21 de agosto de 2019
21.08.2019
Octava corrida de abono

Aguilar sale relanzado en una novillada entre la ilusión y la desesperación

El mexicano cortó una oreja y dio una vuelta al ruedo con el mejor lote - Santana Claros no tuvo opción y Benítez, enfermo, no pudo torear a su segundo

21.08.2019 | 22:55
Aguilar sale relanzado en una novillada entre la ilusión y la desesperación
Juan Carlos Benítez, este miércoles.

Octava de abono

  • Plaza de toros de La Malagueta. Miércoles, 21 de agosto de 2019
  • Un cuarto de entrada en tarda agradable. Se lidiaron seis novillos de Gabriel Rojas, justos de presentación y deslucidos. Destacó por su movilidad el quinto. Antonio Santana Claros: pinchazo y estocada caída (silencio), estocada perpendicular (palmas) y estocada perpendicular y descabello (palmas). Juan Carlos Benítez: estocada contraria (palmas en el único que lidió). Miguel Ángel Aguilar: pinchazo y estocada (vuelta al ruedo) y gran estocada (oreja). Saludaron en banderillas El Ruso (2º), Marcos Prieto y Diego Valladar (5º).

Comienza ahora el Certamen de Escuelas Taurinas

  • La Feria Taurina de Málaga 2019 continúa. Esta tarde comienza el XIV Certamen Internacional de Escuelas Taurinas, con entrada gratuita al coso a partir de las 19:30 horas. Desde hoy y hasta el sábado, cinco alumnos harán cada día el paseíllo para intentar acceder a la gran final programada para el domingo 25 con astados de Santiago Domecq. La semifinal del sábado comenzará a las 18 horas para no coincidir con el partido del Málaga CF.

La situación por la que hoy en día pasan los novilleros es auténticamente dramática, sin apenas oportunidades para ellos. Sirva de muestra que la de ayer en La Malagueta será la única novillada con caballos que se lidie en toda la temporada en la provincia. En este sentido, al menos, es plausible la determinación de la empresa por escoger una novillada más en tipo para embestir que en años anteriores, cuando los novilleros tuvieron que lidiar animales con más cuajo a veces que el de las figuras.

El encierro de Gabriel Rojas, con novillos que eran novillos, sin más aspiraciones, no fue sin embargo sencillo para los actuantes. Si por fuera eran bonitos, por dentro no ofrecieron en su conjunto tan buen comportamiento. No obstante, los hubo que se dejaron como el tercero de la tarde, en el que el mexicano Miguel Ángel Aguilar dio una vuelta al ruedo tras una petición no considerada por el palco.

El ganador del Certamen Internacional de Escuelas Taurinas del pasado año, dispuesto en un quite en el anterior por gaoneras, se mostró solvente con el capote y se plantó de rodillas en un inicio emocionante y meritorio. El burel, repetidor pero rebrincado, echaba la cara arriba, aunque cuando consiguió meterlo en el canasto pudo enroscárselo atrás con gusto. Aguantó alguna mirada incómoda para completar un trasteo variado y solvente que cerraba con manoletinas. Le penalizó un pinchazo antes de una estocada casi entera de discreta colocación.

Suyo fue el lote más probable, y su determinación contribuyó decisivamente. Comenzó la faena con ayudados por alto, pasándose muy cerca los pitones, para cuajar al de Gabriel Rojas en redondo con series de mano muy baja y enjundia. Con tono decreciente por la condición del toro, le pegó un estoconazo que le hacía cortar una oreja con mucha fuerza.

Sin opciones


Tras un año en blanco, en el que ha tenido que recuperarse de una lesión cervical, Antonio Santana Claros se volvía a enfundar el vestido de torear. Quiso agradecer a los empresarios que contaran con él; estrellándose ante un astado muy parado que embestía muy bruto. Totalmente a contraestilo con el fino novillero fuengiroleño.

Ante la que debía ser última faena, se fue a los medios para brindar al público. El toro medio embestía con la cara alta, revolviéndose y desarrollando peligro. Un regalito al que afortunadamente pudo pasaportar rápido y habilidoso. En un gesto de rabia y desesperación, se arrancó el añadido en un gesto de cortarse la coleta.

Cosas del destino, cuando ya lo dábamos por retirado, como director de lidia tuvo que torear el sexto por enfermedad de su compañero. Se despertó el veneno por ser torero, y se quiso aferrar a la nueva oportunidad; pudiendo por fin estirarse a la verónica y dejando unas torerísimas chicuelinas al paso para llevarlo al caballo. Con la muleta quiso remontar su carrera, marcada por el empaque y la personalidad. Dejó pinceladas de lo que sabemos que tiene en su interior, pero tampoco esta vez pudo ser. El hombre propone, Dios dispone, y llega el toro€ y lo descompone.

Más toreado llegaba otro fuengiroleño, en este caso Juan Carlos Benítez, que también pasó un mal trago con su primero, un novillo al que no banderilleó como en él es habitual y que se le coló repetidamente, dándole hasta dos revolcones. Poco a poco, el astado se fue orientando creando cierto desconcierto en una faena que no tuvo acople. Problemas estomacales que venía padeciendo los últimos días le llevaron a una deshidratación por lo que pasó a la enfermería donde, pese a los sueros que le administraron, no pudo salir. Su desesperación debió de ser más íntima, pero igualmente dolorosa.

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