14 de agosto de 2019
14.08.2019
Primera de abono de la Feria Taurina

Pasará a la historia... solo por la reinauguración de La Malagueta

Enrique Ponce y Morante dieron una vuelta al ruedo cada uno en una corrida marcada por el mal juego de las reses de Juan Pedro Domecq y en la que Javier Conde dejó destellos de su arte

14.08.2019 | 23:19
Pasará a la historia... solo por la reinauguración de La Malagueta
Una tarde importante la de ayer en la centenaria historia de La Malagueta, lamentablemente no tanto por lo visto entre toros y toreros sobre el albero sino por la reapertura del coso de Reding. Enrique Ponce, uno de los toreros más apreciados por la afición malagueña, ayer en la actuación ante uno de sus oponentes.

Primera de abono

  • Plaza de toros de La Malagueta
  • Miércoles, 14 de agosto de 2018
  • La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde agradable. Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, justos de presentación y faltos de raza en general. Enrique Ponce: estocada baja (ovación) y media estocada y dos descabellos (vuelta al ruedo). Javier Conde: dos pinchazos y descabello (silencio) y media estocada (ovación). Morante de la Puebla: pinchazo, media saliéndose de la suerte y descabello (pitos) y pinchazo y estacada caída (vuelta al ruedo tras fuerte petición). Saludaron en banderillas Jocho y Jaime Padilla en el primero.

Una Malagueta rejuvenecida abría sus puertas de nuevo. Tras 145 años de vida, le ha sentado de maravilla la intervención que sobre ella ha realizado la Diputación. Sin ningún tipo de decoración accesoria, se presentaba al natural, sintiéndose orgullosa de ser el santuario del taurinismo malagueño.

Los actos protocolarios previos dejarán para los restos un cartel de esta tarde del 14 de agosto de 2019 en azulejo. Quedará para la historia solo por ser la tarde de su reinauguración. Autoridades como el presidente de la Junta de Andalucía Juan Manuel Moreno, sentado en un burladero entre el presidente de la Diputación Francisco Salado y el alcalde Francisco de la Torre, o el gran impulsor de esta reforma que es el actual consejero Elías Bendodo, se daban cita junto a los aficionados que llenaban en más de tres cuartos los tendidos del coso.

Había ganas de encender la mecha de la Feria de Málaga, en la misma Malagueta donde Adelfa Calvo pregonara unas horas después el inicio de la fiesta. Con ese mismo olor al rebalaje, solo faltaba que los toros de Juan Pedro Domecq cumplieran con su cometido y las musas inspiraran a los toreros.

Palco

En tarde en la que se estrenaba en el palco Carlos Bueno (en el segundo festejo de abono lo hará Antonio Roche), se esperaba que los de Domecq repitieran el gran juego ofrecido en los últimos años. Por lo pronto, había curiosidad por ver la presentación tras unos reconocimientos que no fueron sencillos. Digamos que no destacó por imponente, estando algunos más justos que otros. En comportamiento, tampoco mantuvo el nivel necesario.

Sí que fue muy noble Guachinango, el jabonero al que le correspondió reestrenar el albero. Lo recibió Enrique Ponce con gran suavidad en los lances, ganándole terreno hasta rematar en los medios. Se vio pronto que era un toro de buena condición, pero se atisbaba que le faltaba fuerza; a pesar de que fue cuidado con esmero por el picador José Palomares. Saludaron tras parear Jocho y Jaime Padilla, y las ilusiones estaban en todo lo alto cuando el valenciano brindaba al respetable. Lo fue mimando con suavidad exquisita, exigiéndole cada vez un poco más por los dos pitones, pero sin atosigarle. Cuando quiso dar un paso al frente, el animal demostró que más allá de esa nobleza no había ni la más mínima codicia. Cada vez más apegado a las tablas, el conjunto no pasó de los detalles de gusto propios de uno de los toreros predilectos de la afición malagueña.

Se le seguía esperando en el cuarto, tanto que parte del público se puso en pie para responder a un nuevo brindis al respetable. Y cuando parecía que todo se iba al traste... apareció la magia de Ponce. Le plantó la muleta en redondo y el de toro respondió queriendo comérsela. Justo de fuerza, se defendía al final de la embestida dando un derrote en alto que evidenciaba una amenaza real de echárselo a los lomos. No se amedrentó, más aún, ofreció una lección magistral de vergüenza torera al plantarse entre los pitones y terminar por someter al toro hasta quedar rendido a sus designios. Donde otros quitan las moscas y se van a por la espada, Ponce regaló una faena llena de emoción a la que, precisamente, solo le faltó la rúbrica de los aceros. Perdió la opción de cortar la primera oreja de la feria, pero acrecentó el respeto y la admiración de la afición de La Malagueta; siendo invitado a dar una vuelta al ruedo.

Tras su ausencia del pasado año, los partidarios de Conde tenían ganas de volver a ver a su torero. Con el recuerdo de la inspirada tarde de Crisol en 2017, se le jaleaban las dos verónicas y la media por el pitón derecho con las que recibía al segundo de la tarde. Tras haberle dado fuerte en el caballo, comenzó el trasteo a media altura y con parsimonia. Fueron surgiendo los derechazos de uno en uno hasta hacer sonar la música. Por el pitón izquierdo lo probó fugazmente, certificando que el pitón más potable era el derecho. Con todo, el juampedro embestía andando, sin emplearse nunca, y no fue el colaborador que el malagueño necesitaba.

Nuevamente en el quinto nos deleitó Javier Conde con la suavidad de sus muñecas en el uso del percal. Las verónicas tuvieron un sabor que muy pocos toreros en el escalafón pueden conseguir. Se quiso gustar por chicuelinas, primero al paso y luego con los pies asentados, y La Malagueta tronó cuando se fue al centro del platillo para brindar primero al cielo y luego a sus paisanos. Parecía que las musas estaban de su parte, faltó empuje por parte de su oponente. Puso lo que tenía de su parte el diestro, elegante y dispuesto, dejando constancia en pasajes sueltos de su temple en muletazos siempre a media altura.

Morante de la Puebla

Completaba el cartel Morante de la Puebla, que solicitó que se regara el ruedo antes de cada una de sus actuaciones. Cumplido el capricho de turno del espada sevillano, al primero de su lote no quiso ni verlo. No le gustó de salida y no le gustó tampoco después. Lo sobó, lo probó tímidamente, dejó un cambio de mano, un par de lances por alto y... a por la espada entre las palmas de unos pocos y los pitos de la mayoría.

En el último mostró más disposición con el capote, estirándose a la verónica de salida. También de muleta atisbó esperanzas en un inicio por alto junto a tablas, y posteriormente en los medios en redondo. Siguió creciendo al natural, con garbo y empaque. Fue su reconciliación con una afición con la que llevaba unos años sin encontrarse. La torería de épocas pasadas rejuvenecía en La Malagueta en una labor inspirada para la que se le pidió con fuerza una oreja que el palco no concedió tras un pinchazo y una estocada caída. No sé si Morante seguirá estando tan contento de los cambios en el palco como expuso en la presentación de la corrida€

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