10 de agosto de 2018
10.08.2018
Toros

El mexicano Miguel Aguilar, primer triunfador de la Feria

Más de siete mil personas presencian una final del Certamen de Escuelas Taurinas de buen nivel en la que también destacó el almeriense Jorge Martínez

10.08.2018 | 22:57
El mexicano Miguel Aguilar, primer triunfador de la Feria
Miguel Aguilar, entrando a matar.

Final del XIII Certamen de Escuelas Taurinas

  • La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Se lidiaros seis novillos de Juan Pedro Domecq, correctos de presentación y encastados en general excepto el manso primero. Álvaro Passalacqua (E.T. Diputación de Málaga): estocada baja, dos pinchazos y estocada (palmas) y pinchazo y media estocada (ovación tras aviso). Miguel Aguilar (CITAR): estocada casi entera (oreja) y estocada (dos orejas). Jorge Martínez (E.T. Almería): media estocada desprendida (oreja) y estocada desprendida (oreja). Se proclamó ganador el novillero Miguel Aguilar.

Más de siete mil personas, aficionados de todas las edades, se congregaron este viernes en la plaza de toros de La Malagueta para vivir en directo la gran final del XIII Certamen Internacional de Escuelas Taurinas, en la cita más importante de la todavía incipiente carrera taurina de los tres clasificado.

El juego de las reses de una encastada novillada de Juan Pedro Domecq determinó que fueran sólo dos los novilleros que pudieran pugnar por el gran premio, un lugar asegurado en la Feria de Málaga de 2018. El malagueño Álvaro Passalacqua sólo pudo mostrar voluntad e el primero de la tarde, el garbanzo negro de la tarde. Fue un eral huidizo por manso con el que tuvo que ir recorriendo todos los terrenos del ruedo para conseguir encelarlo únicamente en una tanda al natural. Algo más pudo demostrar con su segundo, al que recibía a porta gayola y al que, con la montera calada, realizaba una variada faena por ambos pitones. Dio la cara, estuvo a la altura de las circunstancias, y dejó patente la quietud con la que quiere impregnar su tauromaquia. La espada fue su talón de Aquiles y le descartaba para el triunfo final.

Con una oreja cortada en cada uno de sus primeros oponentes, el premio quedaba limitado a Miguel Aguilar, mexicano del Centro de Alto Rendimiento de Guadalajara, y el almeriense Jorge Martínez. Ambos ratificaron el buen nivel ofrecido en su primera comparecencia y rivalizaron en un apasionante duelo en el que ninguno escatimó en esfuerzos y quites.

El ganador fue Aguilar que se mostró templadísimo a la verónica en sus dos actuaciones. Especialmente emotivos fueron los dos brindis al cielo en memoria de su hermano, el recientemente fallecido matador Mario Aguilar. El inicio al natural sin probaturas a su primero y su empeño por bajar la mano fue la presentación a una faena en la que destacó por su colocación y su capacidad por corregir las dificultades planteadas por su encastado oponente. El azteca fue a por todas en el quinto de la tarde, iniciando de rodillas la faena y dejándosele venir con emoción desde lejos. Pese a la tensión de la situación, supo ir superando los aprietos iniciales para conseguir meterlo en la muleta y firmar una obra estimable de menos a más cerrada con manoletinas de rodillas que levantaron al público. El ansia por querer ser torero le hizo tirarse a matar y lograr una estocada hasta la bola premiada con las dos orejas y la puerta grande.

También brilló el almeriense Jorge Martínez, que mostró una ejecución técnica impecable, impropia de su todavía corta trayectoria. Al noble tercero supo dale los tiempos para sacar tandas ligadas por los dos pitones en una faena templada y muy bien estructurada. Hasta el último momento no quiso tirar la toalla, y creyó en sus posibilidades para ganar en el que cerraba plaza, un novillo al que realizaba otra seria faena con mucho aplomo y gusto. También se tiró a matar con decisión, y la espada entró completa aunque un tanto desprendida; cortando una oreja y solicitándole con fuerza la segunda. Pese a que finalmente se tuvo que conformar con el segundo premio, su nombre hay que tenerlo en cuenta para el futuro. Un futuro para la fiesta representado en estos tres chavales y en los cientos de niños y jóvenes que se lanzaban al ruedo para despedir como héroes a los novilleros y acompañar por la puerta grande al ganador.

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