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El Parnaso

Rainer María Rilke: La poética de lo sagrado

Rainer María Rilke
La poética de lo sagrado

Rainer María Rilke La poética de lo sagrado

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José Antonio Santano

José Antonio Santano

Málaga

Inicio este comentario con estas palabras del poeta romántico-realista Gaspar Núñez de Arce: «La poesía, para ser grande y apreciada, debe pensar y sentir, reflejar las ideas y pasiones, dolores y alegrías de la sociedad en que vive; no cantar como el pájaro en la selva, extraño a cuanto le rodea y siempre lo mismo. Es preciso que remueva los afectos más íntimos del alma humana, como el arado remueve la tierra: abriendo surcos. Y cuanto más ahonde, cuanto más penetre y encarne en las entrañas de un pueblo y de una época, tanto más estimada será, tanto más sentida y menos disputada su influencia». Sentimiento, ideas, pasiones, dolor y alegría confluyen en este itinerario marcado por la palabra poética. En otro sentido, Chesterton manifiesta que «La poesía es cordura, porque flota con facilidad en un mar infinito. La razón se afana en cruzar el mar infinito para así tornarlo finito. Mas el poeta solo desea exaltación y expansión, un mundo en el cual poder estirarse. Solo pide tocar el cielo con la cabeza. Si el loco pudiese por un instante dejar de inquietarse, se volvería cuerdo». Marcar un nexo de unión y concelebrar todo lo dicho desde un punto de vista netamente poético, es una experiencia inenarrable que nos lleva a un espacio y un tiempo donde todo lo que rodea al poeta es trascendente, como lo es la palabra en esa búsqueda de lo mistérico y sagrado, algo infrecuente acaso en muy pocos poetas, pero que nos acerca al verdadero sentido con que la poesía penetra y se hospeda en el alma humana. Cuando esto sucede es que hemos hallado la palabra que nos redime, al poeta que nos alumbra. En esta ocasión, ciertamente, la poética de Rainer María Rilke (Praga, 1875-Montreux,1926), integrada en el volumen recientemente publicado por el sello editorial Linteo, ‘Poesía. Obra temprana’, nos reencuentra con lo mejor de la poesía universal en lengua alemana.

Abre este volumen, ‘Poesía. Obra temprana’, con un texto del poeta Antonio Colinas, ‘Los símbolos del origen’, que nos acerca a los «símbolos que pasarán con el transcurso del tiempo a ser cardinales en el resto de sus obras. Así, el del ángel, la casa, la noche, la infancia o las estaciones del año». Y añade: «Por encima de cualquier otro, el de lo sagrado. Expresado este no como una mera resonancia clerical sino como esa aspiración profunda de la psique hacia lo que está más allá en los seres humanos y, particularmente, en los grandes poetas de todos los tiempos». Por otra parte, la introducción a la vida y obra póetica de Rilke corre a cargo de Manuel Ramos, que dedica el texto a la memoria de su traductor, José Luis Reina Palazón. Como resumen de esta introducción me quedaría con las siguientes palabras: «Leer a Rilke es principalmente una reflexión acerca de la fragilidad de la existencia humana, una reflexión sobre la conexión entre el mundo interior que somos y el mundo exterior en que vivimos, sobre la vida y la muerte, entendidas ambas como una unidad, sobre la naturaleza, la belleza, el amor…y tantos otros temas igualmente queridos por el poeta».

Los poemas de esta ‘Obra temprana’ de Rilke pertenecen a los libros ‘Ofrenda a los lares’, ‘Coronado de sueños’, ‘Adviento’, ‘Celebración de mí mismo’, ‘La princesa blanca’, ‘La tonada de amor y muerte del corneta Christopf Rilke’, ‘El libro de horas’ y ‘El libro de las imágenes’. En cada uno de estos libros hallamos al poeta en continua búsqueda de la belleza, de cuanto a su alrededor se muestra en su esencialidad interna y externa, en esa comunión de la vida y la muerte, porque como el propio Rilke define «es precisamente la poesía el camino hacia la luz». Una luz que tempranamente le acompaña a través de la palabra que surge y resurge a cada instante y que Rilke acoge en su seno para trascenderla, para convertirla en un silencio atronador, que nos conduce a esa paz interior que todo hombre anhela. El paisaje poético de Rilke, desde sus inicios, como así podemos comprobarlo en este volumen, coincide con el despertar del día, cuando la leve luz del sol se alza sobre los montes y valles; el poeta entonces sueña y vive el silencio de los años: «Yo quiero encontrarte fuera en calma, / cuando mayo aumenta en maravillas, / y cuando un suave bendecir del alma / desde todas las ramas cae en semillas. (…) // Yo quiero ser un jardín, en cuyas fuentes / los muchos sueños arranquen nuevas flores, / unas en sí mismas soñadoras y silentes, / otras juntas, silencios dialogadores». Es evidente que esta poesía temprana de Rilke anuncia ya lo que en un futuro sería luz de la lírica universal. El acto de escribir para Rilke se traduce en apremiante necesidad y en ese proceso de creación tiene mucha importancia la soledad, símbolo también al que no renunciará nunca, pues está presente y es consustancial a la manera de entender el hecho poético: «Tal como una lluvia es la soledad. / Ella sube de la mar hacia la tarde; / de llanuras lejanas y en desheredad / va hacia el cielo que la guarde. / Desde el cielo cae sobre la ciudad». En Rilke aflora toda la esencialidad de la palabra, reflejada en los diversos temas que abarcan la vida misma, desde la religiosidad, la belleza, la soledad, el amor o la vida y la muerte, más patentes, si cabe, en los dos últimos textos: ‘El libro de las horas’ y ‘El libro de las imágenes’. No hay experiencia más absoluta que la de Rilke en su experimentación de las emociones, de lo que surge de la nada o el silencio para transformarlo luego en poesía, una poesía sin límites, abierta y desnuda, que guarda a buen recaudo la condición humana, y de ahí, de una gran intensidad interior y humanista: «Tú, que sabes y cuyo saber de inmensidad / está hecho de pobreza y de su copiosidad; / haz que los pobres nunca sean expulsados / ni sean pisoteados bajo el mal humor»; también de una particular espiritualidad: «…Yo a ti te encuentro en todas esas cosas, / de las que soy como un hermano bueno; / en las pequeñas tal semilla al sol te posas / a las grandes como grande tú te das pleno». Es la poesía de Rilke como una canción, como un hilo de aire que viene y va de un lado a otro, como la vida y la muerte, como un réquiem inacabado: «Tu muerte ya vieja era, / cuando tu vida comenzó…». Rilke, universal.

Poesía. Obra temprana

Autor: Rainer María Rilke

Editorial: Linteo

632 páginas. 36,90€

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