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Diario de lecturas

De paseo con Virgina Woolf en busca de pan o de lo que sea

La escritora inglesa Virginia Woolf.

La escritora inglesa Virginia Woolf. / EPC

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José Luis G. Gómez

José Luis G. Gómez

Málaga

Toda excusa es buena para pasear. Esa siempre ha lucido como una de las máximas de mi vida. Por ello, mis mayores esfuerzos los he puesto en inventar tareas y recados que me obliguen a pisar la calle -me leo y me inquieta mi falta de ambición vital-. Y claro, cuando lees a Virginia Woolf y descubres que esta mujer sufría de tu mismo mal, pues sonríes: «Quizá nadie, nunca, haya sentido pasión hacia una mina de lápiz. Hay circunstancias, sin embargo, en las que puede resultar altamente deseable poseer una. Momentos en que nos disponemos a hacernos con un propósito, con una excusa para pasear por medio Londres entre el té y la cena. De la misma manera que el cazador del zorro caza para preservar la cría de zorros, y el golfista juega para preservar los espacios abiertos de la acción de los constructores, así cuando nos acomete el deseo de callejear el lápiz sirve como pretexto, y al ponernos en pie decimos: ‘Debo comprarme un lápiz’, como si mediante esta excusa pudiéramos dar rienda suelta al mayor placer de la vida urbana en invierno: dar una caminata por las calles de Londres». En mi caso, alguna vez he buscado un lápiz, pero suelo usar como excusa los tebeos y los libros, aunque el pan también me ha sacado de bastantes apuros -una vez rastreé la ciudad a la caza de pan con arándanos, un capricho que me saqué de la manga, y unas cuantas meriendas deliciosas fueron parte de mi recompensa-. Y no le falta razón a la escritora inglesa, este placer es mayor en invierno, además de más saludable, porque con el calor de nuestros veranos esta pasión puede ser mortal, aunque aún así no hay semana sin su lápiz.

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