18 de agosto de 2019
18.08.2019
Quinta de abono de la Feria Taurina

De Miranda corta dos orejas a una noble corrida de La Palmosilla

López Simón paseó un trofeo en un festejo, el dedicado a tres matadores jóvenes y prometedores, que resultó más entretenido que triunfal en el que a Román le correspondió el lote menos lucido

18.08.2019 | 23:16
De Miranda corta dos orejas a una noble corrida de La Palmosilla
David de Miranda, con la oreja de uno de sus toros.

La Picassiana se queda sin un miembro del cartel

  • La ausencia de Pablo Aguado supone un serio contratiempo a la Corrida Picassiana de esta tarde. La gran revelación de la temporada sufría un percance el sábado en Gijón que no le permitirá cumplir con sus compromisos en Almería este domingo y Málaga este lunes. La noticia, comunicada por el perfil de Twitter del diestro sevillano coincidiendo con el inicio de la corrida en La Malagueta, señalaba que en esos momentos viajaba a Sevilla donde se le realizarán las pruebas necesarias para valorar el estado de su hombro derecho. «El matador quiere agradecer las innumerables muestras de cariño recibidas y espera poder cumplir con el resto de compromisos de esta semana», indicaron. Al cierre de esta edición, la empresa aún no había comunicado cómo quedará el cartel definitivamente; contándose con la presencia asegurada de Julián López El Juli y José María Manzanares. Se trata, por tanto, de otro de los carteles más rematados de este abono y para el que se espera una gran entrada. Además, el interés se acrecentaba con la excelente actuación de Manzanares el pasado sábado. En este caso, aguardarán en los chiqueros reses de la ganadería de Garcigrande.

Tres jóvenes toreros conformaban el cartel de la tercera corrida de abono de la Feria de Málaga. Tres diestros interesantes y prometedores que se debían enfrentar a una de las ganaderías triunfadora de la presente temporada. La Palmosilla había destacado, ni más ni menos, en la Feria del Toro por antonomasia. En la de San Fermín de Pamplona.

En este caso, los toros que la familia Núñez cría en Tarifa no destacaron por la bravura que ofrecieron en la capital Navarra; aunque sí que ofrecieron en algunos casos una nobleza evidente, bonancible en exceso en ocasiones. Con esto, los diestros se mostraron solventes en un festejo entretenido para los aficionados más allá que triunfal.

Que los toreros están hechos de una pasta especial es una expresión muy manida, pero en el fondo es una realidad como un templo. Bueno es el caso de Román, que hace apenas dos meses se debatía entre la vida y la muerte tras su cornada en Madrid, o también el del otro debutante de la tarde: David de Miranda. Tras una lucha por no quedar tetrapléjico, el onubense logró volver a andar primero, a torear después y a saborear la gloria en Las Ventas como premio vital. En esta segunda oportunidad que le ha dado la vida quiere volver a ser torero, y así lo mostró en su primero, a pesar de que el quite por gaoneras resultara enganchado. Con la muleta, plantó las zapatillas en el centro del platillo y se lo pasó por dos veces cambiado por la espalda, con una quietud máxima. El toro era sosote, y era complicado poner lo que le faltaba para conseguir la emoción precisa. En su haber hay que destacar que estuvo bien colocado y firme, aún cuando se vio cogido. Con todo, lamentablemente, no trascendió la importancia de la actitud del matador, que concluía con manoletinas una digna actuación premiada con una oreja tras una estocada caída después de tirarse con determinación.

Le quedaba una oportunidad en el sexto, y quería aprovecharla. Por eso, impertérrito, se plantó en el tercio en una serie de ayudados por alto en los que a punto estuvo de llevárselo por delante en el primero. Ya en los medios, siempre muy de verdad, comenzó a torear en redondo con hondura en una faena técnicamente correcta pero que no lograba embelesar al público. Siguiendo toda la tónica de este encierro, el de La Palmosilla fue noble, pero la falta de casta y transmisión fueron un condicionante insalvable por el joven espada, valerosísimo, que esta vez concluía con bernardinas explotando todos sus recursos por agradar. Se tiró nuevamente con mucha verdad para dejar la estocada en todo lo alto y recibir una nueva oreja que paseaba orgulloso.

Diez años después de haber ganado el Certamen Internacional de Escuelas Taurinas, abría la terna Alberto López Simón, que rompía la frialdad de una tarde de discreta entrada en los tendidos lanceando a pies juntos en el centro del anillo. El toro se desplazaba pero sin entregarse nunca, yendo con la cara suelta incluso. Poco a poco, lo fue metiendo en la muleta, desarrollando nobleza y enroscándoselo con la derecha. Se quitó las zapatillas y realizaba un paso fugaz por el pitón izquierdo para volver a la diestra en una faena correcta en la que mantuvo la atención del público pero sin entusiasmar. La estocada le valía para pasear el primer trofeo de la tarde y encauzar un posible triunfo.

Mucho más rotunda fue su actuación en el segundo de su lote, con el que fue a por todas tras brindar al respetable. Plantaba las dos rodillas en tierra para ligar con temple y rematar con dos pases de pecho. Con las espadas en alto, se fue a los medios para proseguir con el toreo fundamental intercalado con recursos que impactaron como los pases cambiados por la espalda o molinetes ante un burel que, si bien ofreció boyantía en sus inicios se fue mermando hasta tener que apurar sus últimas embestidas a favor de la querencia a tablas. Tenía en su mano la segunda oreja, pero esta vez fallaron los aceros y todo se veía reducido a una vuelta al ruedo después de que se le tributara una ovación al toro.

La otra novedad en La Malagueta era Román, que sí que había estado, precisamente como alumno de la Escuela de Valencia, pero de eso hacía ya demasiado tiempo. Quiso arrear desde el inicio con un quite por tafalleras a la salida del primer puyazo (por cierto, no hace falta decir que por ser Desafío Taurino no se picó mejor de lo habitual), y tras brindar al público le bajó muchísimo la mano a un animal que inicialmente repetía. Le puso la franela planchada y fue desenmuñecando atrás los largos derechazos. Sin embargo, se fue quedando corto y tuvo que ir cruzándose una y otra vez para no quedarse fuera de cacho; concluyendo con circulares invertido en los que demostraba estar extremadamente cómodo en los pitones; no así con los aceros...

Se dice que no hay quinto malo, pero esta vez fue al revés. No es que fuera un barrabás, pero todo había que hacérselo de uno en uno. El astado, brindado a Fortes en el mismo ruedo, echaba la cara arriba; por lo que pese a la buena intención de su lidiador los pases no fueron siempre lo limpios que se habría deseado. Valorar su voluntad ante un animal que terminaba rajado. Se tiró habilidoso a matar y dejaba una estocada atravesada que cumplió su efecto.


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