23 de agosto de 2019
23.08.2019
Una velada singular

A la Feria con tres canadienses

Julie, Sage y Julia son tres canadienses de vacaciones en la ciudad. Es la primera vez que visitan la Feria de Málaga, que desconocían por completo. En la hoja de ruta, la noria, el Cartojal y una caja de buñuelos.

23.08.2019 | 22:22
Una noche en el Real con Julie, Sage y Julia, tres canadienses de Ottawa y Montreal con entre 27 y 32 años. Julie viaja sola y es su primera vez en tierras europeas. En el caso de Sage y Julia, se conocen desde los últimos años de instituto y han venido juntas a visitar Andalucía. Ahora planean ir a Ronda.

Constitución Square. 10.00 pm. Por los alrededores aún hay botellas de Cartojal vaciándose en gaznates incansables y, aunque ya debería ir reinando el silencio y la tranquilidad, un transeúnte tambaleante se afana por evitarlo entonando una serenata muy millenial que echa en cara algo así como que «tú me dejaste caer pero ella me levantó». Pura historia de España.

De esta guisa, van llegando desde sendas calles Granada y Cisneros las integrantes de una improvisada expedición feriante que se conoce desde hace escasas horas, compuesta, ni más ni menos, por tres canadienses de entre 27 y 32 años, dos de Ottawa, Julia y Sage, y una francófona de Montreal, Julie, junto a una servidora, con más pinta de extranjera que sus acompañantes.

Calle Larios abajo empiezan a salir los adjetivos que escoltarán al grupo durante toda la noche: typical, famous, traditional [típico, famoso, tradicional] en un afán por introducir a las extranjeras en el ambiente. Cosa difícil.
Llega la F de Feria a la Alameda recién puesta y tomamos rumbo al Real Cortijo de Torres. Durante el trayecto, la estampa es la siguiente: mientras la conversación se centra en el precio del aquiler en España y Canadá, el gentío que copa cada milímetro cuadrado del autobús se marca un Pepe Reina a pleno pulmón: ¡Camarero, una de mero! Y claro, en vano la única española de la reunión trata de traducir en directo resultando ser un desastre muy confuso. Por fin se abren las puertas y Sage exclama el primer «Oh, my God». La portada de la Aduana impacta al personal y da para una ronda de selfies, fotografías y vídeos.

Next stop: momento intrínsecamente malagueño. Julie ralentiza el paso y observa cómo un grupo de niños lanzan monedas de 20 céntimos a un puñado de cajas de turrón, chocolate, algodón de azúcar... y se anima. De manera que rebusca en su cartera, arma el brazo y lanza. No hay suerte. «Would you like another try?» [«¿Quieres probar de nuevo?»] Lo valora unos instantes y desiste, no ve posibilidades y, además, va apremiando el hambre.

Aterrizando en los «cacharritos», the Feria's attractions, la expedición comienza a vagar lentamente, totalmente expectante y con los ojos brillantes. «It´s shocking!» [«¡Es impactante!»], comenta una de las canadienses. Y así, inmersas en una nube de luces y música pasada de decibelios comienza la búsqueda de la cena. La única oriunda de Málaga busca instintivamente el letrero de Hamburguesería Uranga aunque el resto tiene la vista puesta en el puesto de pizzas y perritos. Cada mochuelo a su olivo, desde luego.

La noria, ¡Jesús!
Con el estómago lleno, se acepta la propuesta de going for a ride o más bien, montarse en algún carricoche. Y así, Julia tiene la genial idea de subir al grupo en la noria. Sage y Julie están tomándose un mojito y hasta el momento no parece mala idea.

Una vez arriba y a velocidad de centrifugadora, las cuatro integrantes de una cabina con demasiado bamboleo nos encomendamos a Dios de mil formas diferentes y en dos idiomas. Pero oye, las vistas ni tan mal.

Cuando acaba el suplicio, besar el suelo está entre las opciones más votadas. Sin embargo, la cosa deriva en el botellón (pronunciado sin tilde en este escuadrón) con una botella grande de Cartojal bajo el brazo. A medida que van sucediéndose los vasitos del vino de Fuente de Piedra y vamos a por el segundo recipiente, la charla pasa del coste de una matrícula universitaria en Ottawa o Montreal al bien parecido de los señores presidentes, Justin Trudeau, Pedro Sánchez y viceversa. Llegadas a este punto, la española y redactora de esta líneas va diciendo «excuse me» y «thank you» por la Feria y Sage suelta los «gracias» en su lugar. Y así, solo queda la guinda del pastel para coronar la noche, y no será la mazorca de maíz sino los minidonuts, la única forma posible de explicar a las foráneas qué son los buñuelos, los cuales deciden aderezar con Kinder Bueno. Menos achispadas, iniciamos el último paseo.

04.00 am. Julie, Julia y Sage toman un taxi hacia el centro y entonces caigo en una cuestión: en toda la noche no he conseguido encontrar una traducción para las casetas que les haga justicia. ¿Club? ¿Stand? Se aceptan sugerencias.

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