Editorial Siruela
Etgar Keret y el humor en tiempos de fanatismo
El escritor israelí, extraordinariamente crítico con Netanyahu y la matanza de palestinos, vuelve a la carga con un nuevo volumen de cuentos en el que dota de un poso más amargo del habitual a sus siempre sorprendentes y mordaces historias alternativas

Etgar Keret / L.O

No dudo, en medio de las bombas, de la frivolidad que pueda entrañar semejante juicio. Puede que tampoco de su inutilidad apenas simbólica, pero no deja de ser el enésimo visor de la gravedad de lo que ocurre. Que casi tres años después de los atentados de Hamás y del inicio de la psicópata respuesta de Israel siga siendo imposible hablar de un escritor israelí sin mencionar el conflicto demuestra lo lejos de estamos no ya de una solución satisfactoria y diplomática – si es que eso es todavía posible - sino del final de la crueldad más salvaje, sádica e invasiva. Todavía más cuando el escritor en cuestión, Etgar Keret (Ramat Gan, 1967), lejos de ser un sesudo analista, escribe relatos cercanos al humor negro y la fantasía, manteniendo además una postura ética insobornable que no entiende de paños calientes y que le ha llevado tanto a ofrecerse voluntario para atender a las víctimas del 7 de octubre como a manifestarse cada semana contra Netanyahu portando fotos de niños palestinos, cuestión de cuya impetuosa valentía política no existe la más mínima duda, por más que se intente desacreditar desde las confortabilidad abanderada de la distancia física. Entre otras cosas, porque el compromiso de Keret no tiene nada de acomodaticio -de hecho, ha sido amenazado de muerte por calificar a Israel de fascista-. Y menos si se tiene en cuenta que sigue residiendo en el país y que está considerado como uno de los escritores en lengua hebrea más importantes de las últimas décadas.
Su último libro de relatos, ‘El blues del fin del mundo’, recién publicado en español por Siruela, con traducción de Ana Martínez Bautista y Claudia Riesco Muñoz, es un ejemplo soberano de cómo puede condicionar la barbarie a esos lujazos que nos damos en tiempos de paz -o de violencia soterradamente tibia- como la literatura. Lujo imprescindible, tal vez, pero totalmente fuera de juego, salvo en su vertiente más pedestre y apegada al terreno, cuando surgen amenazas de este calibre. Incluso, a nivel de la propia conciencia, que es lo que le pasó a Keret, quien bajo la conmoción de los ataques y de la posterior matanza israelí, se olvidó de que había escrito otro libro. Precisamente, este volumen de cuentos que meses después se obstinó contra toda prudencia comercial en publicar en el que quizá sea uno de los homenajes más hermosos que se han hecho nunca a la aparente esterilidad de la literatura: el hecho de que si el mundo se destruye y nosotros nos enamoramos quizá no haya nada más noble y digno que pensar en seguir escribiendo y leyendo libros. Especialmente, si alcanzan el vuelo imaginativo de este blues del apocalipsis, que nos da en 33 piezas nuevas perspectivas sobre los desafíos que afrontamos en este confuso y monitorizado periodo de nuestras vidas. Incluida la propia situación de Oriente Medio, atajada de modo magistral en relatos como ‘Perro por perro’ -en el que unos niños judíos quieren vengar la muerte accidental de su perro por parte de un árabe matando a otro perro- y en imágenes que son la ampliación de esa visión a la que tan a menudo recurre el propio autor para explicar la perversa y esquizofrénica cotidianeidad de Israel: la contemplación de gente en la playa escuchando música y comiendo helados, disfrutando de una molicie que podría pasar por detenidamente sosa y occidental si no fuera por la indiferencia hacia el sonido de fondo de las bombas que continúan matando a niños.
Si hay algo que define la literatura de Keret es su acrisolado sentido del humor, que en esta ocasión introduce un gradiente más pesimista de lo habitual a sus atractivas propuestas de reflexión, casi siempre envueltas en atractivas distopías y propuestas cercanas a la realidad alternativa. De Keret, como de Aria o, en otro registro, de Saunders, podemos esperar cualquier argumento, desde un reality show en una dimensión paralela a una película que se proyecta durante setenta años -ambas piezas forman parte de este libro-, pero también una preocupación profunda por retos como la deshumanización o el auge acrítico de la tecnología -maravilloso el cuento en el que una señora solitaria intenta convencer a su asistente de IA para que se suicide-. La parodia incisiva del mundo posmoderno no deja de ser una constante. Más todavía con la inclusión recurrente a la realidad de Israel, que forma parte de empresas como el cuento en el que se busca a un polemista a sueldo capaz de decir atrocidades en la televisión -que todos los palestinos deberían morir, por ejemplo- o el adolescente drogado que acude a un encuentro sexual y es interceptado por un señor para que colabore en el deber judío de rezar conjuntamente por alguien en apuros. Tipo simpático donde los haya, Keret sabe que el humor es lo que nos hace personas y nos ayuda -con muchas dosis de inteligencia- a conjurar el fanatismo. Y eso ya de por sí, y con independencia de la irregularidad del volumen -algunas ideas son extraordinarias, otras están más cercanas al ingenio televisivo- nos hace agradecer que se haya acordado y haya tenido el valor de publicar un nuevo y divertidísimo libro. Aunque sea, como dice no sin amargura, a costa de que sea esta vez la realidad la que haya descendido al umbral macabro de la ficción. En una ocasión le preguntaron al autor por el sentido que podría tener leer un relato a un soldado dispuesto a pegar tiros. «Les hace no olvidar que fueron otra cosa», insinuó. Y eso tal vez sea el camino inverso a la búsqueda de la evasión que se le achaca muchas veces a las artes y a la literatura; mucho tendríamos que ganar como sociedad si los que mandan -y no sólo en Israel- estuvieran pendientes de ‘El blues del fin del mundo’. Relato, por cierto, en el que el protagonista espera el apocalipsis pimplándose una lata de aceitunas. En esas estamos. En la manía de leer, escribir y comer aceitunas mientras vienen los bárbaros y alguien les recuerda lo que alguna vez dicen que fuimos. O, mejor aún, lo que no somos ni debemos permitir que ocurra. Ya vamos tarde. Sin duda.

El blues del fin del mundo
Autor: Etgar Keret
Editorial: Siruela
Traducción: Claudia Riesco y Ana Martínez Bautista
188 páginas. 18,00 €
- La Antigua Casa de Guardia cierra temporalmente por el fallecimiento de su propietario Antonio Garijo
- Málaga cierra seis playas al baño por vertidos en plena semana de Feria
- Júzcar y Parauta, dos pueblos de Málaga sin oposición en sus Ayuntamientos: 'Los vecinos son los portavoces de sus carencias
- El jardín de Málaga que ha sido nombrado uno de los mejores del mundo: 25 años recabando semillas para crear un increíble parque de 28.000 plantas
- Apuñalado un joven en la zona de atracciones de la Feria de Málaga
- Benalmádena mantiene la bandera roja y la prohibición del baño en cinco playas por una posible contaminación
- El Ayuntamiento se reunirá este martes con los vecinos de Pedregalejo, por las quejas sobre el nuevo paseo marítimo
- Horario y dónde ver por televisión el Atlético de Madrid - Málaga CF, jornada 1 de Primera División