bajo la línea de flotación del iceberg: la corrupción y la criminalidad de la política nicaragüense y latinoamericana actual.

La maldición de Ramfis
Autor: Sergio Ramírez
Editorial: Alfaguara
232 páginas. 19,85 euros
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